Jerez Industrial

Adiós a una temporada aciaga

  • El equipo jerezano, tras sumar tres derrotas consecutivas, desea acabar la Liga con buen sabor de boca y dedicarle un triunfo a la afición · Muchos futbolistas jugarán hoy su último partido de blanquiazules

Esta tarde acaba por fin para el Jerez Industrial una temporada aciaga tanto en lo deportivo, con el resultado del descenso a Tercera División, como en el plano institucional. Causa y efecto del rendimiento de los jugadores sobre el terreno de juego -que también tienen mucha parte de culpa en todo lo ocurrido durante la temporada- ha sido la horripilante gestión del anterior presidente, derrocado en las urnas por unos socios que se cansaron de las mentiras -luego llegarían otras- de Ricardo García.

El esperanzador inicio del equipo tapó problemas que no tardaron en aflorar. La primera crisis de resultados le costó el puesto al entrenador y éste, que ya llevaba aguantado lo suyo, saltó en una explosiva rueda de prensa declarando la incapacidad económica del presidente sevillano. A partir de ahí nada fue igual. Ricardo y Chicha tomaron el mando del vestuario y los jugadores tuvieron que aguantar durante tres interminables jornadas las órdenes de aquél que no había pagado un euro en tres meses. Llegó Tevenet pero los resultados no mejoraron y sólo en la última jornada del año se logró el triunfo ante el Sevilla Atlético. En esas mismas fechas, Ricardo García, tras varias amenazas de huelga de la plantilla, ya se había comprometido a dimitir para dejar paso a una junta gestora que iba a encabezar el propio Garrido. Finalmente se comprobó que sólo fue una argucia para ganar tiempo, no dimitió y los socios pudieron echarle en una moción de censura que llegó demasiado tarde. Tan tarde que el (fantasma) grupo inglés sólo pudo colocar a ocho jugadores de la Academia de Glenn Hoddle el último día de plazo y condicionando su entrada a que el club salvara la categoría y la deuda no fuera mayor de 300.000 euros. Ni lo uno ni lo otro. Ricardo, en su última jugada, colocó a Keko Rosano como director deportivo con un sueldo desorbitado y firmó pagarés el mismo día de la moción de censura, lo que a la postre ha significado atar financieramente al club, sobre el que pesa varios embargos. A la junta gestora le impusieron la vuelta de Nico Sosa al banquillo y cuando por fin la plantilla pudo centrarse en lo deportivo ya era tarde. Una mínima reacción colocó al equipo a cuatro puntos de la salvación con ocho jornadas por delante pero las derrotas consecutivas ante Granada, Poli Ejido y Roquetas acabaron con el sueño de la permanencia. A partir de ahora, al club le queda el partido más difícil de sus últimos años, que no es otro que intentar levantar los embargos y convencer a los jugadores de que no presenten sus denuncias. De lo contrario, el futuro del club estará en Primera Andaluza o, aún peor, ni siquiera habrá futuro. La asamblea del próximo día 14 servirá para convocar las elecciones y ahí se verá si hay alguien que quiera dar el paso al frente. Lo dicho, hoy acaba el mal sueño pero la pesadilla puede continuar.

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