César Saldaña: "El vino de Jerez es un auténtico homenaje al paso del tiempo"
El presidente del Consejo Regulador del Jerez ingresa en la Academia de San Dionisio con el discurso 'Los tiempos del vino de Jerez'.
El ponente ofreció una reflexión magistral sobre el tiempo y el vino de Jerez ante un público abarrotado.
Alberto Núñez Seoane: "Todo lo que nos ocurre en la vida es consecuencia de lo que hacemos y decidimos"
La Real Academia San Dionisio de Jerez de la Frontera celebró una solemne sesión académica con motivo del ingreso como académico de número de César Saldaña Sánchez, actual presidente del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla y Vinagre de Jerez.
El nuevo académico pronunció su discurso de ingreso bajo el título 'Los tiempos del vino de Jerez', una intervención que ofreció una visión amplia y sugerente del Jerez como expresión viva del tiempo en todas sus dimensiones.
La sesión fue abierta y dirigida por el presidente de la Real Academia San Dionisio, Juan Salido Freyre, en un salón de actos completamente abarrotado, que reunió a representantes municipales y a numerosas personalidades de la vida social, cultural y económica de Jerez, con una presencia especialmente significativa de profesionales y entidades vinculadas al sector del vino.
A continuación, el secretario general de la corporación, Juan María Vaca Sánchez del Álamo, dio lectura al acta en la que se recogía el nombramiento de César Saldaña Sánchez como académico de número.
Seguidamente, el protagonista de la jornada accedió a la tribuna académica flanqueado por los numerarios Jesús Rodríguez Gómez y Bernardo Palomo Pachón, iniciando así la lectura de su discurso de ingreso.
César Saldaña: "El vino de Jerez es un homenaje al paso del tiempo"
Desde los primeros compases de su intervención, Saldaña situó al tiempo como eje vertebrador de su reflexión, apoyándose en referencias literarias, filosóficas y científicas para subrayar que "todo es tiempo; nada ocurre al margen del tiempo".
Recordando a Caballero Bonald, afirmó que "somos el tiempo que nos queda", para desarrollar a partir de ahí una idea central: el vino de Jerez no solo necesita tiempo, sino que es, en sí mismo, un auténtico homenaje al paso del tiempo.
El conferenciante explicó que el Jerez debe entenderse desde distintas escalas temporales —segundos, años, siglos e incluso millones de años— para poder abarcar su complejidad.
En este sentido, señaló que la historia del vino de Jerez no comienza únicamente con los fenicios, sino mucho antes, en lo que denominó el "tiempo profundo", cuando el territorio que hoy ocupa el Marco de Jerez era un mar cuyas transformaciones geológicas dieron origen a las albarizas.
Tal como expresó en sus propias palabras, se trata de una historia "en la que las marcas de la aspilla no miden años, ni siquiera siglos, sino millones de años".
Saldaña describió la albariza como un "suelo milagroso", fruto de la acumulación durante millones de años de restos microscópicos de organismos marinos, cuya singular micromorfología explica su extraordinaria capacidad para retener la humedad y hacer posible el cultivo de la vid en un clima de lluvias irregulares.
A su juicio, ese suelo es el único elemento que ha permanecido inalterado a lo largo de casi tres milenios de historia vitivinícola, mientras todo lo demás —variedades, técnicas, clima o formas de elaboración— ha ido cambiando con el tiempo.
El discurso avanzó desde la geología hacia la historia y la cultura, subrayando que el vino ha actuado como hilo conductor de los distintos pueblos y civilizaciones que han habitado este territorio.
En palabras del nuevo académico, las lomas blancas que rodean Jerez constituyen un paisaje cultural de enorme antigüedad que "debería ser acreedor de un mayor respeto", al haber sido labradas y cuidadas generación tras generación durante siglos.
Asimismo, Saldaña defendió que la historia del vino de Jerez es inseparable de la historia del propio lugar y de su gente, alineándose con la idea de que la verdadera historia no es solo la de las naciones, sino la de los lugares.
Desde la antigüedad romana hasta Al-Ándalus y la posterior frontera medieval, el cultivo de la vid y la producción de vino han persistido como una constante, adaptándose a los distintos contextos políticos, sociales y culturales sin perder su esencia.
La parte final de la intervención se adentró en el tiempo del disfrute del vino de Jerez, entendido no solo como consumo, sino como experiencia cultural, emocional y social.
Saldaña evocó cómo el primer contacto con el vino formó parte natural de las vivencias de infancia y juventud de muchas generaciones jerezanas, normalmente en el ámbito familiar o festivo, subrayando que aquel acercamiento temprano iba acompañado de la intuición de que se trataba de algo que aún "no era para nosotros, pero que un día lo sería".
