La otra mirada

Fotografías que esconden historia

Realizar las labores de investigación que han dado lugar a la exposición ‘Identidades’, que actualmente Cajasol exhibe en su sala de c/ Larga 56, ha sido una de las experiencias más apasionantes de mi vida.

Ir descubriendo piezas valiosas, que terminaban encajando en un complejo puzzle,  produce tal entusiasmo y adicción difícil de explicar con palabras. Quizás puedan llegar a entenderlo si les relato la historia que esconden las dos fotografías que ilustran esta página y que forman parte de la exposición.

La primera foto sí es conocida, de hecho Eduardo Pereiras en su libro ‘La fotografía en el Jerez del siglo XIX’ ya la reproducía y hablaba de ella. Es una magnífica imagen de “Campúa” que recoge la visita del rey Alfonso XIII a Jerez el 10 de mayo de 1904, concretamente tomando el té en las bodegas del marqués de Domecq.

José Luis Demaría Vázquez “Campúa” fue un extraordinario fotógrafo nacido en Jerez en 1870 y que trabajó como aprendiz en el estudio de Diego González Lozano, otro fotógrafo excepcional. Más tarde marchó a Madrid donde se convertiría en el fotógrafo de prensa más valorado del momento, llegando a obtener la gran cruz de Alfonso XII entre otros por sus impresionantes y arriesgados reportajes sobre la guerra de África.

La primera foto, como digo, era bastante conocida, pero rebuscando en una buhardilla de las bodegas de Domecq, actual Beam Global, a quienes agradezco enormemente su colaboración, apareció una foto enmarcada y cubierta de polvo que, en principio, creí  era la primera. Pero cuando retiré el polvo y la observé con detenimiento pude comprobar que se trataba de una instantánea tomada segundos después. Su calidad técnica y composición  eran aun  mejores que la primera foto conocida. El hallazgo me emocionó. Tener una pareja de fotos, originales, de “Campúa”, y que narraban una visita de Alfonso XIII a Jerez cuando apenas contaba diecisiete años, no dejaba de suponer haber encontrado un tesoro. Todo un “pelotazo” fotográfico…

Varias veces contemplé la foto intentando atrapar en mis retinas las imágenes y  personajes que la componían. Pero cuál fue mi sorpresa cuando investigando sobre esa visita real cayó en mis manos la crónica del diario El Guadalete del día posterior a la misma, 11 de mayo de 1904. Al llegar al párrafo referido a la visita a las bodegas Domecq, el cronista textualmente escribe lo siguiente:

“Ocupó el rey su asiento, teniendo á su derecha á la  Sra. de Domecq (don Pedro) y a su izquierda á este señor, conversando con ellos amablemente, así como con otras de las distinguidas señoras que se sentaron á la mesa. Pocos momentos después llegó la respetable Sra. viuda de Domecq, quien saludó á D. Alfonso, ocupando el asiento de su derecha y pasando la señora de Domecq al lado de su esposo.”

La crónica  relata exactamente lo que está ocurriendo en las dos fotografías de “Campúa”. Parecía un augurio que el azar me hubiera llevado a tan increíble coincidencia.

Efectivamente en la primera fotografía se puede comprobar cómo la esposa de Pedro Domecq, Dña. María Rivero, con rostro un poco desencajado, atraviesa la escena por detrás del rey, llegando incluso a descomponer la fotografía de tan extraordinario fotógrafo. Mientras, la respetable señora Dña. Carmen Núñez de Villavicencio, viuda y madre del marqués, por tanto, suegra de Dña. María Rivero, conversa amablemente con el monarca sintiéndose ésta muy alagada, ante la atónita mirada que el marqués dirige al fotógrafo.

En la segunda fotografía, la señora de Pedro Domecq ocupa ya el asiento a la izquierda de su esposo, que se apresura a atender debidamente al rey, y con un gesto inequívoco de tensión intenta aflojarse el camafeo de su gargantilla. El rostro de la suegra ha pasado de la amabilidad  hacia el rey a una mirada  perdida o distante.

¿Qué estaba ocurriendo? ¿Llegó tarde la respetable viuda al histórico encuentro con el rey, debiendo ocupar mientras tanto la nuera su asiento? Difícilmente en una mujer de sus características y educación. ¿Rompió el rey el protocolo haciendo pasar cierta humillación a la nuera y aprieto al marqués? ¿O el rey impartía justicia en un cierto conflicto familiar?

Nunca lo sabremos, no queda ningún testigo vivo de aquel momento. Cada lector puede plantearse la interpretación que mejor le parezca. Pero si les doy un dato, “Campúa” no era un fotógrafo  cualquiera, si realizaba uno de los contados disparos de que disponía en su cámara era porque… había algo que contar.

Hasta el día 12 de diciembre se puede contemplar en la sala de Cajasol de c/ Larga 56 la exposición ‘Identidades. La sociedad jerezana vista por los fotógrafos del XIX y mitad del XX’ y que he tenido el privilegio de comisariar. Es un conjunto de ciento dieciocho fotografías y dos audiovisuales que describen cómo eran la ciudad y la sociedad jerezana entre los periodos comprendidos entre 1860 y 1960 aproximadamente. En ella encontrarán  parte de nuestra historia en fotografías y, como en este caso, fotografías que esconden historias. 

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