Cultura

Un elenco entregado al genio magnánimo

Don Giovanni, ópera en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart. Don Giovanni, Vladimir Chernov; Leporello, Ruben Amoretti; Donna Anna, Maria José Moreno; Donna Elvira, María Rey-Joly; Don Ottavio, Ismael Jordi; Zerlina, Ruth Rosique; Masetto, Ángel Jiménez; Comendador, Rosendo Flores. Orquesta Filarmónica de Málaga. Coro del Teatro Villamarta. Director musical: Cristóbal Soler. Director de escena: Francisco López. Escenografía y figurines: Jesús Ruiz. Teatro Villamarta, jueves 21 de enero.

El año 1786 acaba para Mozart con un sabor agridulce, sus 'Bodas de Fígaro' estrenada con notable éxito en Viena a principios de mayo -gracias al interés mostrado por José II, quien anteriormente había prohibido la representación teatral de la obra de Beaumarchais por estar "escrita muy libremente para un auditorio ordinario"- fue retirada a la octava representación, barrida por el éxito, aún más clamoroso, de 'Una cosa rara' del valenciano Vicente Martín y Soler. Sin embargo, durante esas Navidades, Mozart recibe una invitación del conde Johann Thun para que acuda a dirigir las 'Bodas a Praga' donde la ópera ha sido acogida con un entusiasmo sin precedente.

Wolfgang y su esposa Constanza se ponen en camino el 9 de enero y llegan a la capital bohemia dos días después, donde son acogidos calurosamente por el conde Thun y por el matrimonio Duschek, a quienes le ligaba una sincera amistad. El compositor disfruta su éxito: "aquí no se habla más que de 'Fígaro'. No se toca, ni se canta, ni se silva nada salvo 'Fígaro'. Ninguna ópera atrae tanto como 'Fígaro'. ¡Sin duda, un gran honor para mí!". Mozart responde a las numerosas muestras de cariño y entusiasmo interpretando su música: su Sinfonía en re, posteriormente conocida como 'Praga', en la noche del 19 de enero, sesión que concluye con el compositor improvisando durante más de media hora sobre temas de su Fígaro. Este concierto, que le reporta un beneficio económico importante, tiene unas consecuencias más felices al recibir el encargo de componer una nueva ópera.

La generosidad que siente Mozart por tan entrañable acogida estimulará de manera sublime su genio y Praga acogerá meses más tarde la que será, sin duda, la obra maestra del género: Don Giovanni.

Sin pretenderlo -pero intuyendo la fuerza e identidad de la trama- Mozart crea Don Giovanni utilizando el libreto más como un esquema que como una estructura sólida donde sustentar su música. Por esta razón -y aquí es donde empieza a dilucidarse el éxito de la producción jerezana- es imprescindible que el director de escena trabaje sobre la obra del salzburgués más que sobre el texto de Da Ponte; como queda claro en la propuesta de Francisco López, quien presenta al célebre libertino en todo su crudeza, huyendo de la imagen idílica e irreal de la que a veces ha sido revestido.

Don Giovanni es una ópera de personajes: ocho. Siete situaciones que giran en torno a la provocación del protagonista, que inexorablemente reclaman un cambio de orden; aunque ese cambio se plantee por razones muy diferentes. La verdadera grandeza del genio mozartiano subyace en la manera de revelar la peculiaridad de cada personaje y sus circunstancias.

La función del pasado jueves en Villamarta se caracterizó por el equilibrio y la entrega de todo el elenco en favor del planteamiento dramático de Francisco López. ¿Hubo algún desajuste? ciertamente, pero viendo las cosas de manera objetiva hay que resolver que la interpretación transitó generalmente por la senda de lo sobresaliente.

Desde el foso el maestro Cristóbal Soler delineó una lectura musical ágil, muy matizada y equilibrando bien las dinámicas: en ningún momento las intervenciones canoras fueron tapadas por la Filarmónica de Málaga que sonó empastada y clara.

Por increíble que parezca todos los interpretes -menos Ruth Rosique como Zerlina- debutaban este título; incluido Vladimir Chernov quien puso al servicio del libertino toda su experiencia como cantante y actor al ofrecer una interpretación muy exquisita.

Estupendo el Leporello de Rubén Amoretti quien destacó por el vigor y el color de su voz y sus grandes dotes interpretativas, todo un descubrimiento.

Maria José Moreno es una soprano con una voz hermosa que delinea con dulzura y sustenta con una técnica extraordinaria, su Donna Anna fue sorprendente, mostrando perfiles muy humanos dentro de las contradicciones del personaje; si hubiera que destacar algún momento como paradigma de su intervención sería "Non mi dir, bell'idol mio".

La voz de María Rey-Joly, plena de carácter y brillantez, se amolda perfectamente al papel de Donna Elvira, como dejó de manifiesto durante toda la representación.

No fue una sorpresa ver cómo Ismael Jordi bordaba un papel, el de Don Ottavio, que sin haberlo debutado antes, le ha acompañado durante toda su carrera; su técnica, su hermosa línea de canto, su prestancia, quedan expresadas con nitidez en un personaje que acopla muy bien a sus facultades.

¿Como entender a una Zerlina del sur sin ver a Ruth Rosique?, la sanluqueña no sólo canta bien sino que posee ese carácter zalamero en escena que reclama el rol de la campesina. Por su parte, Ángel Jiménez defendió muy bien el papel de Masetto, mostrando un avance muy positivo en la emisión de la voz desde su última intervención como Alidiro en La Cenicienta.

Poderoso y seguro el Comendador de Rosendo Flores, lo que se agradece bastante pues no pocas veces su escueta presencia en escena hace que se recurra a voces menos idóneas.

Bien el Coro del Teatro Villamarta en sus sucintas intervenciones.

Exitosa reposición de esta interesante producción de Don Giovanni que ha vuelto a demostrar la capacidad y acierto de los gestores de Villamarta escogiendo reparto.

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