Buenas proposiciones escultóricas

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Buenas proposiciones escultóricas
Buenas proposiciones escultóricas
Bernardo Palomo

03 de diciembre 2017 - 02:11

No es la escultura, en la actualidad, una modalidad artística que tenga un desarrollo excesivamente trascendente. Hace bastante tiempo, cuando las nuevas tecnologías invadieron el discurrir existencial en general y una amplia parcela del arte en particular, que la obra escultórica casi desapareció de los circuitos expositivos, constituyendo la poca que se veía un estamento de manifiesta naturaleza. Por eso es importante encontrarte con una muestra de escultura que ofrezca el clásico testimonio de una obra que mantiene vivos los postulados tridimensionales de siempre y que oferta, al mismo tiempo, testimonios solventes de lo que podríamos considerar claros esquemas de la modernidad creativa. Las salas de exposiciones, las pocas galerías de arte existentes y los espacios expositivos que hoy, todavía, encontramos están, en su inmensa mayoría, faltos de trabajos escultóricos, ajenos a las burdas proposiciones que se nos hacen con monumentos urbanos sonrojantes o tallas procesionales que, en la mayoría de los casos, ponen de manifiesto que, en esta circunstancia artística, cualquier tiempo pasado fue infinitamente mejor.

La sala Arteadiario se viste con la escultura de Lola Jiménez, una artista jerezana conocida en los ambientes artísticos de la ciudad, sobre todo en aquellos relacionados con la cerámica, gracias a su importante labor en esta materia de la que es una consumada realizadora. En su trabajo, el espectador advierte sus muy correctas posiciones plásticas, sus contundentes planteamientos materiales, el dominio de las formas, así como un acierto en el diseño de un concepto que unifica y yuxtapone las posiciones del contienente con las del contenido.

La exposición se establece desde una serie de esculturas de pequeño formato con las que se aprecie la sapiencia plástica de su autora, el poderoso manejo de los materiales, sobre todo aquellos que descubren una sabia relación con la cerámica, el barro refractario y los esmaltes. Las obras que se presentan en la sala de DIARIO DE JEREZ nos conducen por una humanidad que deja entrever sus actitudes, sus pasiones, sus anhelos, sus acciones relativas a su paso por una sociedad bastante mediatizada por sus muchos matices. Son obras de pequeño formato que, solas o en grupo, hacen patente una realidad social muy bien establecida. Además, la escultora sabe, con muy poco, llegar a máximos absolutos.

Los personajes de Lola Jiménez, a fuerza de manifestar sus posiciones reales, nos presentan aspectos mucho más expresivos. Las actitudes que ofrecen están más marcadas, se evitan mostrar ciertos elementos habituales como los ropajes descritos con exactitud; a la autora le interesa mucho más que éstos queden sólo esbozados o intuidos, sin ser descritos fielmente. Todo ello contribuye a que la obra nos disponga a que sea la visión del espectador la que le otorgue su definitivo sentido.

Muy buena exposición de escultura la que nos encontramos para saber que esta modalidad artística también existe y puede ofrecer sus ilimitadas posiciones.

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