Arte

El aliento de la danza, por Juan Carmona

  • El pintor jerezano inaugurará este jueves en los Claustros una muestra en la que bailarines son protagonistas a través de su creación

Imagen del cartel de la exposición. Imagen del cartel de la exposición.

Imagen del cartel de la exposición.

En colaboración con el Ayuntamiento de Jerez, el pintor Juan Carmona Vargas (Jerez, 1965) presenta su última obra en una exposición titulada ‘Del tiempo y la danza’ que será expuesta en la Sala de Profundis de los Claustros de Santo Domingo. En el acto de presentación, que tendrá lugar este jueves, 20 de febrero, a las 20 horas, participará la directora del Mes de Danza de Sevilla María González, interesada en crear resonancias entre la danza y otros lenguajes artísticos.

La muestra está incluida en la programación paralela que el Ayuntamiento realiza dentro de los actos con motivo del Festival de Jerez 2020, que se podrá visitar hasta el 15 de marzo. El horario que tiene es de martes a viernes de 10,30 a 13,30 y de 18,00 a 21,00, sábados y domingos de 10,00 a 13,45 horas; los lunes y festivos cerrado.

‘Del tiempo y la danza’ consta de 32 pinturas al acrílico y es una nueva vuelta de tuerca en la trayectoria de Carmona, más centrada anteriormente en el paisaje, siendo un acercamiento a la danza contemporánea o de creación, no con la pasión por la belleza del cuerpo humano de la tradición griega, sino centrando la atención en el espacio, en ese fondo donde un mundo puede surgir gracias al vacío, esa universal e indefinible fuerza creadora. Como se podrá apreciar en esta exposición, para su autor lo fundamental en la pintura es el “aire y la luz”, todo lo demás: dibujo, gama cromática, textura, composición está supeditado a lo anterior.

El título de la muestra hace referencia a que si bien en la danza el tiempo discurre en una sucesión de secuencias, en la pintura el tiempo gira sobre sí mismo para ser pura ilusión, captando el pintor a los bailarines como sombras que vienen de esa parte secreta de nosotros mismos que la obra de arte ayuda a descubrir.

Para él, la danza aún conserva ese poder ancestral y ritual donde los participantes, poseídos como las marionetas, parecen tener otro nivel y poseer otro estado de conciencia.

Aquí aparecen obras donde se puede identificar o no, a Rocío Molina, Israel Galván, María Cabeza de Vaca, Raquel Madrid, Janet Novas, Anna Jonsson, Yinka Esi Graves o Manuela Nogales entre otros, pero no son retratos, su interés no se ha dirigido al artista en cuestión sino hacia su creación.

Dice el autor que le gustaría “llevaros más allá de los bailarines y sus espectáculos, del espacio que habitan. Llevaros hacia el palpitar de la línea, el aliento de la mancha, el temblor del mismo papel. Porque he descubierto que la danza solo se deja pintar mediante la representación de su aliento. Siendo el resultado manchas, trazos y salpicaduras que danzan y dejan huella del tiempo y en él. Pero yo desconozco de dónde vienen estas figuras, estas damas radiantes y alucinadas, estos bailarines casi incorpóreos que las fotos de Luis Castilla, Javier Fergó o Ana Palma, me han traído a mi caballete. Estas miradas cómplices que a lo largo de todos estos años me han acompañado y han sido mi punto de partida, junto con mi propia experiencia como espectador”.

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