Cultura

Íntimas referencias metafísicas

Roberto-Orallo. Roberto-Orallo.

Roberto-Orallo.

A Roberto Orallo, como ocurrió con tantos otros, lo conocemos del tiempo de Manolo Alés, cuando él llevaba, sin solución de continuidad, lo mejor de lo mejor a la sala que, con tanto entusiasmo, dirigía. Roberto Orallo, cántabro de nacimiento, estuvo en la Plaza de Fariñas de La Línea y allí pudimos contactar con un pintor diferente cuya obra marcaba unas rutas nuevas en una figuración con gestos que mantenían una expectación sobre una realidad mediata que más que ilustrar, abría espacios de reflexión. Después de mucho tiempo, ahora, llega a Cádiz con una amplia muestra dividida en tres sectores perfectamente diferenciados y muy bien definidos.

Hay que comenzar diciendo que en la pintura de Roberto Orallo se repite una figura que protagoniza un espacio de ciertas connotaciones metafísicas, donde signos, símbolos y demás elementos compositivos comparte una escenografía metafórica que abre infinitas perspectivas y genera múltiples estados de emoción. Se trata de una pintura reflexiva, muy hacia dentro; con íntimos desenlaces de una humanidad que deja en suspenso su habitual relato ilustrativo.

En los espacios del antiguo recinto militar gaditano se presenta una muestra que llega, ya, desde el principio, con el enigmático título de "De mares y sueños" y que se compone de tres amplias series temáticas de esa pintura intimista, de especial iconografía referencial que es tan habitual en el artista cántabro. En primer lugar, " Catarsis ", desarrollada, desde una sucinta plástica en blancos y negros, plantea claros episodios mentales. Son una especie de esquejes de una realidad tamizada y llevada a cabo a sus últimas consecuencias. En ella los personajes deambulan en un mundo que se presiente hostil, poco propicio, con más sombras que luces y que ofrece pocas perspectivas. En esta serie la humanidad alude a esa problemática existencial que tanta controversia levanta en una sociedad que no sabe demasiado bien a qué atenerse. En "Traslúcida materia" la simbología juega un papel más importante todavía. El hombre circula por arcanos, previsibles o imprevisibles, que desarrollan su función determinante. Lo sombrío de la anterior serie pierde sentido y el color elabora un paisaje donde, aquí sí, todo parece más realizable. Por último, en "Mi puerto", Roberto Orallo plantea un hombre objeto, adquiriendo, por tanto, su pintura una n

ueva dimensión. La humanidad deja su existencia habitual y se hace elemento de un paisaje portuario donde las grúas adoptan una definitiva dimensión. Hombre objeto que transgrede lo inmediato y busca nuevas realidades.

Con todo ese entramado estructural, en sus formas y figuras, en sus signos y símbolos, Roberto Orallo crea una iconografía de esquemas muy esencial que, no obstante, abren la perspectivas de una realidad en la que la humanidad, si no totalmente cuestionada, sí se nos presenta manifestando infinitos matices.La exposición que ha ocupado todo el verano gaditano nos conduce por el especial patrimonio pictórico de un artista que oferta una realidad a contracorriente, más hacia dentro que mostrando su perfiles más inmediatos. Una realidad social que mantiene la expectación y que genera máximos episodios de una emoción subliminida desde estancias presentidas y con personajes relatores de enigmas.

Roberto Orallo nos ofrece una pintura culta, de perfiles complejos pero que, sin embargo, atrapan la mirada y la conducen hacia íntimos espacios donde lo humano puede inducir a cualquier posible situación.

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