Cultura

Pasión a pie de escenario

Un momento de la actuación de Pasión Vega. Un momento de la actuación de Pasión Vega.

Un momento de la actuación de Pasión Vega. / sonia ramos

"¿saben ustedes que me llaman Anita? ¿Saben de dónde vengo yo?", preguntaba al respetable Pasión Vega en la recta final de su regreso musical a Cádiz dentro el Concert Music Festival de Sancti Petri. A modo de confesión la artista logró lo inaudito, arrastrar con su incomparable voz a una audiencia entregada a pie de escenario tras más de dos horas de recital, con la emoción in crescendo y el alma en los labios, al calor de su talento forjado en un cuarto de siglo de canciones y actuaciones memorables, en la desnudez del corazón abierto. Preguntar para atraer, cantar para obnubilar, llorar hasta emocionar. Continuar hasta que la música decida tocar a su fin.

"Soy madrileña-malagueña pero bautizada en La Caleta", respondía. La magia de Pasión Vega no entiende de barreras ni banderas que terminan siendo de nadie cuando se siente de veras. Las primeras notas de guitarra y flauta para poner en escena una de sus ineludibles, Malagueña, y el guiño a su ídolo Serrat con Mediterráneo, fueron ese chispazo que necesitaba el público para saltarse la distancia de cortesía y acudir a la llamada de la intérprete. "¡No, déjales!", clamaba la cantante al personal de seguridad del recital, "que se acerquen… Espero que nos sigamos viendo para seguir celebrando la música que es la mejor manera de que no se gasten las palabras".

La música, esa que lleva regalando 25 años y que ha tenido como celebración la publicación del disco 40 Quilates, se impuso sin límite físico ni emocional entre la intérprete y sus fieles. Cuajó un ramillete de canciones de toda su trayectoria, asidas firmemente por siete músicos como siete puntales. Y sin embargo te quiero, Teresa, La gata bajo la lluvia, Tan poquita cosa, Desnuda tengo el alma, Fina estampa, Habaneras de Cádiz… Cádiz siempre en la voz y en la entrega. En la noche del viernes y como en tantas otras, con un público emocionado desde la admiración. Sancti Petri vibrando como nunca.

Una noche, sin duda, también especial para esta gran dama de la canción. Su familia sonreía y jaleaba orgullosa desde las sillas. Sobrinos, hermanos e hija, a la que dedicó una versión de La Tarara muy tropical, insólita, con tumbao y razón de ser. La suya, su Alma.

Bailó mucho pero también reivindicó a María, esa luchadora que se bebe las calles hoy más que nunca, sin puertas ni cerrojos. Sonó atronadora la bella letra de Antonio Martínez Ares en unos tiempos convulsos donde la libertad sigue siendo proclama, que no privilegio.

Tiene en su garganta Pasión Vega la llave de tantas historias y confidencias que resumirlas en una sola canción sería una tarea tan titánica como absurda. Mejor oírlas cerquita, como en el festival de Concerto Tour en Sancti Petri, a pie de escenario donde demostró una vez más que es, quizá, la intérprete más completa del panorama musical español. Una voz sin fecha de caducidad y brillo incandescente.

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