Desde esa memoria personal, el nuevo académico defendió un modelo de iniciación basado en el conocimiento, la responsabilidad y la gradualidad, frente a lo que calificó como una frontera artificial que conduce "del todo o nada".
En este sentido, apostó por un aprendizaje pausado que permita que el vino siga siendo «un genuino elemento de convivialidad de nuestra cultura», alejado tanto de la prohibición como del abuso.
Saldaña explicó que su larga experiencia —más de cuatro décadas introduciendo a personas de todo el mundo en el universo del Jerez— le ha confirmado que su disfrute exige tiempo. Reconoció haber presenciado auténticas "epifanías" en el primer contacto con determinados vinos, pero señaló que lo habitual es que el Jerez, por ser un vino distinto y profundamente singular, requiera un proceso de aproximación.
«Llegar al disfrute del Jerez es un camino al que hay que dedicar tiempo», afirmó, advirtiendo además de que quien se adentra en este mundo accede a un universo tan rico como absorbente.
El conferenciante puso de relieve la extraordinaria diversidad y versatilidad del vino de Jerez, capaz de ofrecer una gama casi inabarcable de colores, aromas, sabores y texturas, así como posibilidades de maridaje y disfrute que lo convierten en un punto de inflexión para quienes aman el vino. No obstante, destacó que su cualidad más sobresaliente es su capacidad evocadora, esa facultad de convocar recuerdos, emociones y presencias a través de una copa compartida.
En una de las partes más íntimas del discurso, Saldaña reflexionó sobre el simbolismo de las distintas copas: la primera, dedicada a los presentes y a elevar el ánimo; la segunda, como llamada a los ausentes y a la memoria, evocando de manera especial a su padre, Arcadio, quien años atrás se dirigió a la Academia desde la misma tribuna; y la tercera, citando con humor a Manuel Alejandro, como una copa especialmente reveladora.
Todo ello sin perder de vista la diversidad del propio Jerez, desde los vinos más festivos y compartidos hasta aquellos que invitan a la meditación, la lectura o la creación.
Ideas clave sobre el Vino de Jerez
Antes de concluir, el nuevo académico sintetizó su intervención en una serie de ideas clave: el respeto al paisaje como herencia de millones de años de evolución; el conocimiento de la historia como fundamento de la identidad colectiva; la necesidad de honrar la vida de la vid y el trabajo del campo; y, de manera especial, el reconocimiento del tiempo como recurso esencial y verdadero ingrediente del vino de Jerez.
"En cada copa lo que bebemos es tiempo», afirmó, apelando finalmente a conceder a estos vinos lo más valioso que poseemos: nuestro propio tiempo, agradeciendo a los asistentes el que le habían dedicado durante su intervención.
En la contestación al discurso de ingreso, el académico de número José Luis García Ruiz destacó la altura intelectual y el carácter poético de la intervención de César Saldaña Sánchez, proponiendo incluso una reformulación de su subtítulo al considerar que había ofrecido, más que una reflexión sobre el vino con el tiempo como excusa, "algunas reflexiones sobre el tiempo con el vino de Jerez como excusa".
García Ruiz subrayó la coherencia del planteamiento del nuevo académico al recorrer las distintas escalas temporales —el tiempo de la tierra, de la historia, de la vid, de la bodega y de la copa— como estructura vertebradora de un discurso que calificó de profundo, sugerente y cuidadosamente construido.
El académico glosó especialmente algunas de las ideas centrales expuestas por Saldaña, como la explicación del origen geológico de las albarizas, la continuidad histórica de la vitivinicultura en el Marco de Jerez desde hace tres mil años o la decisiva configuración del Jerez moderno a partir de los cambios del siglo XIX.
De manera particular, resaltó la frase "el tiempo de la vid se acompasa a la vida de los hombres", a la que definió como una síntesis perfecta del espíritu del discurso, así como la evocadora reflexión final sobre el «tiempo de la copa», entendido como un espacio de memoria, afectos y convivialidad, capaz de convocar recuerdos personales y colectivos.
En la parte final de su intervención, García Ruiz realizó una laudatio del nuevo académico, destacando su sólida formación, su amplia trayectoria profesional vinculada al sector del vino y su papel determinante en la modernización, divulgación y proyección internacional del Jerez.
Subrayó su labor al frente del Consejo Regulador, su implicación en la defensa de las denominaciones de origen y su contribución decisiva a la difusión del conocimiento del Jerez, culminada en la publicación de El libro de los vinos de Jerez, obra que calificó como referencia imprescindible y que, a su juicio, ha ligado de forma permanente el nombre de César Saldaña a la historia contemporánea de estos vinos.
También te puede interesar