Una 'Marcha Radetzky' libre de máculas nazis

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Andris Nelsons ha dirigido a la Filarmónica de Viena en el tradicional concierto de año nuevo, que en esta ocasión introdujo curiosas novedades

El maestro letón Andris Nelsons, durante el concierto de año nuevo en Viena.
El maestro letón Andris Nelsons, durante el concierto de año nuevo en Viena. / Efe
Antonio Sánchez Solís (Efe)

01 de enero 2020 - 17:50

Viena/Una vez más, y ya van 80, la Filarmónica de Viena ha saludado al Año Nuevo con su tradicional concierto, en el que esta vez los tradicionales valses de los Strauss han hecho por primera vez hueco a Beethoven, y en el que el fin de fiesta de la Marcha Radetzky sonó limpia de reminiscencias nazis.

El director letón Andris Nelsons, que se estrenaba en la tarea de conducir desde el atril este saludo al 1 de enero, cumplió su deseo expresado unos días antes de "compartir con la gente la alegría" y empezar el año con algo positivo. Pese a estrenarse en este recital, Nelsons, de 41 años, conoce bien a los filarmónicos, con lo que lleva una década colaborando.

La complicidad entre foso y atril fue patente desde que sonó la obertura de Los Vagabundos, de Carl Michael Ziehrer, una primicia en el Concierto de Año nuevo con la arrancó el recital. A partir de ahí, los valses y polcas de los Strauss marcaron el programa, entre ellas Saludos amorosos, de Josef Strauss, un especial mensaje de los filarmónicos al Festival de Salzburgo, al que están muy vinculados, y que este año celebra su centenario.

Otro aniversario, el 150 del edificio del Musikverein, en cuya Sala Dorada se celebra el recital, fue recordado con Disfrutad de la vida, un vals de Johann Strauss hijo, y Flor de hielo, una polca mazurca de su hermano Eduard, compuestas para el baile inaugural que se celebró el 15 de enero de 1870.

Pero si hay un cumpleaños musical en 2020, es el 250 aniversario del nacimiento del compositor alemán Ludwig van Beethoven, que desarrolló en Viena la parte más importante de su obra. Durante la pausa del recital, la radiotelevisión austríaca ORF, que lo retransmite a 95 países, emitió un simpático corto en el que una joven busca hojas de partitura de Beethoven en distintas localizaciones relacionadas con el compositor, donde encontraba a grupos de filarmónicos que las interpretaban.

Tras la pausa, la Filarmónica se lanzó con la obertura de la briosa Caballería ligera de Franz von Suppé, muy adecuada para acabar de despertar a las decenas de millones de personas que siguen el concierto por radio y televisión

Coreografía española

En la segunda parte, como desde hace años, a la música se unió la danza, con la emisión de dos piezas de ballet. El coreógrafo José Carlos Martínez, hasta el pasado septiembre director de la Compañía Nacional de Danza, ha sido responsable de las dos escenas, grabadas en agosto.

En la primera, bajo los acordes de ¡Abrazaos por millones!, de Johann Strauss, cuatro bailarines del Ballet Estatal de Viena, vinculado a la Ópera de Viena, recorrieron el Palacio de Invierno del príncipe Eugenio de Saboya. La segunda acompañó la interpretación que la Filarmónica hizo de seis de las piezas de 12 contradanzas, la primera obra de Beethoven que suena en el Concierto de Año Nuevo.

La Filarmónica ha querido homenajear a un compositor al que considera "culpable" de su propia existencia, como ha indicado su presidente, Daniel Froschauer, al entender que la necesidad de una orquesta profesional capaz de ejecutar la "música visionaria" fue el germen de la compañía.

Para acompañar esta obra, Martínez, premio Nacional de Danza en 1999 y antiguo bailarín solista de la Ópera de París, ha creado un minimusical con estética de 1950 en el que cuatro bailarines visitan varios escenarios relacionados con Beethoven.

Un director trompetista

La anécdota de la segunda parte vino con El galope del postillón, de Hans Christian Lumbye, y para el que Andris Nelsons desdobló sus funciones: dirigió a la orquesta y protagonizó los solos de trompeta. Tras el programa oficial, con el vals Dinamos de Josef Strauss, llegó el momento de las irrenunciables propinas que la Filarmónica de Viena regala cada 1 de enero. La primera fue una sorpresa: una polka rápida de Josef Strauss. Luego, como es tradición, Nelsons y los filarmónicos desearon al público un Prosit Neujahr, o sea, Feliz Año Nuevo, antes de tocar El Danubio azul, el vals más conocido del mundo, obra de Johann Strauss hijo, y que no puede faltar el 1 de enero en Austria.

Y, para rematar el concierto, el himno oficial para arrancar con energía cada nuevo año desde Viena: la Marcha Radetzky. La obra, compuesta por Johann Strauss en 1848, fue la única pieza del patriarca de los Strauss que se escuchó hoy en la Sala Dorada. La que sonó hoy tuvo mucho significado, político e histórico.

La marcha que lleva interpretándose (menos en 2005, en respeto a las víctimas del tsunami en Asia) en el Concierto de Año Nuevo desde 1946 no es la original, sino una partitura con los arreglos que introdujo en 1914 el austríaco Leopold Weninger. Este compositor se afilió luego al partido nazi y realizó numerosas obras para ensalzar su ideario antisemita y xenófobo.

La Filarmónica, que hasta 2013 no hizo memoria histórica sobre sus vínculos con el nazismo, ha querido ahora presentar una nueva versión, limpia de esos arreglos, argumentando que, con los años, la partitura de Weninger ya se había ido modificando.

El resultado ha sido una marcha menos marcial, más festiva, en la que el propio Nelsons se encargó de atemperar por momentos las tradicionales palmas con el que público la acompaña.

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