Diario de las Artes

La contundencia formal de la materia

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Detalle de una obra de Pepe Basto.

Detalle de una obra de Pepe Basto.

Anual comparecencia de Pepe Basto en su taller del Arroyo. Cita con una pintura que nos vuelve a reencontrar con un autor en absoluta madurez creativa y que, precisamente, por eso, es capaz de descubrir una pintura con mayor énfasis plástico, con apuestas claras por la búsqueda de nuevas intenciones donde lo formal juega un papel de mayor intensidad estructural y creativo. El pintor jerezano, curtido en miles de batallas con la figuración como determinante registro pictórico, ha dado pruebas de que la plasmación de la realidad, sobre todo, esa que descubre aspectos de lo más inmediato -sus definitivas viñas, sus paisajes camperos con dominios absolutos de la perspectiva, sus cepas centenarias- era la base sustentante de un ideario pictórico muy bien configurado en fondo y forma.

Pepe Basto es un dominador nato de la pintura realista; es un pintor de cercanías, conocedor de lo que tiene ante sí, observante privilegiado de lo inmediato, que sabe manifestarlo, generando buenas proposiciones a una pintura que, ahora, ha ganado en solvencia y trascendencia. Algo que se nota, sobre todo en las pequeñas piezas donde las viñas son protagonistas; en ellas, diluye lo representativo con sabias pinceladas abocetadas que generan máximos desenlaces visuales. Eso es producto de una sobria, sensata y rigurosa evolución. No podía ser de otro modo. Pero, además, esta evolución está ahora en una fase nueva, en un mayor sentido plástico, en una búsqueda de integración donde lo material funde posiciones para encontrar nuevos argumentos que maximicen la propia realidad representada.

La exposición nos sitúa en muchos de los aspectos de esa nueva realidad que trascribe un concepto claro de una figuración contundente donde lo matérico juego un papel determinante. El artista no renuncia a su ideario de siempre; no lo puede hacer porque todo se sustenta en ese conocimiento técnico del que siempre ha hecho gala y que ha descubierto una pintura muy personal con el sello indiscutible de la calidad formal. Sin embargo, hay novedosas formulaciones que desentrañan una pintura con infinita más fuerza plástica. El paisaje, ese paisaje tan particular que siempre ha sido uno de sus basas de mayor fortaleza creativa, queda integrado en unos campos de materia que originan felices interactuaciones plásticas. Lo material adopta unas inquietantes posiciones que acentúan la calidez de la representación y provocan una expectante intensidad textural. Algo que consigue, de forma definitiva, cuando sobre la propia materia, el artista pinta, abriendo infinitos caminos para que el ejercicio plástico acentúe sus ilimitadas argumentaciones representativas.

Otro momento importante de la muestra lo constituye unos paisajes urbanos que el artista estructura con la complicidad formal de elementos extrapictóricos hasta configurar un acertado desarrollo escénico, muy bien confeccionado, que abre los horizontes figurativos para adentrarnos en una nueva visión mediata de lo real.

La comparecencia anual de Pepe Basto en su estudio del Arroyo nos indica la sobria posición pictórica de un artista que ha dado un paso adelante en su consciente caminar de poderoso pintor. A la absoluta sobriedad de sus seguras actuaciones, se ha sumado un especialísimo tratamiento matérico que otorga a las obras una mayor dimensión expresiva, a la vez que intensifica la propia plasticidad de una pintura, potenciando la realidad de lo representado mediante la asunción de elementos muy bien estructurados en ese acertado argumentario pictórico de un pintor consciente y seguro.

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