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'Serotonina' de Michel Houellebecq: la sacudida ritual

  • La nueva novela del autor francés, que llegará a España el próximo miércoles día 9, ha sido recibida en Francia como un acontecimiento más allá del mundo libresco

El escritor francés Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1956). El escritor francés Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1956).

El escritor francés Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1956). / Andreu Dalmau (Efe)

Todo el mundo, todo el mundo que se interesa todavía por los libros, se entiende, parece estar hablando de Serotonina, la última novela de Michel Houellebecq. El libro, que llegará a las librerías españolas el próximo miércoles día 9 de la mano de Anagrama, ha sido recibida ya en Francia como un acontecimiento cultural. No es precisamente nueva esta capacidad del novelista de captar el espíritu de su tiempo. Algunos, especialmente entusiastas, hablan de la capacidad de anticipación del escritor, que en esta obra vuelve a escarbar en el malestar de los orillados por el Sistema.

Siempre controvertido, y también siempre escuchado o leído, hasta el punto de que alguna vez hasta el propio Gobierno galo ha entrado al trapo, Michel Houellebecq describe una Francia contemporánea donde junto a las escenas pornográficas (zoofilia y pedofilia incluidas) se dibuja un país violentado por los rapaces procesos de la economía globalizada, dispuesto a levantarse contra la autoridad, con los agricultores bloqueando autopistas y amotinándose contra el poder de la capital, lo que ha llevado a muchos a leer la obra en clave de sorprendente augurio –como es natural, la novela se escribió mucho antes– de los disturbios de los chalecos amarillos.

Florent-Claude, el protagonista de Serotonina, es un hombre de 46 años, deprimido y anclado en las lamentaciones, que recuerda los fracasos amorosos que explican hoy su soledad, al tiempo que muestra su repugnancia por los parisinos burgueses y su conciencia ecologista infiltrada de consumismo, lo que, a su juicio, ha reventado el mercado interior de los productores autóctonos.

El libro arranca con un viaje por una carretera de Almería, con descripciones eróticas de veinteañeras que levantan la libido de Florent-Claude, quien enfrenta la vida con la correspondiente dosis de antidepresivos –marca de la casa Houellebecq– para favorecer la liberación de serotonina, sustancia responsable de mantener en equilibrio el estado de ánimo.

Parte de la crítica gala le ha recriminado su falta de novedad. "Se trata efectivamente de Houellebecq: primer antidepresivo en la página 8, primer Mercedes 4x4 en una carretera española en la 13, primera triste masturbación en la 18 (...) No es el inicio de una novela, es una recopilación de sus mejores éxitos", escribió Jérôme Dupuis en la revista L'Express. Ninguna de estas objeciones ha significado un problema. El eco mediático del lanzamiento ha sido enorme.

No menos espectacular ha sido la exhibición de músculo de su editorial, Flammarion. Su tirada inicial de 320.000 ejemplares representa, ya de por sí, un hecho extraordinario, pues la tirada media de un libro en Francia se sitúa en torno a los 5.000 ejemplares.

"A Houellebecq o lo odias o te encanta, lo que está claro es que todo el mundo lo conoce", admite una de las responsables de dicha librería, Elodie Murzi. La fuerte potencial comercial de Houellebecq, en colaboración con el torpedeo de artículos –como éste, sin ir más lejos...– ya sea para alabar al autor o para comentarlo con más distancia, hacen de sus novelas un anzuelo para atraer a un público que sólo frecuenta las librerías "ocasionalmente", celebra la librera.

Entra en el establecimiento un lector. Se confiesa seguidor de Houellebecq desde sus comienzos con las formidables y muy incómodas Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales y Plataforma. El lector, que se identifica como David Elio, sale de la tienda con su ejemplar de Serotonina bajo del brazo y destacando la capacidad de Houellebecq para "hablar de cuestiones universales" y crear personajes "nihilistas, tristes y frustrados", lo que a su juicio tiene mucho de retrato "autobiográfico".

Hace cuatro años, su novela Sumisión terminó por catapultar al ganador del Goncourt en 2010, gracias al halo místico que ya envolvía su creación, rica en lo que muchos califican de "profecías". Las predicciones del mago Houellebecq era precisamente el título que el semanario satírico Charlie Hebdo llevaba en portada el 7 de enero de 2015 para hablar de aquella ficción política en la que el país cae en manos del islamismo. Esa misma mañana, dos terroristas del Daesh entraron armados a la redacción de la revista, provocando una matanza que sumió al país en el inicio de una era de psicosis. Sumisión, que aparecía justo ese día, fue leída como una advertencia premonitoria.

Con esta nueva criatura alumbrada, Houellebecq practicará ahora una "estricta dieta mediática", según su editor, y dejará al país y a sus lectores especular con sus páginas, a la espera de la creación de su próximo antihéroe.

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