Cultura

Orígenes

  • Un recorrido por la exposición 'Origen' del artista plástico David Saborido y el fotógrafo Miguel Ángel González ubicada en la sala Pescadería Vieja

Era la típica noche de verano. Una cena a la luz de las velas en una azotea cualquiera de la ciudad. Ni gota de fresco. Un grupo de amigos, entre ellos, el artista plástico David Saborido y el fotógrafo Miguel Ángel González. Una variada conversación. Avanza la velada y se vierten sobre la mesa propuestas creativas que se van reduciendo a una, a la acertada.

Todo surgió como un juego, crear a través de una palabra un trabajo, una exposición conjunta en la que cada uno mostrara lo que ese concepto les inspiraba, les motivara. Fue el origen de 'Origen', de una historia libre, en un espacio en el que se comparte la emoción de la pasión por el arte que llevan dentro. Un año sin casi verse, ni tan siquiera compartir lo que estaban desarrollando cada uno en su estudio, en torno a esa palabra. Era el secreto mejor guardado, hasta el pasado jueves en que todo se desveló en la sala Pescadería Vieja.

'Origen', donde la fotografía se hace sufrimiento, donde el creador, en este caso, Miguel Ángel González, se enfrenta a sí mismo para dar forma a una serie de criaturas que hablan del ser humano, de la vida, de la muerte, dentro de un bucle como si fuera el ciclo del agua. Gotas que son mil gotas y cada una de ellas guarda dentro otras muchas vidas. El cuerpo como continente caduco de un contenido que se regenera. Sin agua no hay vida, no hay cerebro que de sí, ni órganos que respondan a la voluntad del artista.

Dos escenarios, un primer plano del agua y un desaturado del cuerpo humano, en una obra en el que todos tienen su protagonismo justo, ninguno más que otro. El origen es el amor, la huella que cada uno quiere dejar tras la muerte. El ciclo de la vida, que nace en el liquido y no acaba en polvo sino en agua de nuevo. Un planeta azul de divinidad, esencia, intelecto, espíritu, emoción en cuerpos que parecen sirenas que surgen de las profundidades como Venus, y que viven de la mano de la diosa madre. Obras que están vivas a las que el público se acerca, se aleja, para descubrir en las formas otras formas de arte.

Una historia, al fin y al cabo, terrenal en la que los seres retratados se dividen en ellos mismos dentro de miles de gotas de agua. Herencia y genética. Que nadie busque en esta exposición rastros de flamenco y danza, que tanto han construido el currículum del autor, porque lo que encontrarán es a un Miguel Ángel González transformado, triunfante de esa batalla contra los elementos. El sufrimiento hecho amor. Vuelve al principio para ser otro, sin dejar de ser él.

Y en la pared de enfrente, David Saborido pierde la conciencia. Cuelga, sin palabras, su pintura, que pertenece a un estado emocional de uno mismo, sin sujeto ni predicado, solo pertenece al concepto 'Origen'. Obras íntimas, personales, que nacen de las entrañas del pintor como luces y sombras, formas, composiciones, manchas, estructuras que evocan la realidad del concepto y que parecen esperar a que alguien suba a escena. Quizás bailan sin moverse con las figuras que le miran tras el cristal estrellado de agua del fotógrafo. O simplemente, son un baile en solitario, una meditación, un mantra, una levitación del color y del blanco y negro. Donde nadie moleste.

La obra de Saborido es aquello que queda después de que el autor intente explicarla. Esa es su creación, habla por sí misma. Nace del origen, pero no lo explica. Solo es pintura, emocionante eso sí, nutrida de un sentimiento abstracto, sin enlace verbal. Cortinas de colores que parecen esconder la silueta detrás. Un misterio para el espectador, porque el misterio también es el origen. Partir de la sensación de máxima pérdida, de un caos, de un desorden del que emana trabajo pictórico, el arte puro.

Dos trabajos tan diferentes pero con un mismo punto de partida. Es el cielo sobre la tierra. Un reto que ha servido para que los propios autores se encuentren con ellos mismos en el camino de la creación. Recolocarse, incluso mirar atrás, al inicio de sus vidas artísticas.

Admiradores mutuos, aquí no hay duelos, sólo el objetivo de unir en el mismo espacio la pasión por lo que hacen. Una magnífica exposición, de un elevado nivel, de lo que significa el origen. Dos historias válidas, diferentes, que se complementan. Libertad para el disfrute personal y del espectador. Obras que respiran, que están vivas y dejan su impronta, una estela. Quien así no lo ve, sólo es un muerto viviente, que los hay.

'Origen' se puede visitar en la Sala Pescadería Vieja hasta el 13 de noviembre, de martes a viernes, de 10 a 13,30 horas y de 18 a 20,30 horas. Sábados y domingos por la mañana.

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