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Tribuna Libre

Querido Luis

Luis Suárez Ávila.

Luis Suárez Ávila.

Cuando la vida te da un zarpazo me gusta apartarme del bullicio un tiempo para recomponerme. Tengo que reconocer que la desaparición de Luis de este infernal mundo terrenal de los vivos me ha dejado tocado y producido un vacío que no se si se podrá volver a ocupar.

A parte de su lado público, ya ampliamente reconocido y que comparto, me interesa el Luis en corto, el íntimo, el de las tertulias, el de verdad. Usando un símil taurino, al que tan aficionado era, el del toreo al natural, erguido, quieto y de cerca. Se dice que no hay nadie imprescindible, pero creo que hay personas necesarias y Luis era de los necesarios. Era un hombre sabio, humanista, polifacético, liberal y estas cualidades, que desgraciadamente tanto escasean hoy, te llevan a la tolerancia. Luis era un hombre tolerante. Lo mismo hablaba con un comunista que con un falangista, con un cura que con un ateo. ¡Sí hablaba hasta conmigo cuando medio en broma medio en serio le cuestionaba que nuestra Patrona debería de ser Nuestra Señora de Sidueña y no la Virgen de los Milagros!

En unos momentos en lo que impera la discrepancia, se ondean banderas de desigualdad y se intenta imponer la confrontación, encontrar una silla para compartir con Luis una conversación se convertía en un pequeño espacio de paz y libertad, aunque mis conversaciones con él eran más bien monólogos porque prefería estar en silencio y disfrutar de su erudición.

Hace unos veinticinco años empecé a frecuentar su casa/despacho en la calle San Juan. Estaba entonces, y aún lo estoy, interesado en que esta ciudad le haga el reconocimiento público, científico y social, no solo institucional que ya lo tiene, que se merece Juan Gavala y Laborde, y Luis era una persona muy cercana a su familia y me ayudó muchísimo, incluso me facilitó una reunión con sus familiares descendientes de su primera esposa Ana Ruíz Golluri.

Tenía una inteligente, sutil, irónica y certera pluma para todo. No se si era mejor que te dieran un tiro en el pecho o ser diana de una de sus columnas en “El Candié” si tenía que hacerte una crítica. En agosto de 2004 tuvimos un encontronazo literario en el Diario de Cádiz a cuenta de una columna que tituló “Niñas al Salón” en la que, con su especial estilo, puso a caer de un burro a las ministras de Zapatero, con María Teresa Fernández de la Vega a la cabeza, por un polémico posado que hicieron para la famosa revista de moda VOGUE.

No salieron a responderle ni los dirigentes locales del directamente aludido PSOE, ni las del mundo, actualmente tan activo, del feminismo. Allá que me metí a donde no me llaman y en un charco que no debía, a contestarle con un también ácido artículo llamado “Querido Luis”. Sabía a lo que me exponía pero cerré los ojos, “que Dios reparta suerte” y lo envié.

A los pocos días sin la réplica esperada nos encontramos en la Puerta Principal de la Plaza de Toros junto al olmo ya desaparecido donde esperaba la hora taurina para entrar a la última corrida de agosto. Me acerqué y le pregunté el porqué de su silencio. Tranquilamente le dio una profunda calada al cigarrillo que siempre tenía en su mano, esperó a expulsar el humo y con una mirada perdonándome la vida, me contestó…”te aprecio demasiado para machacarte”. Así era Luis.

Podría detenerme en contar muchas más historias que ha compartido conmigo y con otras personas y no parar, como la carta que José Luis Nimo le pidió que le escribiera al entonces alcalde de Jerez, Pedro Pacheco, en protesta porque la Policía Municipal no le dejo entrar en la Feria de Jerez con un coche tirado por un tronco de seis mulas, argumentándole que en esa feria nada más que entraban caballos y no mulas. Luis también era un gran conocedor del mundo ecuestre. O su intermediación con el arzobispo de Jerez cuando la congregación de monjes cartujos abandonó el convento de La Cartuja, para que éstos fueran sustituidos por la congregación francesa de monjas de clausura de las Hermanas de Belén.

Erudito, polifacético, humanista, liberal, tolerante, conversador, escritor, religioso, taurino, ecuestre, divertido. Te echáremos de menos. Hasta siempre “Querido Luis”.

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