Cultura

Aurelia María Romero y Pedro J. Mesa redescubren a El Bosco

  • Ambos han escrito un ensayo-psiquiátrico para comprender al artista

Fragmento de la portada del libro de Ana María Romero y Pedro J. Mesa.

Fragmento de la portada del libro de Ana María Romero y Pedro J. Mesa.

La Editorial Universidad de Sevilla ha editado el libro ‘El Bosco. Los enigmas de su obra y de su personalidad’, un ensayo artístico-psiquiátrico clave para comprender a un artista tan enigmático como, sin duda, lo fue El Bosco. El libro consta de dos partes claramente diferenciadas, la primera parte ha sido escrita por Aurelia María Romero Coloma, especialista en Historia del Arte, Doctora en esta especialización por la Universidad de Sevilla, y autora de un sin número de publicaciones científicas en diversas Revistas prestigiosas especializadas en Historia del Arte, así como autora de quince libros-ensayos sobre temas artísticos.

La primera parte del libro, claramente diferenciada de la segunda parte, trata sobre la producción pictórica del artista. Obra a obra, se va abordando el elenco de las pinturas del Bosco, incidiendo en aquellas que son más carismáticas y que tienen una mayor resonancia a nivel artístico e histórico. También hace referencia la autora a la psicología del artista, entendida ésta como clave a la hora de comprender bien la simbología que desprenden sus pinturas.

En la segunda parte del libro, Pedro J. Mesa Cid, Catedrático de Psicopatología de la Universidad de Sevilla, presenta una panorámica de la psicología del arte, haciendo una revisión crítica de las diversas interpretaciones que se han realizado sobre la personalidad del artista. Además, lleva a cabo, a un tiempo, una novedosa propuesta sobre el posible perfil de su personalidad, concluyendo que El Bosco pudo ser, más allá de cualquier duda razonable, un hombre de temperamento introvertido, sensible, reflexivo, con tendencia a la inestabilidad emocional, a la imaginación creativa, a los sentimientos depresivos y con una percepción sesgada hacia acontecimientos negativos.

Una forma de ser que le permitiría mantener sus preocupaciones y pensamientos pesimistas, aunque estos dos rasgos últimos pudieran estar matizados por las propias vivencias y las circunstancias que constituyen, al menos, la mitad de los factores no genéticos que determinan la personalidad, o sea, los factores ambientales y el aprendizaje.

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