Butler y familia tras el apocalipsis

GREENLAND 2 | CRÍTICA

Gerard Butler encabeza el reparto.
Gerard Butler encabeza el reparto. / D. S.

La ficha

** 'Greenland 2'. Thriller. Estados Unidos. 2026. 98 min. Dirección: Ric Roman Waugh. Guion: Chris Sparling, Mitchell LaFortune. Música: David Buckley. Fotografía: Martin Ahlgren. Intérpretes: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Amber Rose Revah, Trond Fausa, Gianni Calchetti

En 1933 Edwin Balmer y Philip Wylie publicaron por entregas Cuando los mundos chocan en la revista Blue Book. Trataba de la puesta a punto de unos cohetes que, cual arcas de Noé, debían salvar a la humanidad que va a ser destruida por la colisión de un planeta. En 1951 el gran George Pal produjo una versión serie B que dirigió Rudolph Mathé y ganó el Oscar a los mejores efectos especiales.

De esto, más o menos, en la estela de tantas superproducciones apocalípticas, trataba Greenland: el último refugio (2020) de Ric Roman Waugh, con Gerald Butler, con el que ya había trabajado en Objetivo Washington DC y volvería a trabajar en Operación Kandahar, al frente. Al igual que en Cuando los mundos chocan, donde los desesperados asaltan las instalaciones donde están los cohetes salvadores, aquella película se centraba en la selección de los más aptos para reconstruir la humanidad y en la desesperación de los restantes por alcanzar los refugios que se han creado ante la inminencia del choque con un asteroide gigantesco.

En esta secuela Ric Roman Waugh y Gerald Butler vuelven a unirse para contarnos como, cinco años después del impacto del meteorito, la familia Garrity -papá Butler y mamá Morena Baccarin repitiendo papel y Roman Griffin Davis como el hijo ya crecidito- y sus no bien avenidos compañeros de supervivencia refugiados en un bunker en Groenlandia (¿le daría esto alguna idea a Trump?), buscan un lugar en el que empezar una nueva vida en un mundo convertido en un infierno, sacudido por todo tipo de cataclismos, lleno de ruinas y habitado por una humanidad bárbara.

Poquita cosa. Más floja que la anterior, que tampoco era para tirar cohetes, es otra historia más de catástrofes y supervivencia que tanto se prodigan desde hace años. Y no de las mejores. Eso sí, se agradece que se sujete a los tradicionales y ya casi olvidados 98 minutos de duración.

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