Cultura

La campiña, un mar de historia

  • El investigador Juan Jesús Cantillo desgrana en una conferencia datos novedosos sobre la presencia del mar en la zona durante el Neolítico

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Por aquellos eternos tiempos del Neolítico y el Calcolítico, Jerez disfrutaba, a su manera, de la cercanía del mar. Hay evidencias de la existencia de explotación de recursos marinos en la zona, como las halladas en yacimientos de las calles Armas y Palma, o en El Trobal en Nueva Jarilla, ubicados en el tiempo del V al III milenio a. C. Subidas y bajadas de niveles marinos hace 20.000 años, provocadas por un calentamiento global, acercan la costa al interior. "Toda la zona del Bajo Guadalquivir se inundó y generó una especie de laguna interna abierta al mar que propicia esa cercanía. Hablamos de unos 7 kilómetros de distancia con la línea de costa", cuenta el profesor del departamento de Prehistoria de la UCA Juan Jesús Cantillo, que ayer ofreció una conferencia sobre 'Los recursos marinos en la Prehistoria Reciente del entorno de Jerez de la Frontera. Análisis de su explotación y consumo', dentro del ciclo 'Siguiendo el hilo de la Historia' organizado por la Asociación Jerezana de Amigos del Archivo. El ponente fue presentado por Esperanza Mata Almonte, presidenta de la ASPHA.

Cantillo, que ha estudiado en profundidad los tres yacimientos mencionados, expuso 'piezas' halladas como moluscos, o los concheros encontrados en los silos de la calle Armas. Pruebas de que aquellas famosas playas de San Telmo, por las que pasara la Vía Augusta, no eran una utopía, un sueño del jerezano. Existieron. A este respecto, el profesor añade que incluso en el yacimiento de Mesas de Asta, "un estudio del Instituto Arqueológico Alemán desvela que había un brazo de mar que penetraba hasta la zona. Y en el yacimiento de Retamar, en Puerto Real, apareció una gran cantidad de peces, como doradas y atunes. Un asentamiento estacional que tendría una aldea base en el interior, por la zona de Jerez, y que se aproximaba hacia el litoral para pescar. Sociedades cazadoras y recolectoras con un modo de producción bastante importante en relación a la pesca y la recolección de moluscos".

A partir del año 3000 a. C., hay un proceso de sedimentación que va rellenado el estuario del bajo Guadalquivir hasta la campiña actual. "Es destacable -añade- que en el estudio realizado, en esos 2.000 años, no hay diferencias apenas de los peces que se pescaban entonces, ni en las almejas, navajas, vieiras, ostras..., a la actualidad. Es prácticamente lo que se sigue comiendo hoy día. Casi que no se han cambiado los hábitos alimenticios desde el Neolítico hasta nuestros días. Por ende, era el mismo tipo de costa que la actual, zonas de playa, predominio de arenas y fango".

Y puede que dentro de miles y miles de años, el calentamiento global devuelva a esta zona la playa de antaño. ¿Por qué no? El nivel del mar va subiendo y puede cubrir de nuevo zonas del interior. Oscilaciones de niveles marinos que, como un ciclo, pueden acercar de nuevo la costa a nuestras casas. "El mar, sin embargo, -concluye- es el gran desconocido porque ofrece muchas posibilidades de estudio, ya no sólo en la Prehistoria, sino en general, que potencian todo lo que puede aportar el mar a la sociedad".

Como actividad paralela a esta conferencia, este próximo sábado, 19 de enero, a las 11 horas, se celebrará una visita al Museo Arqueológico, donde se podrán ver este tipo de evidencias costeras. Hay que destacar que la próxima cita de este ciclo será el 14 de febrero, a las 20 horas, en el salón de actos de la Once, con 'Lealtad, traición, matrimonios y juegos de cañas. Los enfrentamientos 'banderizos' de la élite jerezana bajomedieval', a cargo de Enrique José Ruiz Pilares, del departamento de Historia Medieval de la UCA. La presentación la hará José Antonio Mingorance Ruiz, del Grupo de Investigación HUM 686, Centro de Estudios e Investigación de la Religiosidad Andaluza, de la Universidad Pablo Olavide.

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