Jerez

Los viñistas advierten a las bodegas: "o pagan ya por la calidad o no habrá uva"

  • Asevi critica la falta de apoyo y de reacción en el sector ante la situación desesperada de la viña independiente por su nula rentabilidad

"Nos estamos quedando sin viñas. La viña no tiene rentabilidad, hay cero inversión y la maquinaria y las cepas están viejas". Francisco Guerrero, presidente de los viñistas independientes de Asevi-Asaja expresa en estas palabras la desesperación del colectivo al que representa ante su situación actual por el bajo precio de la uva. "Las bodegas tienen que darse cuenta ya, porque los viñistas independientes están en peligro de extinción. Somos los que siempre hemos cuidado la viña en el Marco y como tarden se van a quedar sin uva, porque cada vez hay más demanda de materia prima para otros usos como los 'Sherry Cask', en pleno auge", advierte.

Los viñistas se quejan amargamente de la costumbre arraigada en el Marco de pagar la palomino de Jerez por kilos en lugar de por su calidad, situación que las bodegas se resisten a cambiar pese al resurgir de los vinos de Jerez en los últimos tiempos, estrechamente vinculado a la diferenciación de los pagos como máximo exponente de calidad.

"Las bodegas tienen que darse cuenta ya; la viña independiente está en peligro de extinción"

"Hasta ahora toda la uva se mezclaba sin importar el pago de origen, el terruño, pero algunas bodegas están impulsando ya esta diferenciación por pagos, aunque son reacias a pagar más por la uva, la única que permite clasificación por zonas ya que las cooperativas elaboran sus mostos mezclando toda la uva que entra en sus lagares, con independencia del pago o del tipo de tierra en la que nacen", señala Guerrero, quien lamenta la falta de apoyo hasta la fecha a la labor de los independientes.

Asevi reclama al Consejo Regulador que se defina la calidad de la uva del Marco, que se clasifique pero no en función de los grados, algo que se hace en otras regiones vitícolas españolas "pero que no funcionaría aquí", donde entiende que hay otros parámetros como la tierra y el clima, objeto de diversos estudios, que pueden servir de orientación.

Hasta ahora, los intentos de los viñistas independientes por buscar la complicidad de las bodegas han caído en saco roto. "Le planteamos a Fedejerez la necesidad de dar rentabilidad a la viña, a la que se han incorporado, por ejemplo, nuevas técnicas de cultivo que permiten un aumento de graduación alcohólica, en el caso de Balbaina, pago históricamente caracterizado por su bajo grado, desde los 11 a los 13 grados baumé actuales, lo que supone un ahorro para las bodegas en alcohol que, sin embargo, no repercute a los viticultores", indica Guerrero, quien recuerda que desde que la Comisión Nacional de la Competencia se metió en el tema de los precios en el Marco, imponiendo fuertes sanciones económicas a numerosas bodegas, "los viñistas se han visto obligados a negociar individualmente, algo en lo que tienen todas las de perder porque las bodegas aprietan y la uva es un producto perecedero".

"Estamos muy preocupados; las viñas están cada vez en peores condiciones, se hace lo mínimo posible en ellas para abaratar costes y eso influye en vida útil de la viña, que también sufre por la mecanización de la vendimia", se queja el presidente de Asevi, quien asegura la vida útil de la viña se ha reducido a la mitad, desde los 50 o 60 años de antes a los 25 o 30 años de ahora, lo que estrecha los márgenes para el viticultor.

El pesimismo crece por los abandonos y la posible fuga de viñistas independientes, que se plantean la posibilidad de incorporarse a las cooperativas o unirse para elaborar sus propios mostos y así poder plantar cara a las bodegas, señala Guerrero, quien recuerda que en manos de estos viñistas apenas quedan ya 2.500 de las poco más de 6.500 hectáreas en producción del Marco.

La recuperación de tradiciones antiguas del Marco, como la elaboración de vinos sin fortificar o con uva sobremadura siembra algo de esperanza en el sector, pues se trata de vinos más caros que confían en que se traduzca en mayor precio de la uva. Pero el tiempo corre en contra de los intereses de los viñistas, que al echar la vista atrás afirman, en voz de su presidente, "que boom de los años 70 y 80 hizo mucho daño, como también lo hicieron los enólogos que promulgaban que el vino se hacía en la bodega sin importar la viña de procedencia". Y aunque "hoy día eso no es así, pues se mira más al terruño", en la práctica los viñistas siguen sin verle color a la recuperación del jerez y de su prestigio de antaño.

De hecho, Guerrero alude al caso cada vez más extendido de viñistas del Marco que han sembrado variedades tintas como la Tintilla de Rota para vinos de la Tierra de Cádiz y que "nos las quitan de las manos". La paradoja es que estas uvas se pagan mejor que la palomino del jerez, que según Asevi, en las últimas dos décadas ha perdido un 40% de su precio.

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