Cultura

"Vivaldi es tan bueno que ni te das cuenta de lo bueno que es"

  • La violinista cartagenera Lina Tur Bonet registra con su conjunto Musica Alchemica un segundo álbum con sonatas y conciertos de Antonio Vivaldi inéditos en el medio discográfico

Cada uno de sus proyectos discográficos despierta el vivo interés de los aficionados ("llevamos una media de tres mil escuchas diarias en Spotify"), y para Lina Tur Bonet, esta violinista que pasa con absoluta naturalidad de Bartók a Biber, de Hosokawa a Corelli, cada proyecto es especial y trata de destacarlo con colaboraciones que aportan componentes visuales a sus álbumes. En Corelli fue una joya ("que representaba las ornamentaciones"), en Biber, una serie de fotos personales; para su nuevo Vivaldi, "la moda, en representación de la Venecia de la época. Hablé con Dolores Nicolás, que ya me había prestado ropa para alguna ocasión, y pensamos en dos vestidos que se llamaran como las dos niñas de la Pietà favoritas de Vivaldi, Anna Maria y Chiaretta. Una cosa barroca y moderna a la vez".

En la misma línea cabe poner un par de fotos promocionales en las que Lina, embutida en cada uno de los vestidos, juega al pinball con la funda de su violín al lado. "En esa época lo mejor que podía hacer una mujer era casarse. Pero muchas de estas chicas de Vivaldi preferían no hacerlo, les iba fenomenal, de fiesta en fiesta, de casino en casino. Venecia era una fiesta pura todo el día. La idea era trasladar a esas chicas que salen del ensayo, entran con su violín en un salón de juegos y se pasan un rato despreocupadas jugando, al pinball en este caso, como en su época sería a otra cosa. Era transmitir esa idea lúdica de una mujer a la que le va bien en la vida y disfruta de Venecia".

Voy saltando de repertorio en repertorio. Me gusta ser como una actriz que cambia de registro con cada papel"

En este cedé, culmina la publicación de las conocidas como Sonatas de Graz, que Tur Bonet empezó en su anterior entrega vivaldiana (entonces fueron dos, y ahora tres): sonatas de las que sólo se preservó la parte del violín y que completó el musicólogo y violinista Olivier Fourés. El álbum se completa con tres conciertos de Vivaldi: "El Concierto en re mayor RV 226 estaba inédito en disco. En principio parecía una cosa pequeñita. Luego nos hemos dado cuenta de que es un conciertazo". Del Concierto RV 311 sí había grabaciones, "pero sin el violín en tromba marina". La tromba marina (o mariana) era un raro instrumento de una sola cuerda que se usaba sobre todo en conventos femeninos para imitar el timbre de la trompeta. Vivaldi escribió algunas obras en la que el violín debía sonar imitando a la tromba marina. "Es un concierto pequeño, pero que nos deja una sorpresa muy especial en el segundo movimiento, que no puedo escuchar sin emocionarme. Es uno de los movimientos más bonitos de Vivaldi, con ese sonido de la tromba marina tan especial. Yo le llamo el Cyrano de Bergerac, porque es como un tío muy feo diciendo cosas muy bonitas. Es una auténtica perla". El más importante de estos conciertos es el que da título al CD. Il Grosso Mogul es una obra bien conocida y tocada y grabada muy habitualmente, "pero nosotros hemos hecho la versión original, que permanecía inédita. Hay pasajes nuevos, que en alguna revisión Vivaldi decidió quitar, quizás para facilitar la ejecución, porque se trata de una obra de extremo virtuosismo. Del tercer movimiento existen varias cadencias y esta es la más larga, dura cinco minutos y se ha grabado poco. Recientemente la grabó Rachel Podger y ahora nosotros. No lo hemos hecho por añadir más virtuosismo del que la obra ya tiene, sino por usar una que fuera menos conocida".

En el anterior disco de Vivaldi, Lina Tur Bonet y Musica Alchemica incluyeron un movimiento lento de Vivaldi con las ornamentaciones de Pisendel. "En esta ocasión hemos tomado un movimiento de un Concierto que Pisendel debió de escribir en 1716 o 1717 cuando estudió con Vivaldi en Venecia y se lo presentó para que lo corrigiera. En el manuscrito se ve que Vivaldi hace algunas correcciones, pequeñas cosas, pero toques maestros. Es pues el movimiento de un concierto de Pisendel corregido por Vivaldi, que ayudaba también, junto a las Sonatas, a conectar este disco con el anterior".

Entre los dos álbumes de Vivaldi, Lina Tur Bonet grabó las Sonatas del Rosario de Biber y la Op.5 de Corelli. "¿Si eso afectó a mi visión de Vivaldi? Tenía un alto concepto de Vivaldi antes, y ahora más aún. Pero no por comparación. Las obras que grabé de Biber y Corelli son extraordinarias. Pero en Vivaldi hay algo que es difícil de explicar porque es muy simple. Vivaldi es tan bueno que ni te das cuenta de lo bueno que es. Es como cuando miras un edificio estupendo y tampoco le ves nada especial, hasta que te das cuenta de que sus proporciones son perfectas. Con lo buenos que son Corelli y Biber, vuelves a Vivaldi y admiras aún más la fuerza y la variedad de su música, los afectos que consigue con no demasiados elementos. En Biber hay muchos colores, pero un carácter general. En Corelli, igual. En Vivaldi vas de un sitio a otro continuamente. Este disco está lleno de contrastes, desde la salvajada del Grosso Mogul que es rock puro de la época. Ahí están la fuerza, los colores, la extravagancia de una Venecia que por entonces estaba tan llena de turbantes como de pelucas. Ese exotismo que aparece también en el concierto en trombamarina, y luego te topas con los movimientos lentos, que son de una gran variedad: el del Grosso Mogul es una tragedia griega, el del otro concierto en re mayor es la cosa más simple, más graciosa y más bonita que hay, y el de la tromba marina es un movimiento lleno de ternura y nostalgia venecianas. Con cuatro pinceladas, Vivaldi era capaz de dibujar cuadros completamente distintos. Cuanto más conoces a los otros grandes maestros más te das cuenta del poder de su música".

Para los conciertos, Musica Alchemica se presenta en formación de cuatro violines, viola y continuo (cello, contrabajo, tiorba, clave). "No es un disco con tantos colores como el de Biber. Es más de solista. Me gustan los grupos pequeños. Este tiene el tamaño justo para que un concierto de la envergadura del Grosso Mogul pueda tener fuerza y a la vez libertad. Me gusta mucho trabajar con la agógica, la dinámica, el rubato. Cuando tienes pocos músicos pero estos son buenos, todo es mucho más flexible. Puedes transmitir tus ideas y liderar con facilidad. Tengo un grupo estupendo, con músicos de primera fila que vienen de todos lados".

La versatilidad de la violinista española se aprecia en algunos de sus próximos proyectos: "Hago en Tokyo un concierto con obras de Takemitsu, Hosokawa, Granados, Falla y una pieza nueva que me está escribiendo Sánchez Verdú para violín y cantante de teatro noh. En enero debe de salir un disco que he grabado con Enrico Onofri con los dúos de Bartók más un dúo de Vivaldi sin bajo, una curiosidad exquisita. En el horizonte, hay un disco con música de stylus phantasticus. También Bach y Haendel. Voy saltando de repertorio en repertorio. Me gusta ser como una actriz que cambia de registro con cada papel. Me encanta eso".

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