El buque escuela Elcano navega "simbólicamente guiado por España"

La doctora Martínez profundiza en Jerez en el debate entre Minerva e Hispania como figura del mascarón de proa.

La librería Planeta Zocar abre una segunda tienda en Jerez

La doctora Maria Elena Martínez, durante su intervención en la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras en Jerez
La doctora Maria Elena Martínez, durante su intervención en la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras en Jerez

La Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras celebró este pasdo martes conferencia titulada 'Jerez y el mar. El mascarón de proa del Juan Sebastián de Elcano. ¿Minerva o Hispania?'.

La presentación estuvo a cargo de José Carlos Fernández Moreno, académico de Honor de la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes.

Fernández Moreno realizó una detallada semblanza de la conferenciante, María Elena Martínez Rodríguez de Lema, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla, donde fue alumna del prestigioso filólogo Juan Gil Fernández, numerario de la Real Academia Española, y doctora por la Universidad de Cádiz con un trabajo sobre los fondos humanísticos del Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando.

Subrayó su sobresaliente trayectoria docente durante 38 años, su dominio de seis idiomas —italiano, latín, griego clásico y moderno, francés e inglés—, así como su intensa labor investigadora en torno al humanismo, la cultura clásica y su pervivencia en el entorno gaditano. La definió como una investigadora incansable, dotada de extraordinario entusiasmo y rigor intelectual.

En su intervención, Martínez Rodríguez de Lema partió de una sugerente imagen: un mar indefinido ante el que se acerca Elcano, mientras le espera una figura femenina con corona mural y de laurel, sosteniendo una copa de vino de Jerez. Desde ahí articuló una reflexión sobre la identidad marítima de la ciudad: Jerez ha sido siempre tierra de cultivo, pero con ADN marino.

Recordó que para Estrabón, Xera era un puerto del Lacus Ligustinus, y que Columela hablaba del ager Ceretanus y de la excelencia de sus vides. Citó a Juan Ramón Jiménez —“Jerez, un mar de oro que se bebe”—, a Alberti y a Pilar Paz Pasamar para mostrar cómo el mar forma parte del imaginario literario jerezano.

Explicó que ese mar atlántico, el antiguo Lacus Ligustinus, existió hace miles de años y desapareció por la acumulación de sedimentos del Guadalquivir, dando lugar a la albariza que convierte los vinos de Jerez en únicos en el mundo. «Si hoy la autopista entre Sevilla y Cádiz se recorre sin dificultad, hace mil o dos mil años se habría navegado sobre el agua». Incluso evocó las recientes inundaciones para preguntarse si alguien no habrá pensado si volverá el Lacus Ligustinus.

La conferenciante conectó esta memoria marítima con la toponimia urbana: en los años setenta, nuevas avenidas del norte de la ciudad adoptaron nombres de buques, entre ellas la dedicada al Juan Sebastián de Elcano, en la zona de las antiguas bodegas Croft. Así, la ciudad parecía recordar que tuvo un mar navegable hasta sus puertas.

A partir de ahí desarrolló un amplio recorrido histórico por la tradición del mascarón de proa, con su carácter apotropaico, protector frente a los peligros del mar.

Desde la flor de loto egipcia hasta la jarra de Esciros con la cabeza de ave, pasando por el hippos fenicio con proa en forma de caballo, el ojo avizor de los exvotos mediterráneos o las descripciones de Apolonio de Rodas sobre la nave Argos, construida con ayuda de Atenea, quien dotó a la embarcación de un madero parlante que advertía del rumbo a seguir.

Detalló los atributos iconográficos de Atenea —Minerva para los romanos—: casco hoplita, égida, escudo con la gorgona y la lechuza. No hay duda cuando se representa con esos elementos. Del mismo modo analizó la figura de Neptuno en el Renacimiento, el león rampante impuesto por las ordenanzas borbónicas o el mascarón del Santísima Trinidad, cuya identificación entre Marte y el arcángel San Miguel sigue generando debate.

En este contexto histórico y simbólico se inserta el mascarón de proa del Juan Sebastián Elcano, cuya interpretación oscila entre la diosa Minerva, protectora de la sabiduría y de las artes, y la alegoría de Hispania. La cuestión no es menor cuando el buque escuela se aproxima a su centenario como embajador flotante de España por los mares del mundo. ¿Quién guía realmente su proa? ¿Una diosa clásica heredera del humanismo o la personificación de la nación?.

En el tramo final de su conferencia, María Elena Martínez Rodríguez de Lema centró el foco en el gran debate que acompaña al mascarón de proa del Juan Sebastián de Elcano desde hace décadas: dos lecturas enfrentadas, quienes sostienen que representa a Minerva y quienes defienden que se trata de Hispania. Reconoció que ambas posiciones han aportado argumentos, desde la tradición nominal de una embarcación primitiva hasta la existencia de referencias documentales. Sin embargo, planteó que la cuestión exige comprobar la iconografía con rigor: si realmente fuera Atenea-Minerva, deberían apreciarse con claridad los atributos inseparables de la diosa —casco, escudo, lanza, égida, lechuza— tal como los describen autores clásicos a lo largo de siglos y como ha sido representada de forma constante en las artes.

La conferenciante sostuvo que el modelo presentado por Sáez de Venturini en el proceso de creación del mascarón muestra, en cambio, una figura con corona mural y laurel, rasgos que encajan con la tradición alegórica de Hispania-España. Para respaldarlo, enlazó esa imagen con una larga serie de representaciones consolidadas, desde monedas antiguas hasta emblemas y esculturas del siglo XIX y XX —incluyendo ejemplos muy reconocibles como los frontones del Congreso de los Diputados y la Biblioteca Nacional—, donde la matrona con corona mural y laurel aparece como personificación del país. A su juicio, no se trata de una divinidad a la que se rinde culto, sino de una alegoría que sintetiza una colectividad: España misma.

Desde ese punto, la ponente zanjó que no es Minerva, sino Hispania, quien guía al buque escuela por los mares del mundo, y desplazó el centro del debate hacia una pregunta más significativa: por qué quedó constancia documental de «Minerva» cuando la figura responde a la iconografía de España. Como posible explicación, apuntó la influencia histórica del concepto de las «Hispaniae Minervae», asociado a la imagen de la Minerva sabia y a la mujer culta, una idea que habría permeado en la construcción simbólica de la Hispania alegórica. Con esa lectura, defendió que el mascarón se integra en una corriente artística y cultural plenamente reconocible y vigente incluso en época reciente, reforzando su conclusión de que el Elcano navega, simbólicamente, guiado por España.

stats