Cultura

Cuando el enemigo está en casa

EEUU, 2010, Thriller, 106 min. Dirección: Doug Liman. Guión: John-Henry Butterworth, Jez Butterworth (Biografía: Valerie Plame). Intérpretes: Naomi Watts, Sean Penn, Ty Burrell, Bruce McGill, Michael Kelly, Brooke Smith. Música: John Powell. Cines: Ábaco, Alameda, Al Andalus Bormujos, Cinesur Nervión Plaza 3D, Metromar.

El cowboy, el detective privado y el espía son, por este orden de aparición, los héroes del cínico y desencantado siglo XX. De los tres existen primeras versiones épicas, heroicas y emocionantes que llevan la pasión por la aventura -en los grandes espacios abiertos o los submundos urbanos- a esos cómodos aventureros domésticos que somos los lectores. Zane Grey y Louis Lamour, Conan Doyle y Agatha Christie o Sax Rohmer e Ian Fleming podrían representar esta visión positiva de los héroes modernos. Pero también existen segundas versiones novelísticas tan desencantadas y cínicas como el mismo siglo que encumbró a estos héroes, caso del giro del Oeste épico al trágico (Walter Van Thilburg Clarck y su Incidente en Ox Bow, Oakley Hall y Warlock o Jack Shaeffer y Monte Walsh), de la novela policíaca a la negra (Dashiel Hammet, Raymond Chandler, Georges Simenon) y del espía feliz y aventurero al atormentado (Graham Greene, John Le Carré). Lo curioso es que, salvo raras excepciones, hasta en las visiones más desencantadas o pesimistas, en los tres casos se trata de una épica entre ruinas, de la solitaria pervivencia de algunos principios en un universo que los ha perdido todos, de un héroe que al final se redime encontrando algo de verdad, honradez o lealtad en el fondo de sí mismo.

En lo que al género de espionaje se refiere, que es el que hoy nos concierne, sólo conozco un caso, la desoladora El agente secreto de Joseph Conrad, en el que la figura del espía y su mundo sean tratados con una negrura, un pesimismo y un desprecio que la chispa de ternura representada por el cuñado subnormal del espía no hace sino ensombrecer aún más. No es el caso de Doug Liman, el realizador que dio nueva vida al género al dirigir la primera entrega y producir la totalidad de la saga de Jason Bourne basándose en las novelas de Robert Ludlum (1927-2001), autor estimable que se sitúa en un terreno intermedio entre el superhéroe de Fleming y los agentes atrapados en telas de araña de Le Carré. Para Caza a la espía se ha basado en las memorias de Valerie Plame, agente de la CIA entre 1988 y 2005 cuya carrera (y casi su matrimonio) terminó al verse envuelta en un escándalo ligado a la denuncia de la falsedad de las armas de destrucción masiva efectuada por su marido, el diplomático Joseph Wilson, y el posterior contraataque de la administración Bush que filtró la identidad de la espía a la prensa. Muy a la americana, Plame reorientó su carrera hacia la literatura y, naturalmente, la inició con la publicación de sus memorias, en las que se basa el guión de esta película.

Siguiendo más la estela pollackiana y pakuliana de Los tres días del cóndor y Todos los hombres del presidente que la de Bourne, Louman plantea un motivo clásico de espías y diplomáticos que descubren que los malos son los suyos y se empeñan en que los ciudadanos lo sepan. Desde ese momento la organización de la que forman parte se vuelve contra ellos y el país al que servían se convierte en su enemigo. Porque los dirigentes de la organización y el presidente del país mentían. Y la preservación de esa mentira se convierte, paradojas de la política, en una cuestión de seguridad nacional. Como si filmara en serio su fallida broma de Señor y señora Smith, Louman trata con seria ligereza un tema de gran calado.

El problema es que se nota que en el registro de pura acción de la saga Bourne estaba más cómodo. Aquí, aunque todo funciona perfectamente como entretenimiento de buen nivel y los saltos de lo público (la denuncia y el escándalo) a lo íntimo (su repercusión en el difícil matrimonio formado por un diplomático y una espía) son un eficaz acicate dramático, se echa de menos una espesura dramática que el excelente oficio de Louman y las buenas interpretaciones de Sean Penn y Naomi Watts no logran darle.

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