De la Habana vino un barco

Página clásica

Jerez, 13 de marzo 2013 - 09:08

Chema Puente. OCA CD-10.102

LAS verdades absolutas no existen y menos en la música, la hibridación y el mestizaje son unas constantes de las que es difícil sustraerse, especialmente en las músicas de raíz o tradicionales, que sobreviven y evolucionan gracias a aportes continuos.

Los bandurrieros, rabelistas en otros lugares del solar hispano, son intérpretes que hasta hace bien poco estaban al tanto de lo que acontecía en otros contextos musicales, ello servía de acicate al propio intérprete y creaba demanda de ‘éxitos’ entre su parroquia, bajo esta premisa concurrían piezas musicales de diversa índole.

En un curso de etnomusicología al que asistí en la UNED, al abordar el tema de la hibridación nos mostraron algunos ejemplos de cómo un melodía se ‘naturaliza’ en un entorno con el tiempo y pasa a ser tradicional, la melodía era una canción de Eurovisión que se hizo famosa a principios de los setenta, por entonces la presencia de la televisión y su único canal era omnipresente en nuestras vidas. Esa melodía al cabo de cinco lustros hoy se ha integrado en el repertorio de fiesta de los gaiteros, muchos desconocen su origen e incluso la melodía tiende a ir transformándose lentamente, eso es a fin de cuenta uno de los procesos que caracteriza a las músicas populares que a fuerza de repetirse y sin soporte pautado van creando un nuevo modelo.

Chema Puente es un bandurriero o rabelista con mucho temple, curiosamente su obra da más protagonismo al canto que al propio rabel, ello queda impreso en su forma de vocalizar que, ya digo, se expone templada y serena, aunque al que esto suscribe le gustan los sonidos tan orgánicos que revelan la cuerda frotada con arco.

El cántabro plantea un disco abierto en estilos y formas, de ahí que el repertorio sea variado y se deja entrever que, como sucede en otros ámbitos de la música popular, acude a piezas conocidas ajenas al repertorio rabelístico, para ello se acuerda de Labordeta o Violeta Parra pero no rechaza esas otras harto características del género como jotas, romances y coplas de las que es un profundo conocedor.

Resalta un elemento en su obra: su continua mirada hacia los estilos flamencos con influencias americanas, la historia de los jándalos aun está por escribir, Chema sabe de ello y en la montaña más, por eso en cada registro siempre deja su particular homenaje a ese trasiego entre el sur y norte.

Manuel Naranjo Loreto

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