Crítica de teatro

Gran acogida del público en el Villamarta a la obra 'Dos tontos y yo'

  • Flo, José Mota y Santiago Segura desarrollan su forma de entender el humor en un espectáculo sui géneris

Santiago Segura, Florentino Fernández y José Mota, ayer en el Teatro Villamarta.

Santiago Segura, Florentino Fernández y José Mota, ayer en el Teatro Villamarta. / Vanesa Lobo

Un espectáculo donde aparecen reunidos en el mismo escenario tres profesionales del humor merece un respeto. Cuando además se percibe las ganas de pasar un rato agradable y la profesionalidad, estamos ante una apuesta segura de ocurrencias e improvisaciones sacadas de la manga en busca de una sola intención, la de provocar con el humor tan sui géneris, el beneficio del sentido lúdico de la vida pero, eso sí, en un formato que no les ayuda en nada a encontrar la esencia de los grandes comediantes que son en los terrenos que dominan fuera de unas tablas de teatro. Representar es hacer presente una narración, mediante frases, imágenes, palabras o acciones, por eso la relación entre actores, espectadores y la forma de desarrollarlo, da lugar, en este caso, a un espectáculo en el que las circunstancias de las acciones y las reacciones de los personajes, son posibles por la propia idiosincrasia de la puesta en escena, encaminada a engrandecer el humor mediante un hilo conductor como es su definición y las diferentes acepciones del mismo.

Desde la presentación, el conflicto argumental se plantea con proyecciones, por donde va discurriendo el devenir de dar sentido teatral al desarrollo y hasta el epílogo mediante sketches consecutivos. Desde ese punto de partida los actores son los protagonistas mediante réplicas bastantes acertadas. Formato que puede tener sus adeptos y sus detractores pero que, como toda propuesta escénica, encierra lo mejor de la comunicación verbal y no verbal y la mejor prueba de madurez de un libreto que busca captar al espectador para conseguir que su valor principal sea vivo y dinámico y beba de las propias reacciones de un público, al que se puede definir como el cuarto actor protagonista de la función, hecho que no es sino el subtexto necesario y suficiente para que se sostenga durante más de hora y media un espectáculo con esa finalidad.

Con la intermediación de grandes cómicos, desde el vídeo inicial creando ambiente, desde las apariciones de fotografías tiernas de ellos mismos, con las imágenes de grandes del mundo de la comedia española y con la ayuda de frases históricas proyectadas en el fondo del escenario como acotación cultural sobre el humor, se teje el ambiente de la forma de entender la propuesta. Son capaces de explotar el diálogo sin realmente serlo, de proponer respuestas y frases entrelazadas que se separan de lo que se puede definir como diálogos deliberativos para transmitir un mensaje verbal sin tener que demostrar nada. No es sino un homenaje al humor de siempre con el humor de calidad que atesoran, hecha propuesta escénica llena de matices, que se acercan a la tragicomedia comedia griega, a la comedia del arte con personajes histriónicos y al vodevil de la dramaturgia coral aunando en escena ritmo, palabra y expresión corporal.

Con monólogos, diálogos y tríos encadenados se articula una apuesta dinámica, donde el verdadero conflicto se encierra en la esencia de los tres protagonistas. El de los múltiples personajes de un José Mota capaz de crear escuela de memes y frases históricas en varias generaciones y un trabajo corporal que le define a la perfección. En la trayectoria de un Santiago Segura empeñado en hacer grande su figura cómica parapetado en el homenaje perpetuo a los grandes cómicos de nuestro cine y de un Flo capaz de rememorar las veleidades de los cómicos nacidos desde las trincheras del humor forjados en su propia comedia y con la elegancia de saber estar en un escenario.

Los cincos sentidos deben estar inmersos en la travesía de más de hora y media por el mundo de la comedia, el chiste y la ocurrencia. Lo de atontados por el humor definiendo la comedia como parte de su vida como actores y queriendo conseguir que los espectadores lleguen a ese mismo estado. Juntos o por separado desgranan el espectáculo de acotaciones satíricas e irónicas entre humor y realidad. El trabajo actoral indudable, la apuesta por proyecciones por darle continuidad y el ritmo se muestran como la base de la propuesta. La escenografía limpia y minimalista, la coordinación con los efectos especiales técnicos y los números musicales intercalados hicieron el resto. Lo global tenía más sentido que lo individual y la trama de los diferentes momentos tenían más nivel cuando los tres protagonistas hacían acto de presencia.

Flo, Santiago Segura y José Mota, haciendo de las suyas en el Villamarta. Flo, Santiago Segura y José Mota, haciendo de las suyas en el Villamarta.

Flo, Santiago Segura y José Mota, haciendo de las suyas en el Villamarta. / Vanesa Lobo

El texto abierto es el mejor de los juegos que se ofrece, e incluso los silencios tienen una enorme carga humorística. Los diálogos así, tienen consistencia en escena, por lo que las réplicas no tienen función dramatúrgica sino afirmaciones de comedia de altos vuelos definidas por una especie de monólogo a varias voces. El juego actoral que se propone múltiples posibilidades dando importancia al guión, haciendo de las frases la mejor de las puestas en escenas y consiguiendo que las cadencias de sonidos dinámicos puedan llevar al espectador a recibir las verdaderas intenciones. Los colores del humor dentro de la inteligencia de los chistes y de los parlamentos para definir el por qué y el cómo de la aproximación a los tontos del humor.

Quizás con onomatopeyas manidas, con chistes o con discursos llenos de sentido figurado, pero siempre a sabiendas del poder endorfínico de su propuesta y con el aval de la inmensa fuerza creativa de monstruos de la comedia audiovisual. No en vano, y gracias a los problemas del directo por desajustes técnicos del sonido, es cuando más y mejor demostraron sus capacidades y se crecieron cuando hicieron de la improvisación el elemento más fresco y natural de toda la obra. Improvisaciones que eran bienvenidas dentro de un lenguaje escénico demasiado encorsetado y que hicieron que la segunda parte del espectáculo ganara en ritmo, frescura y entretenimiento.

Fue un reencuentro con los personajes que cada uno de ellos tiene registrado entre el público y cuando, además, se pudo entrever el enorme esfuerzo que supone llevar a las espaldas un espectáculo cimentado en la palabra, el texto y las segundas intenciones con la sabiduría de saber responder de manera ágil demostrando lo que era el verdadero protagonista del espectáculo: saber hacer humor de cualquier situación con la sana intención de abrir las mentes a la alegría. Tal como defendieron en varias ocasiones, el humor como forma de huir de la realidad, de dar bofetadas imaginarias a los problemas o de reírse de uno mismo como mejor forma de rehabilitar neuronas y de trabajar la salud mental.

El público, que respondió en masa a esta nueva apuesta del Villamarta por ofrecer múltiples posibilidades, parece que quiere reírse. De todo y de sí mismos. Pide a gritos olvidar cosas. Desde un principio se entregó al espectáculo. Lo recibe como suyo, lo aplaude y es capaz de darle significado como medida necesaria y complementaria de la inmunidad de rebaño. Ya eso es importante.

El público del Villamarta disfrutó con la actuación de Flo, Segura y Mota. El público del Villamarta disfrutó con la actuación de Flo, Segura y Mota.

El público del Villamarta disfrutó con la actuación de Flo, Segura y Mota. / Vanesa Lobo

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