Un europeísta derrota a la ultraderecha en Austria

Van der Bellen vence a Hofer en la repetición de las presidenciales ante el temor de la idea de un referéndum sobre la permanencia en la UE

Alexander van der Bellen saluda tras conocer su victoria.
Alexander van der Bellen saluda tras conocer su victoria. / Christian Bruna / Efe
A. S. Solís · L. Lidón (Efe)

05 de diciembre 2016 - 02:35

Viena/La victoria del ecologista Alexander van der Bellen en las elecciones presidenciales de ayer en Austria ha interrumpido la ola de recientes éxitos del populismo de derechas en el mundo occidental, aunque ha logrado el mejor resultado de su historia en la república alpina.

Van der Bellen, un profesor universitario de 72 años, progresista e intelectual y que conecta mal con una gran parte de la población, ha logrado mejorar con mucho sus resultados del pasado mayo, cuando ganó por la mínima unos comicios que fueron impugnados por su rival Norbert Hofer y su partido, el eurocrítico y xenófobo FPÖ.

Si entonces Van der Bellen ganó con apenas 0,6 puntos de ventaja y 31.000 papeletas (en un país con 6,4 millones de votantes), en esta repetición su margen de victoria, a la espera de que hoy se den los datos definitivos incluyendo el voto por correo, rondará los siete puntos porcentuales. Detrás el 53,3% de votos logrado por Van der Bellen está principalmente el temor de muchos austríacos a un Hofer que durante la campaña jugó ambiguamente con la idea de un referéndum sobre la permanencia de Austria en la Unión Europea (UE).

"Quiero acercarme de forma activa a los electores del FPÖ, que tienen miedos genuinos, que deben ser tomados en serio", afirmó Van der Bellen en declaraciones a la televisión pública austríaca ORF. El veterano político es consciente de que la sociedad austríaca se ha polarizado extremadamente durante esta campaña de casi un año, con mensajes especialmente duros por parte del FPÖ, y mucha violencia verbal en las redes sociales.

El FPÖ ha acusado a Van der Bellen de haber espiado para la Unión Soviética y a su padre, un ruso de origen holandés que se refugió en Austria huyendo de la revolución bolchevique de 1917, de haber tenido simpatías nazis.

La llegada de refugiados de Oriente Próximo a Austria, unos 90.000 en 2015 y ya casi 40.000 este año, también ha sido usado por Hofer para alimentar el miedo al terrorismo y la potencial islamización de la sociedad.

Van der Bellen, por su parte, no ha dudado en azuzar el temor a una salida de la UE si Hofer entraba en el Hofburg, la sede de la presidencia austríaca. "Es una victoria importante, no sólo para Austria sino para toda Europa. Es la primera vez en 2016, un año en el que hemos tenido el Brexit, la victoria de Trump en Estados Unidos, es la primer vez que viven una derrota que no esperaban", declaró Ulrike Lunacek, eurodiputada verde y vicepresidenta del Parlamento Europeo.

Lo cierto es que la elección del jefe del Estado de Austria, un cargo protocolario en un pequeño país de la UE, llevaba semanas siendo analizada como el nuevo campo de batalla del nacionalismo, tras los éxitos del Brexit y del republicano Donald Trump en EEUU. Casi mil profesionales de la comunicación de todo el mundo han estado acreditados para cubrir unos comicios que, en circunstancias normales, apenas despiertan interés fuera de Austria.

Un ecologista que no encaja en el estereotipo 'verde'

Economista e intelectual de 72 años, además de antiguo líder de Los Verdes, el vencedor de las elecciones en Austria es un político que no encaja en los estereotipos del ecologista clásico. Hijo de una estonia y de un ruso de origen holandés que escaparon de la revolución bolchevique en 1917 para radicarse en el Tirol austriaco, Van der Bellen nació el 18 de enero de 1944 y vivió allí hasta los 33 años, antes de trasladarse a Viena, donde hizo carrera en el mundo académico y luego como político. Siempre ha sido muy valorado por su honestidad. Padre de dos hijos y casado desde este año en segundas nupcias, nunca se le ha visto en bicicleta, en el pasado declaró su amor por los coches potentes y hoy sigue siendo un fumador empedernido.

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