Jerez

Aquellas verbenas de barrios

  • El autor de este trabajo, Juan de la Plata, con el dibujante Maro y el poeta Manuel Ríos Ruiz, proclamados 'los tres periodistas más jóvenes de Jerez', en una Verbena de la Hispanidad de los años 50, retratados en una clásica imagen verbenera, con la reina de la fiesta, Pepi Fernández (foto cedida por M. Ríos Ruiz).

Conforme uno se va haciendo mayor, se va dando cuenta de que, cada día, son más las cosas que se añoran. Entre ellas, aquellas verbenas de barrios, principalmente la célebre Verbena de la Hispanidad, en la que tantos años colaboré y una, que hicimos por estas fechas, con motivo de la festividad de Santiago, Patrón de España, cuando todavía se festejaba como tal, en el barrio del mismo nombre que, por diversas circunstancias, será para quien esto escribe totalmente inolvidable, porque me tocó organizar una fiesta flamenca en la plazoleta de Mirabal, donde vivían mis grandes amigos el periodista Manolo Sambruno y el torero-poeta Pepìllo.

La plaza, como el resto del barrio, desde la Victoria hasta la Merced, estaba exornada con toda clase de banderolas, cadenetas y farolillos de colores, montándose un tablao en el rincón de la derecha, conforme se entra por el callejón de Frías, donde llevé a cantar por primera vez en público a la que luego sería destacada cantaora sanluqueña, María Vargas, y donde también llevé a actuar, por primera vez en su vida, a una chiquilla, muy morena y flacucha, que, andando el tiempo, sería Juanita la del Pipa, hija de Tía Juana la del Pipa y del graciosísimo y original bailaor Bizco Buzo. Grupo familiar que hizo las delicias del público con el arte y la gracia que les rebosaba por todos sus poros.

Ellos y María Vargas triunfarían por todo lo alto, en aquella fiesta bajo las estrellas celebrada en la plaza más recoleta y tranquila del barrio de Santiago, completamente atestada de público. Otros artistas que no recuerdo, porque han pasado más de cincuenta años, actuarían en la misma fiesta. Siendo esta la primera vez que se hacía algo de flamenco, en una plaza publica de Jerez. Otra vez, con artistas de más talla, como Antonio Mairena, Juan Talega, el hijo de Manuel Torre, Tío Parrilla y sus hijos Juan, Manuel y Ana -ésta, muy niña aún, haría su debut como bailaora -, fue la que organicé en la plaza de los Cordobeses, a espaldas del antiguo palacio de Riquelme, en el viejo Mercado.

Pero la verbena más importante de todas las que se hacían en Jerez fue siempre la Verbena de la Hispanidad, organizada anualmente, alrededor de las fiestas patronales, cuando incluso se sacaba en procesión a San Dionisio Areopagita, por lo que esta verbena tendría su primera ubicación, en los aledaños del templo del patrón. Después se instalaría en otros lugares, hasta encontrar su más perfecto asentamiento en la Barriada de la Plata, desde Santa Ana a Santa Fe, con toda clase de chiringuitos y atracciones. Como vecino del barrio recuerdo que colaboré algunos años con la grata tarea de buscar una reina y sus damas, siendo los principales miembros de la comisión organizadora el veterano funcionario municipal Pepe Abrio; el jefe del mercado de la Plata, Hermenegildo Sabido Flores; un vecino de la calle Lealas, llamado Manolo Nieto, muy relacionado con el Jerez Deportivo; el panadero Miguel Pérez, el popular almacenero Joselón y el inolvidable Nicolás Sosa, el de La Bodeguilla; además de Cristóbal Curtido, vecino de La Plata que colaboraba como dibujante, haciendo los diplomas para los distintos premios que se entregaban en las competiciones.

Por cierto que al poeta Manolo Ríos Ruiz, al dibujante Manuel Rodríguez "Maro" y a un servidor nos entregaron un año sendos diplomas, por ser los tres periodistas más jóvenes de Jerez; y tan contentos y felices que nos fuimos con ellos ha retratarnos, junto con la reina de la fiesta, la simpática y bellísima Pepi Fernández; montados en un avión de pega, de esos que aparecían pintados sobre un lienzo, tras el cual asomábamos sonrientes nuestras veras efigies.

La Verbena de la Hispanidad, como otras que se celebraban en otros barrios, entre las que destacaba una muy buena que hacían en El Chicle, eran todas fiestas sencillas, sin grandes espectáculos, pero muy bien acogidas por el público, que disfrutaba de ellas, desde la mañana, hasta bien entrada la noche. A medio día tenían lugar las carreras de sacos y las de cintas, en bicicletas, entre otras diversiones para la chiquillería, que también gozaba de las cunitas, los caballitos de la reina, la noria, etc.; y ya en las horas de la noche no faltaban nunca las fiestas flamencas, los bailes agarraos y otras atracciones para los mayores; hasta combates de boxeo, que recuerdo se llegaron a celebrar algunos años, en la plaza de la Constitución de La Plata, con participación de boxeadores locales y de otros puntos de la provincia.

¿Volverán alguna vez las populares verbenas a nuestros barrios?

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