Cultura

Trasplante de Trasplantado

  • La Fundación NMAC de Arte Contemporáneo, en Montenmedio, negocia vender uno de sus símbolos, el árbol metálico de 14 metros de Roxy Paine

En 2001 se produjo una conjunción de astros. Un joven artista neoyorquino de 34 años, Roxy Paine, entró en contacto con Jimena Blázquez, la hija de Antonio Blázquez, un empresario muy cercano a Felipe González desde antes de que se pusiera en marcha la Transición, cuando González todavía era conocido como Isidoro.

La hija de Antonio Blázquez preparaba casi treinta años después de los tiempos de la clandestinidad de su padre y su amigo Isidoro, un espacio absolutamente revolucionario dentro del arte contemporáneo, emblema de la España moderna, en una parte de la finca Montenmedio, entre Vejer y Barbate, que su padre había adquirido a buen precio a finales de los 80, cuando el Estado reprivatizó el holding Rumasa, a quien pertenecía esta dehesa.

Y así Jimena Blázquez se convirtió en mecenas de Roxy Paine. Quería que una obra suya fuera el símbolo del nuevo espacio de arte. El proyecto era ambicioso. Consistía en que, en un entorno natural, los artistas realizaran una producción destinada exclusivamente para ese lugar paradisiaco. El resultado se llamaría, y se llama, Fundación NMAC. Entre sus patronos hay instituciones públicas como la Diputación o los ayuntamientos de Vejer y Barbate, personajes de gran relevancia en los años de la Transición, como el actual consejero delegado de Prisa, Juan Luis Cebrián, conocidos asesores de grandes multinacionales como Luis Huete, o artistas internacionales tan célebres como Marina Abramovic. La inauguración del espacio estuvo acorde a su ambición. Cuentan algunos presentes que durante tres días "no faltó ni un galerista ni un artista que fuera alguien en este mundo. Estábamos todos".

Paine, que iba a ser punta de lanza del proyecto museístico, no era un desconocido en determinados ámbitos. Había adquirido cierto renombre con su Cena de los dictadores, que era una mesa vitrina con los platos favoritos de Hitler o Napoleón. También tuvo éxito su Amarita Muscaria Field, un homenaje a las más célebres setas alucinógenas representadas sobre el parqué de una sala de arte alemana.Para la familia Blázquez proyectó en aquel 2001 un gran árbol de aluminio de 14 metros que se colocaría entre el arbolado original de la finca. La obra se llamó Trasplantado y ha estado acompañando el bosque mediterráneo de Montenmedio durante más de una década. Ya no está.

Aquel árbol plantado en Montenmedio fue el primero de una serie realizada por Paine y que le propulsaría definitivamente a la fama cuando consiguió ganar un concurso para colocar sus árboles metálicos en pleno Central Park. El traslado, el trasplante, de Trasplantado ha levantado cierta polvareda en el mundillo del arte contemporáneo sobre la situación de la Fundación NMAC, con más de 150.000 visitantes en sus más de diez años de existencia y con programas educativos para acercar a los escolares al arte contemporáneo. Pese a estos datos, los expertos aseguran que, aún teniendo una colección que es muy difícil encontrar en Europa, "es muy raro ver visitantes allí. Vendiendo entradas, desde luego, no se sostiene".

El proyecto global de Montenmedio, diseñado por Antonio Blázquez, ha tenido múltiples reveses judiciales y su propietario decidió hace unos años vender buena parte de la finca para mantener lo que eran sus dos iniciativas más personales, la hípica, con el Circuito del Sol, y la artística, pilotada por su hija a través de la NMAC.

Jimena Blázquez manifestó ayer a este medio que, pese a la difícil situación económica del país, "nosotros no estamos en peligro". La desaparición de ese símbolo de la Fundación que era el árbol metálico de Paine se debe, según ella, que ostenta la vicepresidencia de esta institución, a un préstamo a otra fundación de Estados Unidos. En principio, reconoce Fátima Blázquez, ese préstamo iba a ser por seis meses, pero existe un interés de los americanos por adquirir la obra, "ya que Paine ya no trabaja con estos elementos". Blázquez no habla de dinero, pero expertos en arte consultados aseguran que una obra de esas características "no es descabellado que pueda alcanzar en el mercado el millón de dólares. Un Paine se paga muy bien. Otra cosa es encontrar quién te lo pague".

Tampoco se encuentra ya la fuente meona (un vehículo policial de los grises) que estaba instalada en un lago, firmada por el artista Fernando Sánchez Castillo, y que fue una de las sensaciones de la primera Bienal de Sevilla. En este caso, según Blázquez, se trata de que "la obra estaba muy deteriorada. Parte del arte que exhibimos es efímero".

Blázquez insiste en que no existe un plan para ir desprendiéndose de obras realizadas expresamente para la NMAC, que ha conseguido crear un catálogo que incluye figuras tan legendarias como la propia Marina Abramovic, Sol Lewitt o James Turrell. Estas obras se han financiado, durante los años de bonanza, con la aportación de otras fundaciones, algunas de ellas vinculadas a la construcción, como Vipren, que participó en la aportación de la obra de Lewitt, todo un lujo para cualquier museo. Otra forma de mantener viva la Fundación estaba en los fondos estructurales europeos, como en el caso del proyecto del edificio White Stripe, del arquitecto Campo Baeza.

Esa situación boyante ha cambiado y, pese a que Jimena Blázquez afirma que la Fundación va a seguir su andadura, reconoce también que NMAC camina hacia un cambio de modelo. "Ya no trabajamos tanto la producción propia de obras. La situación económica hace más difícil producir. Enfocamos más nuestra tarea hacia talleres que promocionen a artistas jóvenes".

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