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Exposición en la confederación de empresarios Proyecto Protect de investigación y denuncia de extranjeros

Inocencias violadas con gran angular

  • Hasta el próximo día 22 puede verse en la sede de la CEC 'Había una vez un niño', una muestra de 47 fotografías de Juan Díaz sobre el proyecto de Global Humanitaria contra la pederastia infantil en Camboya

Estaba acostumbrado a trabajar con la pobreza extrema, pero no a ver sus más terribles consecuencias, a madres vendiendo la inocencia de sus hijos por cinco dólares. Porque esta mísera cantidad es lo que paga en Camboya un extranjero para que un niño le haga una felación. Por un dólar más, tiene 'derecho' a la penetración. Y con seis dólares, una familia puede comer toda una semana.

Juan Díaz, fotógrafo que trabaja en el Departamento de Comunicación de Global Humanitaria, estuvo en 2007 durante dos meses en Camboya tomando parte activa en el proyecto Protect, de investigación y denuncia de la pedarastia infantil por parte de extranjeros en el castigado país del sudeste asiático. Dos meses intensos que le marcaron. Entonces no tenía hijos. Ahora, tiene un bebé de ocho meses . Pero este barcelonés con fuertes raíces andaluzas (su familia es de Granada y Almería) aprendió durante su intensa estancia en Camboya, por increíble que parezca, a comprender.

A entender por qué las familias de los cerca de 20.000 niños que trabajan de forma permanente en las calles de la capital camboyana, Phnom Penh, para conseguir dinero para sus hogares, se convierten en cómplices de los abusadores. Le ayudó sobre todo a no juzgar la frase lapidaria de Christian Guth, policía miembro de Unicef y encargado de la puesta en marcha de la Unidad Antitráfico de Personas y Protección Juvenil en Camboya: "Cuando una familia es muy pobre y no tiene dinero para conseguir comida, no se le puede hablar de moral o filosofía". Desde entonces, él lo dice también: "Cuando te pones en su contexto, se puede explicar".

Por eso decidió embarcarse a fondo, dejarse la piel para conseguir denunciar a los pederastas y sacar a esos niños de la calle, para meterlos en los hogares de acogida que Global Humanitaria mantiene abiertos en el país. Para que puedan tener al menos la oportunidad de llevar una vida digna. "Y por fortuna, muchos lo han conseguido con nuestros hogares", apunta el fotógrafo.

Cámara en ristre, Juan Díaz se unió al equipo de investigadores de proyecto Protect de la ONG que sigue durante las 24 horas del día a pederastas provenientes de un sin fin de países que, simulando ser turistas normales, viajan a Camboya para explotar sexualmente a los niños. Un equipo que trabaja en colaboración con la Policía camboyana y con el FBI, la Interpol y las autoridades de los países de los abusadores.

Hubiera sido más sencillo hacerlo con un teleobjetivo, captando a distancia a cualquier hora del día a cualquier extranjero que paseara por la calle de la mano de un pequeño camboyano, una imagen tristemente muy habitual en el pobre país. Pero eso no hubiera reflejado el auténtico alcance de la grave problemática, no hubiera retratado el entorno, la miseria y la total falta de educación que son el caldo de cultivo del que beben los pederastas.

Por eso tiró de gran angular, su objetivo preferido, "el que te permite meterte en lo que está sucediendo". Con su gran angular deambuló por calles y hostales de la capital camboyana durante dos meses "haciendo de detective". "A un metro escaso del estadounidense que se llevaba a un niño a una habitación". En los Tribunales, al lado del banquillo en el que un suizo y dos alemanes fueron juzgados y condenados durante el tiempo que tomó parte en el proyecto.

Fueron muchas las inocencias arrebatadas y violadas que pudo captar en esos dos meses de 2007 con su gran angular en las calles camboyanas. Un significativo extracto de ello es la muestra 'Había una vez un niño', las 47 fotografías suyas que se exponen, en la sede de la Confederación de Empresarios de Cádiz (Edificio Ma'arifa, en el número 37 de la avenida gaditana de Marconi).

Las instantáneas son impactantes por la crudeza y el descaro con que los pederastas se pasean a las claras del día con su víctima al tiempo que ponen de relieve el incansable trabajo que realizan los 40 investigadores del Proyecto Protect Camboya: los seguimientos, la recopilación de pruebas contra los abusadores, la defensa legal de las víctimas y el apoyo social y psicológico que aportan los hogares de acogida para estos niños abusados.

La muestra se acompaña de un documental en el que se da cuenta de los casos de pederastas extranjeros juzgados y condenados, que acreditan que la impunidad de sus actividades se está acabando, al mismo tiempo que la sociedad camboyana, su policía y su justicia están reaccionando.

Desde que en 2003 arrancó este proyecto, cuenta Juan Díaz a este diario, "se han logrado 274 detenciones de pederastas que habrían abusado de alrededor de 300 víctimas". Una se alegra al escuchar que ninguno es español: el mayor número de pederastas (cuyo perfil medio es el de hombres de unos 50 años, solitarios), en torno al medio centenar, eran de Estados Unidos. Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido, Japón y Bélgica son otros de los países de procedencia.

De todos ellos, sólo han sido condenados una tercera parte. Y es que, lamenta el fotógrafo, "a veces no es fácil conseguir las pruebas y otras veces los jueces han sido remisos a la condena".

Por eso la ONG sigue ahí, día a día, haciendo cada vez más presión para que Camboya tome cada vez mayor conciencia "de que deben ir implementando leyes" para acabar con las violaciones y los abusos.

Para que también los pederastas, "gente que, te sorprenderías, es normal y corriente", sepan que ya no pueden seguir comprando inocencias con un simple teléfono móvil.

La muestra puede verse hasta el próximo día 22 de este mes, en el edificio de los empresarios, en horario ininterrumpido, desde las 9 a las 20 horas.

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