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Provincia de Cádiz

Cientos de personas descubren la otra cara del Castillo de Vejer

  • También se abrió al público una antigua casa donde se muestra cómo era la vida hace 50 años

Hasta que no se visitan las nuevas dependencias del Castillo de Vejer, abiertas al público ayer, no se descubre el privilegio que tenía la antigua fortificación encaramada en lo más alto del casco histório de esta localidad jandeña. El de ayer fue un día frío, con viento del norte, no había brumas y la visual era impresionante desde lo alto de las murallas de la fortaleza; incluso se podían ver a lo lejos las montañas del continente africano y los grandes mercantes que cruzaban en uno y otro sentido el Estrecho de Gibraltar.

En el ala izquierda hay varias y amplias habitaciones de techos altos. El salón principal da a un pasillo desde donde se divisa tanto el Estrecho como los terrenos ahora secos de la antigua laguna de la Janda. Ese pasillo da al patio de armas, que hace varias décadas fue el recreo para los alumnos que ya han cumplido medio siglo y que ayer recordaban, entre antiguos comjpañeros, donde estaban las aulas en las que estudiaron de primero a cuarto cursos de la Educación General Básica (EGB).

En el patio de entrada, repleto de público autóctono y foráneo, un grupo de alumnas de la escuela de baile interpretaron una pieza de chacarrá vestido con el traje de cobijada. También mucha expectación despertó una de las dependencias de la parte baja del castillo, donde parecía que el tiempo se había detenido en las décadas de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado, un salón donde no faltaba detalle de la vida en esa época: máquina de coser impulsada con los pies, la loza muy ordenada en el platero de madera y, en un rincón, un fogón de leña donde no faltaban las ollas, cazos y sartenes.

También los visitantes pudieron descubrir un antiguo dormitorio, con una cuna y un baúl, además de un armario con las ropas de entonces. Muchas de las personas mayores que recorrieron estas dependencias explicaban a sus hijos los utensilios mostrados, ahora ya inexistentes, y que hace medio siglo eran imprescindibles en cualquier casa.

Se trata de una recuperación de la historia local que se suma al Museo Municipal de Tradiciones y Costumbres instalado en el antiguo convento de las Monjas Concepcionistas. Atractivos éstos que se unieron a la visita a la azotea de la casa palacio del Marqués de Tamarón, desde donde las vistas de gran parte de la comarca de la Janda eran impresionantes: pueden divisarse poblaciones vecinas como Alcalá de los Gazules y Medina Sidonia, que hoy continuará también con sus jornadas de puertas abiertas.

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