Chiclana, 2007: Donde más escuece a los socialistas (primera parte)
Historia de Cádiz-Herzegovina | Capítulo 55
Hace 19 años el PSOE vivía una experiencia traumática al ver cómo cuatro partidos se unían para arrebatarle la ‘intocable’ Alcaldía de Chiclana, aunque la ‘afrenta’ sólo duró 17 meses
La unión entre PP, IU y PA se intuyó la misma noche electoral. El PSA se sumó con posterioridad
Chiclana, un agujero negro en la galaxia del PP
Tiene muchos sinónimos como picor, desazón, comezón, picazón o incluso prurito, pero quizás el término más usado puede que sea escozor. Los científicos dicen que eso se produce cuando las terminaciones nerviosas de la piel se activan debido a inflamaciones, alergias, sequedad o enfermedades subyacentes, liberando sustancias químicas como las histaminas. Y, por lo general, el escozor suele ser una respuesta protectora del cuerpo ante agresiones externas, parásitos, picaduras o cambios en la barrera cutánea.
Esta última definición, en especial eso de “la respuesta protectora ante agresiones externas” seguro que la firmarían todos aquellos socialistas que hace 19 años sintieron un escozor insoportable cuando perdieron una de sus joyas más preciadas en la provincia de Cádiz como era la Alcaldía de Chiclana.
En los años anteriores a ese 2007 el PSOE ya había perdido alcaldías de renombre en la provincia, con la de Cádiz capital como principal emblema pero también las de San Fernando, Rota, Algeciras, etc. Pero Chiclana era especial, era intocable. Desde que llegaron a esa Alcaldía en 1983 los socialistas se habían hecho muy fuertes, con seis victorias electorales consecutivas y, a excepción de un susto en 1995 con aquel inesperado empate con el PP, con una mayoría absoluta tras otra.
Y de esta agrupación chiclanera habían salido además dirigentes que habían tenido o tenían un peso indudable en las estructuras provincial y regional del partido y en instituciones como la Diputación de Cádiz o la Junta de Andalucía. Eran casos como los hermanos Román (Rafael y José María), Sebastián Saucedo, José Luis Blanco, José de Mier, Pedro Quiñones, José Antonio Gómez Periñán, Francisco Vázquez Cañas o Manuel Jiménez Barrios.
Convencidos de que lo peor ya había pasado con aquel susto de las municipales de 1995 y de que el partido se había vuelto a hacer muy fuerte en Chiclana tras obtener 16 de 25 concejales en los comicios locales de 2003, el PSOE se había decidido a ejecutar un relevo en la Alcaldía. Aquello se produjo en junio de 2004, cuando Manuel Jiménez Barrios, un tipo muy querido en Chiclana, dejaba la Alcaldía tras diez años en el cargo para asumir un puesto bastante secundario en el organigrama de la Junta de Andalucía como secretario general para el Deporte. Otro peso pesado del PSOE chiclanero, el biólogo y profesor José María Román, que acumulaba ya muchos años de experiencia política, tomaba el relevo. Cambiar al referente de un partido en una ciudad siempre es un riesgo, pero el PSOE de Chiclana lo había hecho como indica el manual de la política, con un tiempo de margen suficiente (en este caso tres años) antes de las siguientes elecciones, para que la ciudadanía se fuera aclimatando al nuevo líder, a sus nuevas ideas y a su nuevo equipo.
Pero esa balsa de aceite que era Chiclana para el PSOE se convirtió tras las elecciones de 2007 en un fangal de arenas movedizas. El escrutinio quedaba totalmente abierto con 11 concejales para el Partido Socialista de José María Román (que había ganado pero dejándose cinco ediles por el camino), ocho para un PP que estrenaba candidato en la persona del empresario local Ernesto Marín (sí el de las Muñecas Marín de toda la vida), y aparte tres concejales para IU, dos para el PA y uno para el PSA, el nuevo partido creado tras la enésima escisión andalucista orquestada por Pedro Pacheco.
Las cuentas estaban claras: si el PSOE no lograba cerrar un acuerdo con IU o con el PA tendría que gobernar en minoría, salvo que el PP fuera capaz de cerrar un complicado gobierno tripartito con andalucistas e izquierdistas. La única edil del PSA estaba llamada –al menos en ese momento– a desempeñar un papel irrelevante en la nueva Corporación municipal.
