I Bienal de Cante de Jerez ¡Que viva Jerez y su cante!

  • Jesús Méndez y Diego del Morao ponen broche de oro a la I Bienal con un completo recital en el que cantaor y guitarista enamoran a un público que llena el Museo del Enganche

Un momento de la actuación de Jesús Méndez Un momento de la actuación de Jesús Méndez

Un momento de la actuación de Jesús Méndez / C. G. (Bienal de Jerez)

El broche a la primera Bienal de Cante de Jerez llegó como no podía ser de otra manera, con lleno y máxima expectación. El reclamo, Jesús Méndez y Diego del Morao, atrajo a numerosos aficionados hasta el Museo del Enganche de la Real Escuela de Arte Ecuestre, agotando las entradas. Evidentemente, como ya ha demostrado en otras ocasiones, el cantaor jerezano es de los pocos artistas de la tierra capaz de vender todo el papel, como así sucedió.

Cerca de las once de la noche, y tras algunos problemas con la ubicación de los asistentes, Lola Vallespí y Mario González dieron buena cuenta, con un discurso necesario pero cansino para el público, de todas y cada una de las personas que han puesto su grano de arena a este proyecto. Al fin, Jesús Méndez y Diego del Morao, acompañados por Carlos Grilo, Diego Montoya y Manuel Salado a las palmas y Ané Carrasco a la percusión, salieron a escena en medio de una gran ovación.

Para empezar, cantiñas. Con el sonido bastante saturado, sobre todo la guitarra, Jesús, con la voz limpia y clara, se adentró en Cádiz con frescura y ese torrente poderoso que le ha dado Dios, levantando los primeros olés entre un público al que se le vio necesitado de cante desde el primer momento. Perfectamente guiado por las palmas de su elenco artístico y por un Diego del Morao especialmente inspirado, el jerezano se fue envalentonando hasta conseguir meterse en el bolsillo al patio del museo, encandilado con sus condiciones.

Un momento de la actuación de Jesús Méndez Un momento de la actuación de Jesús Méndez

Un momento de la actuación de Jesús Méndez / C. García (Bienal de Jerez)

Una vez allanado el camino, Méndez se movió entonces por caminos más complicados. Diego entonó sones de mineros, había que escuchar. Dominó con firmeza la primera taranta, de aire ‘mairenero’, y exhibió, sin brillar, su garganta en la segunda, antes de engarzarla con abandolaos y acometer un precioso fandango de Lucena y un colosal fandango de Frasquito Yerbabuena, éste último un verdadero zarpazo sonoro que levantó al público de sus asientos.

Con la guitarra mejor ecualizada, Jesús regaló a los asistentes soleá por bulería, en la que se gustó. Con el universo Mairena sobrevolando su cante, el jerezano se despachó recorriendo diversidad de estilos, desde Joaquín el de la Paula a Manuel Torre pasando por la soleá de Alcala, Los Puertos y Utrera, manejando los tiempos como quiso y llevado en volandas por un Diego del Morao arrollador.

El postre de su primera intervención llegaría a modo de tientos-tangos, que dedicó a Zaira Malena, una de las ganadoras del concurso de cante de la Bienal. Sin abandonar el corte clásico, el cantaor volvió a ganarse al respetable, esta vez por tangos, añadiendo al guiso, letras por Jerez, un pellizquito de La Niña de los Peines y un toque soberbio de Francisca Méndez ‘La Paquera’, con aquellos ‘tientos del querer’, que amoldó a su voz levantando el vello a más de uno. El patio le despidió en pie.

A la vuelta, de nuevo con Diego del Morao llevando el timón, seguiriyas. Arrancó acordándose de Manuel Torre, para proseguir acercándose a Los Puertos y rematar la faena regresando a Manuel Torre, pero con un aire ‘terremotero’ que encendió nuevamente al público.

“Voy a hacer bulerías”, dijo antes de que Manuel Soto ‘El Bo’ apareciera por las tablas en medio de un caluroso recibimiento. El soniquete Moreno Jiménez reactivó nuevamente a todos, artistas y público, parar encarar un cante donde Jesús Méndez se mueve como pez en el agua. Hizo un guiño a la bulería corta de Jerez, a la Plazuela, a Caracol, Mairena, a El Torta y al mismísimo Camarón de la Isla con aquello de ‘Me dieron una ocasión’, al que dotó de personalidad propia, y terminó haciendo bailar al Bo, que sin moverse, formó el lío, que puso cierre a una noche que quedará para la historia de esta primera Bienal.

Un momento de la entrega de premios del concurso. Un momento de la entrega de premios del concurso.

Un momento de la entrega de premios del concurso. / C.G. (Bienal de Jerez)

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