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Provincia de Cádiz

Valdevaqueros: construir o mantener

  • La modificación del Plan Parcial, parado desde los años 90, va camino de convertirse en un nuevo cisma en Tarifa donde las posiciones de trabajadores, usuarios de la playa y vecinos en general, está dividida

Envueltos en la tranquilidad que deja el incesante y ruidoso girar de las palas de los molinos de viento que coronan la sierra de Fates, se abre una extensa colina que muere en una virginal playa de arenas blancas, rematada por una gran duna y bañada por un intenso azul, génesis del océano Atlántico. Ahí, donde comienza o termina la zona denominada Los molinos de Juan Francisco se encuentran más de 700.000 metros cuadrados de tierra: es el SL1 Valdevaqueros, la prosperidad para algunos, la condena para otros.

Se trata de una zona de Tarifa en mitad de la campiña enclavada entre los parques naturales de Los Alcornocales y El Estrecho. Un vergel que al hilo de lo adoptado en el seno del último pleno ordinario de la Corporación municipal tiene vía libre para que en más de 84.000 metros cuadrados surjan nuevas casas y un número indeterminado de hoteles que asuman las 1.400 camas previstas.

PP, PA y PSOE, en la voz de sus representantes regionales, provinciales y locales han alabado el proyecto. Lo han defendido e incluso lo señalan como la panacea al alto índice de desempleo local que roza peligrosamente los 3.000 desempleados. Subrayan que se creará empleo y convertirá al lugar y por extensión, a todo el término, en una fuente de prosperidad y progreso.

Frente a estos buenos augurios, otras voces han surgido ahora a pesar de que el desarrollo urbanístico se persigue desde los denostados planes de los 90. Los grupos ecologistas, plataformas ciudadanas y la coalición de Izquierda Unida han rechazado el proyecto argumentando que se trata de "un modelo caduco, anacrónico y de contrastada ineficacia en el desarrollo socioeconómico de los territorios". Dudan de la creación de puestos de trabajos y apuntan a que la sostenibilidad es saber aprovechar los recursos existentes y no crear más.

Ha vuelto a estallar en Tarifa la división en torno a Valdevaqueros. ¿Otro Cable? El tiempo lo dirá, pero desde hace días en Tarifa no se habla de otra cosa e incluso el debate alrededor del nombramiento como alcaldesa perpetua de la Virgen de la Luz ha quedado en un plano muy alejado. Valdevaqueros sí, Valdevaqueros no. Tras recorrer los aproximados 11 kilómetros que separan el núcleo urbano del lugar, donde se concentran 13 establecimientos hostelero y cinco campings, llegamos hasta Los molinos de Juan Francisco. Allí los hermanos Pedro y José Núñez atienden a las obligaciones de mantenimiento de sus rehabilitadas viviendas de campo. José reside permanentemente en el lugar, Pedro intenta pasar el máximo tiempo posible. "Yo no creo que construir hoteles y nuevas viviendas sea la solución. Yo vengo de Valencia y eso no ha funcionado ni allí, ni en ningún lado. Quizás durante los meses de verano se pueda hacer negocio, pero ¿y después?", señala Pedro convencido de la necesidad de acometer otras inversiones en el campo de la investigación y la creación de industrias "que eso sí generaría puestos de trabajo fijos". Su hermano José mira hacia abajo. "No lo veo claro. Si se hace lo que quieren, aunque no sean muchas edificaciones, esto dejará de ser lo que es", asiente con un pozo de nostalgia en la mirada.

Más abajo se abre un núcleo de apartamentos en alquiler, 4 Molinos regentado por Ulrich Depmer, un dentista con casi 20 años de tarifeñismo en las espaldas y que entre la clínica y otros negocios mantiene una veintena de puestos de trabajo que recaen directamente en los tarifeños. "Lo que se quiere hacer no es hacer un turismo sostenible. Es repetir los mismos fallos que se cometen desde hace 20 años en toda la costa. Decididamente no es una visión de futuro", asiente con una mueca de preocupación en su rostro bonachón y subraya que es necesario proteger el entorno. Critica que se vayan a expropiar terrenos y cuestiona la creación de puestos de trabajo. "Te hago una apuesta -dice-, que cuando se haga, si se hace, no hay ninguna empresa de Tarifa trabajando".

Más abajo otro vecino encoge sus hombros cuando le preguntamos si será beneficioso o perjudicial el proyecto. "Cambiar, la cosa cambiará y que sea beneficioso o no el tiempo lo dirá", señala Manuel mientras apunta con su brazo a la explanada tras la que se abren los terrenos. Ya en Casa de Porros, en el otro lado de la carretera, Andrés España reconoce que lleva esperando este proyecto 50 años. "Llevan diciendo que van a hacer algo y todavía no han hecho nada. Yo no creo que haya nada de malo en construir. Lo malo es destruir, pero no construir" dice mientras lanza un tirito a los ecologistas a los que acusa de paralizarlo todo. "No se puede ni cortar una rama en el jardín de tu casa". Al lado, Alejandro San Martín regenta una pizzería y sentencia: "Conozco el proyecto, pero no me lo creo. Que si baja edificabilidad, que si sostenible. Pero lo que ocurre es que no hay ni un duro", apunta y se muestra a favor de un desarrollo controlado aunque pone mil dudas.

Ya en la playa, Gorka es un joven que acude cada año y cada vez que puede a Tarifa a practicar el Kite. "Me echo a temblar y no de frío cuando miro hacia esa colina y me la imagino llena de casas y hoteles. Tarifa no es eso".

Así opina buena parte de los ciudadanos nativos o foráneos de un asunto que seguirá dando que hablar en los próximos días, con nuevas concentraciones.

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