'Trato y retrato' por Rafael Benítez Toledano y José María Bernabé Juanangelandia

Juan Ángel González de la Calle Juan Ángel González de la Calle

Juan Ángel González de la Calle / José María Bernabé

En la esquina de la barra de La Moderna, en Jerez, según se entra al fondo, atravesando el bosque de parroquianos, sorteando la mole del comandante Lara y allegados, reina un gnomo. Al pintor González de la Calle, un duende de estatura inversamente proporcional a los prodigios que surgen de su sonrisa, parece que la cerveza le causa el mismo efecto que a Verlaine la absenta. Al menos eso es lo que uno deduce cuando visita su estudio y le asaltan pingüinos sobre alfombras, Tigres paseando salones, Masais de ojos imposibles, Santos laicos y otros naufragios inverosímiles.

Acodado entre las cajas del Barragán, frágil equilibrio, contemplo a este señor bajito de conversación amable, y me pregunto qué estará maquinando esa mollera discordante que diríase que humea. Que disparates aleatorios, que paisajes ultraístas ¿Qué coño estará tramando?

¿Será un retrato del crítico Bernardo Palomo con un ojo a la virulé y un brazo en cabestrillo? ¿Uno del pintor José Basto con la cabellera suelta, Moisés profetizando la filoxera? ¿Seré yo oliendo un pestiño hasta dejarlo amargo? ¿O el taurino Bocanegra sorteando un Minotauro de andar por barra?

En fin, la conclusión es que en Jerez, a las tres, y en ciertos bares, uno se siente Harry Potter...o Alicia, si fuera bujarrón.

Juan Ángel González de la Calle Juan Ángel González de la Calle

Juan Ángel González de la Calle / José María Bernabé

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