Cultura

Quico Rivas. In memoriam

HACE unas semanas el mundo del arte se encontró con la desgraciada noticia de la muerte de Quico Rivas. El fue uno de los impulsores de la modernidad en aquel arte español de los años sesenta y setenta que pretendía sacudirse los estigmas de la tradición y reconquistar un tiempo nuevo, que tardaba mucho en hacerse presente por culpa de los intereses ultramontanos de muchos.

Quico Rivas fue protagonista de un momento de suma expectación; un tiempo que exigía vivir a contracorriente y actuar impulsado por una necesidad y por unos anhelos que no era fácil hacerse con ellos.

Yo lo conocí cuando en la Sevilla de los años setenta se estaban poniendo las bases para romper con un pasado que era demasiado longevo. Era marzo de 1974 cuando tuvo lugar en la ciudad hispalense la apertura del Centro M-11. Se trataba de una fórmula novedosa por la cual se pretendía algo híbrido entre galería, museo y centro de arte. Al mismo tiempo se quería que fuese un ente vivo donde tuvieran cabida toda clase de actividades culturales; se proyectó una biblioteca especializada, una especie de editorial donde se publicaran catálogos y libros, salas destinadas a talleres, conferencias, proyecciones y actividades musicales y teatrales. Se buscaba, en definitiva, una institución privada entre cuyos abiertos objetivos se encontraba el de activo centro cultural. Magnífica idea, promovida por dos avispadas figuras, Juan Manuel Bonet y Francisco Rivas, Quico Rivas que, en poco tiempo, revolucionan los ambientes culturales sevillanos. Ellos formaban como artistas el Equipo Múltiple, crearon la sección crítica de El Correo de Andalucía y potenciaron, con sus infinitas experiencias el dormido panorama de la ciudad. El Centro M-11 tuvo su sede en la Casa de Velázquez, contó con un socio capitalista, José Guardiola y otros miembros técnicos como Manuel Salinas, Diego Carrasco, Alberto Corazón y Francisco José de la Peña. Durante el poco tiempo que duró -cerró sus puertas poco más de un año después- se pudo ver en Sevilla la obra de Antonio Saura, Luis Gordillo, el Equipo Crónica, Eusebio Sempere, Manolo Millares, el escultor Alberto Sánchez, así como los artistas sevillanos con más proyección, Manolo Quejido, Félix de Cárdenas, Francisco Reina, entre otros. Sin embargo el ambicioso proyecto no cuajó. En poco tiempo se detectó un fracaso económico y una escasa repercusión en el contexto general de la sociedad de Sevilla.

Lo que podía haber sido el definitivo impulso cultural y artístico de la ciudad se quedó en un magnífico esbozo de realidad. En aquel ambiente Quico comenzó a hacerse notar, también como pintor. Después fue un personaje importante en un arte español, ya con la modernidad conquistada, aunque de forma poco trascendente y con muchos aspectos, todavía, por conseguir y asumir.

Quico Rivas escribió páginas importantes de un arte hacia delante, donde sólo tuvieran cabida los verdaderos compromisos con una plástica que requería mucho de verdad. En este tiempo, ha tocado muchos palos, todos con entusiasmo. Lo hemos visto escribiendo auténticos tratados de contemporaneidad, ejerciendo comisarías importantes, realizando una pintura amplia, de muchos y buenos postulados - sobre todo dejando la esencia del que de esto sabe más que casi todos los demás - y dinamizando, en definitiva, una parcela cultural que él ha contribuido a poner muchas de sus bases sustentantes.

En Neilson Gallery de Grazalema, ese espacio expositivo que tanto está haciendo por el arte de la provincia, Lita Mora y Pablo Sycet, rinden un homenaje de admiración al artista desaparecido. Ellos, con sus diversas concepciones plásticas y estéticas, asumen muchos de los compromisos que Quico Rivas materializó a lo largo de su vida. Nosotros, desde aquí, nos sumamos con ellos, al recuerdo eterno de uno de los últimos grandes de nuestro arte más inmediato. La Grazalema que en los últimos tiempos se había convertido en su localidad de residencia, es el centro neurálgico para que la memoria de Quico Rivas sea imperecedera. Lo justo hubiera sido que todo el arte nacional hubiera patrocinado un gran homenaje. Menos mal que siempre hay almas justas que asumen los retos. Aquí todos nos teníamos que haber puesto de acuerdo. Descanse en paz.

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