Diario de las Artes

Otro de los más grandes en Málaga

Piezas de Pierre Alechensky. Piezas de Pierre Alechensky.

Piezas de Pierre Alechensky.

PIERRE ALECHINSKY Centro Pompidou MÁLAGA 

Acabadas las muestras de Picasso / Calder (Museo Picasso) y de Sean Scully (CACMálaga) todo el interés expositivo se traslada a los espacios dirigidos por José María Luna. Sobre todo dos de las muestras que se encuentran en el Museo Ruso, la gran Fábrica de Tabacos, la magnífica titulada 'ANNA AJMATOVA. Poesía y Vida', en la que una serie de artistas de lo mejor de la Vanguardia homenajean a la gran poetisa rusa del siglo XX y 'Santas, Reinas y Obreras', un apasionante recorrido sobre la imagen de la mujer en el arte ruso desde el XIX a nuestros días. Al mismo tiempo, el espacio destinado a las exposiciones temporales del Centro Pompidou, en la bella zona portuaria, se convierte en felicísimo escenario donde se presenta la obra de uno de los más importantes artistas del siglo XX, el pintor belga Pierre Alechinsky.

No sería descabellado comenzar por la historia artística de este pintor de 92 años - nació en Bruselas en 1927 -. Comenzó como ilustrador para, rápidamente, abrazar algunas de las tendencias que, en la Europa de finales de los años cuarenta, desentrañaban un arte lleno de intensidad creativa y contundencia plástica. Por eso, se unió, en 1949, al Grupo CoBrA - acrónimo de Copenhague, Bruselas, Amsterdam, ciudades natales de los principales artistas que lo componían - que se caracterizaba por formas violentas, primitivas y de amplio espectro pararreal, así como un interés exacerbado por un expresionismo formal que asumía todas las posibilidades matéricas. Al mismo pertenecieron artistas de la talla de Christian Dotremont, su iniciador, Asger Jorn y Karel Appel, entre otros.

La poca vida del grupo llevó a Alechinsky a París desde comienza su gran lanzamiento y su gran aventura en el arte del siglo XX. Desde entonces, su actividad se encuentra entre las más activas del panorama artístico internacional y su obra presente en lo más selecto de entre las colecciones y los museos de todo el mundo.

En cuanto a la labor creativa, Pierre Alechinsky es un artista que cabalga entre la pintura de tradición china, la tinta sobre el papel, el surrealismo y el expresionismo de acción; todo con ese lenguaje abierto, poderoso, contundente, con una inmensa carga de ironía y profundizando en estados mentales que lo llevan a entresacar de recónditos escenarios imágenes de muy dispar naturaleza y extrañas significaciones.La exposición que se presenta en el Centro Pompidou de Málaga se nos aparece casi como una gran muestra antológica, no en vano, se trata de una amplia colección de obras realizadas desde 1952 hasta la actualidad.

En ella la pintura sobre papel, el lenguaje particular y único del artista, así como esa personalidad y pureza estructural que lo caracteriza, nos lleva a un encuentro total con un trabajo minucioso que requiere mucha complicidad de la mirada expectante del que lo contemple. No es una muestra para verla de manera rápida. Alechinsky realiza constantemente guiños al espectador. En su obra se amalgaman muchos universos con sus infinitas galerías de imágenes. Cada pieza encierra microorganismos que aparecen espontáneamente envueltos en un retícula que genera la mayor inquietud visual. Incluso nos encontramos que tras los poderosos perfiles pintados, se encuentran antiguos pergaminos, y cartas de navegación, a modo de soportes sobre los que ha ido desarrollando su pasional testimonio descrito - y escrito - en tinta.

'Alechinsky en el país de la tinta', así se ha titulada la exposición malagueña, se compone de setenta y cinco obras sobre papel en la que se compendia todo el universo del artista belga. Su interés por la manera de pintar con tintas como lo hacían los chinos - técnica que aprende con el artista chinoamericano Wallasse Ting -, su extraordinaria capacidad de abstraerse a todo y a todos, su personal forma de creación - con las láminas de papel en el suelo y pintando compulsivamente a la manera de los expresionistas abstractos americanos -, su acusado interés por la caligrafía y ese claro apasionamiento creativo nos hacen partícipes de una especial exposición que, sin lugar a dudas, va a permitir el encuentro feliz con uno de los artistas más importantes del siglo pasado, todavía, en feliz ejercicio.

Muy buena exposición que abre infinita perspectivas para los ojos miopes de los que se creen que son los inventores del arte nuevo.

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