Tío Pepe Festival

Corazón de rock and roll

  • Lección de profesionalidad y estilo de Loquillo para cerrar el Tío Pepe Festival en un recital plagado de guiños al público de su generación que llenó el patio de La Tonelería

Loquillo, salud y rock and roll en La Tonelería Loquillo, salud y rock and roll en La Tonelería

Loquillo, salud y rock and roll en La Tonelería

Un guiño revelador: durante la ejecución de la archiconocida letra de El ritmo del garaje, José María Sanz Loquillo (Barcelona, 1961) hizo una broma cambiando la letra y donde debería decir tu madre no lo dice, pero me mira mal... dijo tu hija no lo dice, pero me mira mal, lo que sin duda era mucho más acertado para el público que ayer abarrotaba el Patio de la Tonelería en el cierre del Tío Pepe Festival, una serie de recitales pensado para contentar a todo tipo de público. Y el público que tocaba ayer bien podía ser el mismo que acudió en el 84 a ver a Loquillo y los Trogloditas en un descampado que existía junto a El Alcázar. Aquello era un festival sin nombre anterior al pop rock Alcazaba. Entonces aquel joven rocker barcelonés cerró su concierto con lo que acabaría siendo un himno generacional, Cadillac solitario. 34 años después volvió a cantarla y el público entró en éxtasis. Una vez me contó Loquillo que su contribución a la demografía nacional había sido esa letra desgarrada de Sabino Méndez de un joven atrapado en la ladera del Tibidabo. Muy bien podía ser que la hija de la que hablaba en El ritmo del garaje pudiera formar parte de esa contribución. La melancolía se desparramó por las butacas del recinto de González Byass.

Loquillo, durante su actuación. Loquillo, durante su actuación.

Loquillo, durante su actuación.

En el escenario Loquillo reconoció que él habla con sus canciones. Sus conciertos son declaraciones de principios con un discurso que se apoya sobre el personaje de chuleta sentimental que tan bien ha sabido construir a lo largo de los años este artista que va camino de la leyenda. De negro absoluto, como seña de identidad, con chaqueta de cuero, porte elegante y sostenido por cinco músicos profesionales de una solvencia que raya en lo virtuoso, Loquillo arancó su recital con Rock and roll actitud (no olvides, no traiciones, lo que siempre te ha hecho vivir) y lo cerró con el emocionante tema crepuscular En las calles de Madrid, ese homenaje a uno de los músicos que lo cambiaron todo, Pepe Risi, fundador de Burning, al que se llevó una neumonía a finales de los 90 fruto de años de excesos. Los excesos de aquel Madrid que adoptó a Loquillo como uno de los suyos. Él mató el silencio en las calles de Madrid, dice la letra. Es decir, abrir y cerrar honrando el pasado. Nosotros que somos los de entonces, los que no tenemos dónde, los que siempre hablamos solos, cantó en Memoria de jóvenes airados, aquella canción que tenía un videoclip en el que Loquillo salía con compañeros de sus años de baloncesto. Epi, Solozábal, Andrés Jiménez...

Loquillo en el Tío Pepe Festival Loquillo en el Tío Pepe Festival

Loquillo en el Tío Pepe Festival / Fito Carreto

Entre medias, dos horas y pico de sobria profesionalidad, calculados pasos de baile en una coreografía de calle que terminaba en una estampa de tipo duro, como se define en otra composición muy coreada, Feo, fuerte y formal: Hombre de bien a carta cabal... para qué discutir si puedes pelear.

Loquillo en el Tío Pepe Festival Loquillo en el Tío Pepe Festival

Loquillo en el Tío Pepe Festival / Fito Carreto

Tantos años de curro han creado en este hombre de tupé cano que mantiene una planta de tipo maduro que se cuida, un animal de escenario que sabe cómo fundirse con su público, cómo alterar su estado emocional. Y si en la primera parte del concierto mantuvo al personal sentado para escuchar las composiciones más modernas, más maduras, en las que habla de los derechos sociales perdidos y continuamente desprecia las banderas -he modelado una bandera que, como todas, es para quemarla- (es un catalán más víctima de la fiebre nacionalista, hasta las narices de tanta senyera y tanta bandera nacional); en la segunda parte supo hacer innecesarias las sillas de la organización (ver un concierto de rock sentado es una aberración) con su repertorio más ochentero, donde fueron cayendo uno tras otro sus clásicos y otros clásicos contemporáneos, como el homenaje a su gran amiga Alaska en la versión de Rey del glam.

Loquillo en el Tío Pepe Festival Loquillo en el Tío Pepe Festival

Loquillo en el Tío Pepe Festival / Fito Carreto

Fue en esa parte del concierto en la que se licuó con su tiempo, cuando regresó al descampado junto a El Alcázar y el público de Jerez gritó a voz en cuello los himnos de la juventud, incluida aquella bellísima canción de ambiguo mensaje, pero que él defendió como la primera canción contra la violencia de género, La mataré (hay organizaciones feministas que no piensan lo mismo). Con Quiero un camión jugueteó con la audiencia para culminar al grito de ¡Jerez quiere un puto camión!, con Rock and roll star dejó que los fans hicieran el trabajo por él, y con Carne para Linda bajó a la platea para darse la mano, uno a uno con todo aquel que quisiera estrechársela. Todos querían. Qué tipo más simpático.

Loquillo, un caballero del rock, ha crecido con nosotros. Una rock and roll star con alma sentimental, un duro de buen corazón. Le dijeron yo te haré rico, tú sólo has de cantar bien sino te pegan diez tiros en la puerta del hotel. No ha pasado ni una cosa ni otra y ahí sigue. Lo ha conseguido sólo a base de integridad. Chapó por este cincuentón. Un ejemplo para lo poco que queda de este negocio.

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