Cultura

Iluminando los años oscuros

  • La música española del siglo XVII empieza a recuperarse de su secular estado de abandono y menosprecio gracias al trabajo de musicólogos, historiadores e intérpretes

"La musicología española ha avanzado muchísimo en los últimos 20 años. Las tesis doctorales de música se han multiplicado exponencialmente en ese tiempo", comenta Juan María Suárez Martos, musicólogo sevillano conocido por sus recientes trabajos de recuperación y difusión de patrimonio andaluz junto a la Orquesta Barroca de Sevilla, que es uno de los cuatro profesores que ha participado en la redacción de La música coral del Cabildo Catedral de Sevilla durante el siglo XVII, un volumen que, coordinado por José Sánchez Herrero, catedrático emérito de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla, ha editado el Servicio de Publicaciones de la institución.

"Todo surgió de la tesis doctoral de Juan María, que yo dirigí junto a la profesora Julia Esther García Manzano, y que él defendió brillantemente en 2007. Por entonces, mi hijo Israel [Sánchez López, actual director del Conservatorio Superior] había empezado a dirigir el coro de la Asociación Musical de Sevilla. A mí se me ocurrió que el coro podía aprovechar la tesis y le planteé la posibilidad de que ofrecieran un concierto con obras rescatadas por Juan María, pero luego fui un poco más allá, y propuse un curso de libre configuración, que aceptaron con entusiasmo en la Universidad. Se organizaron cinco conferencias, que básicamente son las que conforman este volumen, al que se la ha añadido un CD que recoge una grabación que se hizo en 2012 con las obras de aquel concierto", resume el profesor Sánchez Herrero.

"Escogí las obras no exactamente en función de su calidad, sino por su adecuación a las posibilidades de nuestro coro", afirma Israel Sánchez, "y dividimos el material en dos partes: himnos litúrgicos dedicados a santos de Sevilla y motetes a doble coro, lo que me sirvió también para mostrar la evolución del estilo, pues en los himnos se aprecia el gusto por la prima prattica, típica de la polifonía renacentista, y en los motetes aparecen ya rasgos más modernos, vinculados a la seconda prattica". Otro aspecto fundamental era el de la interpretación. Para el también musicólogo Rafael Luque Vela, la práctica musical en la catedral sevillana del siglo XVII "se sustenta en el alternatim, esto es, en la alternancia en la interpretación de la música entre tres actores: el coro de canto llano, la capilla polifónica y el organista. Así quisimos reflejarlo también en el CD que se adjunta". Luque presentó en 2012 su tesis, dedicada al canto llano: "Frente a la idea común de la decadencia del XVII, lo que descubrí en mi investigación es que la actividad en el scriptorium sevillano durante el siglo fue frenética. Es, curiosamente junto al siglo XIX, la época de mayor producción de libros de coro, y en todo ello hay una figura de un relieve excepcional, la de Sebastián Vicente Villegas, maestro de ceremonias y responsable de la producción de estos libros. Estamos hablando de decenas, centenares de melodías de canto llano inéditas y absolutamente desconocidas, algunas propias, pero, la mayoría fieles al ordo romano y las normativas: en este sentido, Sevilla no exhibe una identidad cerrada, sino que tuvo siempre una vocación europea y en este caso, específicamente romana, que además trasladó a América, pues fue la referencia para todas las capitales de los virreinatos americanos".

Para Suárez Martos, "la decadencia económica no coincide necesariamente con la artística, aunque es cierto que la música se ve afectada por la crisis, ya que el Cabildo va reduciendo progresivamente sus partidas presupuestarias para la capilla, hasta su momento más bajo, que se produce en 1708, coincidiendo con una gran epidemia. También es significativo cómo Sevilla dejó de ser cúspide de esa especie de cursus honorum que seguían los maestros de capilla por España. Desde el magisterio de Fernández de Castilleja a principios del siglo XVI hasta el de Juan Sanz, mediado el XVII, ningún maestro de capilla abandona Sevilla para ir a otra sede. Juan Sanz fue el primero que desistió de su cargo en este tiempo. Lo hizo en 1673 y luego le siguieron otros muchos. Esto nos habla de que la Catedral de Sevilla había perdido atractivo económico para los músicos, sobre todo a partir de la gran peste de 1648-49".

En la eterna comparación entre la música española, mucho más conocida y valorada internacionalmente, del siglo XVI y la del XVII, Israel Sánchez piensa "que solo puede hacerse contextualizando la realidad social y artística de cada momento: la música del XVII no es mejor ni peor; es distinta, porque los compositores buscan cosas diferentes, no porque no supieran escribir a la manera en la que lo hacían los músicos del siglo anterior. En Diego José de Salazar hallamos, por ejemplo, contrapuntos magistrales, pasajes fugados a 8 voces… Pasa que el ideal estético de su época es distinto al del tiempo de Francisco Guerrero o de Cristóbal de Morales y por eso su música es diferente". "A principios del siglo XVII, la música de Alonso Lobo está todavía muy conectada al ideal renacentista, pero desde 1617, a partir del magisterio de Francisco de Santiago, la música empieza a adoptar formas estilísticas diferentes, empezando por las obras policorales", añade Suárez Martos. "Y también hay que entender que todo este ritual musical era en el fondo consecuencia de la vida religiosa. En el siglo XVII hay una gran reactivación del culto a los santos patronos de la ciudad y la música era el colofón de toda esa actividad", comenta Luque. "La polifonía era en este sentido casi un adorno", remata Suárez Martos.

Este trabajo conjuga pues teoría y práctica: la contextualización histórica de uno de los mayores especialistas en la vida de la catedral hispalense, los conocimientos sobre canto llano y polifonía de los máximos conocedores de este repertorio para la sede sevillana y el trabajo analítico y práctico de un director orgulloso de su coro, pues "aunque sus miembros no son profesionales, ofrecen prestaciones perfectamente asimilables a los de los profesionales". "De todas formas, nada de esto habría sido posible sin la Institución Colombina, de la que todos los sevillanos deberíamos sentirnos orgullosos. Mantiene un archivo profesionalizado y bien dotado, que es modélico en España, ya que ha logrado salirse de esa imagen del archivero antiguo para montarse sólidamente sobre la ciencia de la documentación", señala Rafael Luque. "Antiguamente, los archiveros eran personalidades casi feudales, celosos de sus papeles, que solo llegaban a las manos de las personas que ellos decidían", afirma Sánchez Herrero, "y lamentablemente aún hay algunos sitios en los que la documentación resulta inaccesible a los investigadores", añade Suárez. "Pero no puede negarse que la musicología ha cambiado mucho en España en las últimas décadas. A mejor. Nos falta todavía conectar más estrechamente con los intérpretes, para que lo que va saliendo se difunda y pueda conocerse más. Porque la riqueza de los fondos es extraordinaria. Hay un patrimonio musical soberbio esperando a ser recuperado, interpretado y disfrutado. Algunos han decidido que la historia de la música ya está escrita y que no hay nada nuevo por descubrir. Pero esto no es verdad. Por ejemplo, una figura como la de Pedro Rabassa debería estar en los libros de historia de la música que se escribieran en cualquier lugar del mundo". Mientras eso llega, este trabajo es uno de los faros que va iluminando el camino.

José Sánchez Herrero, coord. Universidad de Sevilla, 2013. 184 páginas + 1 cd. 23 euros

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