Un romántico de izquierdas podría pensar esa noche electoral que la salida tendría que pasar por un pacto entre el PSOE e IU, pero esa era una conclusión a la que llegaría alguien que no conocía la enemistad manifiesta que a esas alturas marcaba las relaciones entre estos dos partidos en Chiclana. Por eso una lectura fría de la situación invitaba a pensar que José María Román estaba llamado a seguir gobernando pero ahora en minoría y a expensas de la oposición... hasta que esa noche electoral pasó lo impensable. El PP festejaba sus buenos resultados en el cuartel general que había montado en el hotel Alborán, hoy llamado Crisol Chiclana, y de manera inesperada llegaba para sumarse a la fiesta José Pedro Butrón, el cabeza de lista de IU, con otros miembros de su candidatura. Hubo abrazos entre militantes de PP e IU, y gritos de “viva la libertad” y “viva la democracia” y Marín y Butrón posaban ante los fotógrafos con sus manos abiertas, mostrándose como abanderados de una limpieza democrática que –entendían los dos– precisaba Chiclana.
La alianza anti PSOE estaba empezando a fraguarse. Para cerrar el tripartito faltaba que se sumara el PA y su alcaldable, un histórico dirigente vecinal llamado Manolo Guerrero que hacía sus pinitos en política, decía rápidamente aquello de “antes de pactar con Román me voy”. Más claro, agua.
Todo parecía decantado salvo que las direcciones provinciales del PA o de IU intentaran frenarlo. Y eso fue precisamente lo que pasó en especial en las filas izquierdistas, donde se temía que si sus ediles en Chiclana quitaban a un alcalde socialista para poner a uno del PP saltara por los aires la opción de formar un gobierno de coalición PSOE-IU en la Diputación de Cádiz. Uno de los pesos pesados de Izquierda Unida en la provincia, Juan Vicente Acuña, llegó a calificar de “fechoría” la probabilidad de que sus concejales auparan a la Alcaldía chiclanera a Ernesto Marín. Pero nada pudo frenar esa “fechoría” o esa “afrenta”, como la llamaron otros dirigentes del PSOE.
El tripartito se presentó en sociedad el día antes de la investidura, los concejales de PP, IU y PA quedaron concentrados esa noche en un hotel de la ciudad para evitar sobresaltos, en el pleno no hubo sorpresas, Ernesto Marín llegó a la Alcaldía y el exterior del Ayuntamiento fue una fiesta que se trasladaría luego al recinto ferial. Y aunque no eran necesarios sus servicios, la concejala del PSA, Ángeles Polanco, terminaría sumándose al gobierno, convirtiéndolo en cuatripartito para visibilizar así la soledad del PSOE en la oposición.
IU arrebataba a los socialistas la Alcaldía de Chiclana pero es que ese mismo día harían lo propio en Olvera y en Algar. Pese a tantas agresiones, PSOE e IU cerrarían poco después un gobierno de coalición en la Diputación que duró cuatro años.
Con Ernesto Marín en la Alcaldía Chiclana empezaba una nueva etapa, aunque duró muy poco, apenas 17 meses. La decisión de IU en Cádiz de expedientar a sus tres concejales chiclaneros no rompió el grupo, pero sí lo hizo la sanción municipal impuesta al novio de una de sus concejalas por supuestas obras irregulares en un garaje. Esa concejala, Nadine Fernández, se iría al Grupo Mixto en verano de 2008 y al PSOE sólo le faltaba ya un voto para poder presentar la moción de censura. El fichaje de la concejala del PSA –cerrado tras negociaciones con Pacheco y tras comprometerse los socialistas chiclaneros a pagar un congreso que el PSA celebró poco después en Chiclana– hizo posible que José María Román regresara a la Alcaldía el sábado 22 de noviembre de 2008. Y el exterior del Ayuntamiento repitió la misma fiesta de 17 meses antes pero con otros protagonistas.
Después, llegaría otro mandato (2011-2015) con Ernesto Marín de nuevo en la Alcaldía y gobernando con el PVRE, el partido de propietarios de viviendas irregulares levantadas en el municipio. Y desde 2015 el poder lo sigue manteniendo José María Román, que lleva siete años gobernando con sus antiguos traidores de IU, hoy reconvertidos en socios fieles.
Aquella moción de censura de 2008 fue el mejor ungüento para aliviar el escozor que los socialistas de Cádiz habían padecido al perder Chiclana. Lo que pocos sabían es que apenas cuatro años después, en 2011, volverían a experimentar esa misma sensación en otro de los santuarios del PSOE.
También te puede interesar