El cómico Juan Dávila convierte el Teatro Villamarta en ‘El Palacio del Pecado’
El monologuista madrileño hará cuatro funciones de su divertido espectáculo con las entradas agotadas desde el viernes 9 hasta el domingo 11
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El cómico Juan Dávila convertirá el Teatro Villamarta en El Palacio del Pecado, un renovado y divertido show en su versión 2.0 que en sus cuatro funciones (desde mañana viernes 9 hasta el domingo 11) ha agotado las entradas en el coliseo jerezano, al igual que en otros escenarios de su gira nacional.
El monologuista madrileño está considerado como 'el mesías de la improvisación'. Sabe cómo empieza el espectáculo, pero el final siempre lo decide el público. La idea de la que se parte es hacer un repaso de los pecados capitales, donde la risa y la diversión están garantizadas. Una propuesta en el que el público va a liberarse, donde “la mierda sale”, como menciona el propio artista en su show. “Lo más real es la energía que se crea con el público, una energía contagiosa y liberadora”, ha afirmado el humorista.
Definitivamente Juan Dávila ha convertido la improvisación en su sello personal. Su propuesta rompe la cuarta pared y transforma cada función en una experiencia irrepetible, marcada por la participación del público, el ritmo trepidante y el humor más libre y provocador. Esa cercanía con el espectador crea una sensación de complicidad que pocos humoristas logran alcanzar. Ha sido pionero en dar voz a personas con enfermedades o afecciones de todo tipo que quieren que se les trate como a iguales, no como víctimas, creando momentos de gran comicidad compartida.
Uno de los grandes catalizadores de su popularidad ha sido el podcast Arde Valencia, que codirige junto a Galder Varas. Lo que comenzó como una charla informal entre amigos se ha convertido en uno de los espacios más seguidos y valorados por los amantes del humor inteligente. Sin embargo, más allá de los focos y el éxito digital, lo que realmente distingue a Dávila es su autenticidad. Y eso es precisamente lo que genera esa conexión tan potente con quienes lo siguen. Su humor no ridiculiza, acompaña; no juzga, invita a pensar.
Con espectáculos que llenan teatros por toda España y una agenda que no da tregua, el monologuista madrileño demuestra que el humor sigue siendo un espacio vital de encuentro y reflexión. En El Palacio del Pecado no hay guion fijo, pero sí una lógica interna: romper el pudor, derribar las barreras entre escenario y patio de butacas y reírse de todo, especialmente de uno mismo.
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