El color de Cuba en los Claustros

La otra mirada

El color de Cuba en los Claustros
El color de Cuba en los Claustros
Adrián Fatou

04 de junio 2015 - 05:00

HASTA el 28 de junio puede contemplarse en la Sala de Profundis de los Claustros de Santo Domingo la exposición de fotografías 'La Habana y sus gentes' de los autores Lola Amador y José Vázquez, ambos miembros de la Agrupación Fotográfica Jerezana San Dionisio.

No sé bien qué tiene La Habana que incita, a todo fotógrafo que se precie, a escudriñar en ella con su cámara. Aunque en parte sí que lo sé. Pues a ese efecto llamada tampoco pudieron resistirse Lola Amador y José Vázquez, quienes realizaron dos viajes a la capital cubana, y fruto sobre todo del último en 2014 son esta casi treintena de fotografías que ahora se exhiben en los Claustros.

La Habana y sus gentes, como expresa el título del trabajo, son el centro de atención de las cámaras de estos dos fotógrafos que, como otros muchos, sucumbieron a la vida que destilan las calles de La Habana, al ritmo que vibra en cada esquina o sale de la terraza de los cafés, al devenir diario que marca la vida de esta ciudad caribeña.

Las gentes sencillas que trabajan, disfrutan del ocio o del tiempo, a los niños que juegan, a los jóvenes que pasean, a los turistas, o simplemente a los vecinos que conversan en el portal de sus viviendas, las cámaras de Pepe y Lola los convierten en protagonistas de una historia contada en color.

Y quizás sea el color, ese color del sol caribeño, la nota característica de estas fotografías que reflejan, entre lo documental y lo poético, la vida sencilla y cotidiana de unas personas para las que el tiempo tiene otro ritmo, para las que la felicidad no está en el consumo o la posesión, para las que la vida no tiene más valor que el vivirla.

El barbero, el escribano, el tendero o quienes miran al horizonte de una puesta de sol en el Malecón habanero no tienen más objetivo en la vida que sentir, de forma pausada y alegre, que transcurre. Simplemente que transcurre con las libertades acotadas, con los medios escasos, con las incertidumbres del futuro, pero con el optimismo y las ganas de una vida por vivir.

Quizás ese color sea el que mejor refleja todo esto, quizás ese haya sido el acierto de Pepe y Lola, recoger en sus imágenes ese color especial que la vida cotidiana de La Habana y sus gentes posee.

Y por último permítanme que confiese la envidia que esta pareja de fotógrafos me produce. Pepe Vázquez es un fotógrafo muy experimentado, peina ya las canas de los sesenta, que forjó todo su dominio de la técnica fotográfica en el blanco y negro, y eso marca. Pero que no ha tenido el más mínimo problema en saber sumarse también a la técnica digital, como es el caso de estas fotos. Él y Lola Amador son pareja "en la vida real". Aunque Lola se ha incorporado más recientemente a la fotografía, parece como si hubiera llevado las mismas décadas que Pepe en esto de congelar instantes. Quizás sea porque siempre estuvo ahí, mirando de reojo y absorbiendo todo como una esponja. Y de ahí que sus fotografías sigan un mismo estilo, aunque con miradas distintas.

Ahora ya jubilados, ambos no paran de viajar, y de capturar con sus cámaras la vida que disfrutan juntos, el mundo, los mundos que desfilan ante sus retinas. Por eso, les confieso abiertamente mi envidia.

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