Diario de las Artes

Pulcro, esencial y sin complejos

Obra de José Manuel Paredes Obra de José Manuel Paredes

Obra de José Manuel Paredes

José Manuel Paredes. Centro Alfonso X El Sabio. El Puerto

No es la primera vez que escribo que no es justo que la obra de JOSÉ MANUEL PAREDES pase tan de puntillas en el panorama artístico teniendo ese especialísimo argumento plástico que la hace única, personal e intransferible. En estos momentos en los que la pintura tanto se parece entre sí, cuando tanto adocenamiento se observa, cuando casi todo es lo mismo y la linealidad de los planteamientos es algo manifiesto, la obra de Paredes surge expectante, valiente, convincente y llena de valores. Vayamos por parte, José Manuel Paredes es artista de convencidos planteamientos; fue en su día arquitecto en ejercicio, por tanto su estructura artística está contundentemente sustentada; conoce los infinitos argumentos del arte, sus posiciones formales y conceptuales. Por su antigua profesión, el dibujo no tiene secretos para él y las estructuras de la composición son muy inmediatas para el que ha tenido siempre una mente racional y organizativa. Por eso, en su pintura se observa como los espacios acogen múltiples elementos muy bien definidos, sin que su diversidad formal y conceptual se interfieran ni patrocinen desajustes. Cada uno de los componentes de sus obras ocupan un espacio físico perfectamente distribuido y, además, complementa la realidad de los otros.

En la concepción pictórica de José Manuel Paredes no existe lugar para el vacío; cualquier mínima manifestación ilustrativa tiene cabida en los espacios de una pintura que establece racionales geometrías. Sus figuras, sus objetos, sus coches, su monumentos, sus textos, sus muebles, sus frutas, su barcos... se yuxtaponen en un bello crisol que unifica la realidad para hacerla posible desde un sistema compositivo perfecto, sin resquicios y abierto a las más inesperadas argumentaciones.

La exposición en el Centro Alfonso X El Sabio nos sitúa por esa fuerza colorista que atrapa la mirada, por una representación de clara exuberancia cromática, por esa interacción de planos que ahuyenta la perspectiva y acentúa el carácter expresivo de una realidad particularmente ilustrada para que genera contundencia formal y entusiasmo plástico. La pintura de José Manuel Paredes parte de lo más esencial, esa que relata lo real pero con un lenguaje sin aditamentos, de gran pureza, transmisores de una determinante pasión por la estructura compositiva y por los más puros registros de la ilustración. En sus obras la pintura es más pintura, lo real aparece en su sustancia creativa más esencial. Sus cuadros formulan una figuración libre sujeta sólo a la emoción de lo puramente descriptivo, sin añadidos ni imposturas desvirtuantes.

Estamos ante una exposición de un Paredes más Paredes; un artista que ha roto con todo y sólo le queda el supremo placer de pintar; de pintar lo que quiere, como quiere y para sacarle el máximo gusto a un relato pictórico donde sólo fluctúa la feliz esencia del arte por el arte.

De nuevo nos encontramos con la obra de un artista que siente en artista; que posee un lenguaje único que traspasa los límites de la figuración para hacernos transitar por los estamentos puros de un arte sin complejos, al que él rinde pleitesía con una obra de estricta pureza y asombrosa lucidez identificativa.

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