Cultura

El escultor Xavier Mascaró expone dos obras en París

  • El artista español es autor en Jerez del 'Caballo de Troya' que se encuentra en la rotonda de los jardines escénicos y del toro situado la barriada de Las Viñas

El escultor español nacido en París Xavier Mascaró expone desde el pasado 15 de septiembre hasta el día 8 del próximo mes de noviembre, en los jardines del Palais Royal de la capital de Francia, su nueva obra, titulada 'Los diez guerreros Buda' (Guardianes) y 'Departure' (La barca). Se da la circunstancia de que Mascaró tiene dos esculturas suyas en Jerez: el 'Caballo de Troya' que se encuentra en la rotonda de los jardines escénicos y el toro ubicado en la rotonda de Las Viñas.

Los diez guerreros tienen tres metros de alto y dos de ancho, y la barca diecisiete de largo y dos de ancho. Son piezas monumentales, solemnes, ceremoniales, que se abren a un futuro, como los fenicios supieron entender que era el alma de los barcos, pues su navegación significaba siempre una puerta hacia el futuro. Mascaró ve en la solemnidad de la ruina, en la presencia de la ausencia, el sentido de navegación hacia el futuro de su obra escultórica.

La barca se estructura en siete pecios, como si el artista rescatara siete inmersiones en su estructura. Como los diez guerreros Buda que, al mismo tiempo son guardianes de la memoria de una civilización. Con la utilización del hierro, Mascaró simboliza su sermón sobre la muerte, sobre el paso del tiempo.

La presentación oficial de la exposición fue el pasado día 7, y acudieron al acto la ministra de Cultura y Educación de Francia, Christine Albanel, y otras autoridades del Gobierno francés.

La obra plástica de Xavier Mascaró, nacido en 1965 y licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, es muy unitaria, además de no muy numerosa, y de difícil compartimentación en etapas.

Según el catedrático de Historia del Arte Kosme de Barañano, Mascaró está en la tradición de la historia del arte español de la imaginaria realista de la escultura castellana a la pintura del barroco hispano. Su lenguaje es figurativo pero se dirige a lo no visible: comenzó presentando piezas de la vida del toreo (sillas, guarniciones, caballos, cuerdas) o de la vida cotidiana (juguetes, cruces, relicarios...) pero que siempre llevaban consigo la presencia del ser humano, o su ausencia. Y en esa ausencia hay todo un sentimiento trágico de la vida y una comprensión de la historia como ruina, pero que a su vez es una navegación hacia el futuro.

Los dos temas de esta exposición, los diez (Guardianes) y la (Departure), a la vez que son piezas monumentales, solemnes, son piezas ceremoniales, que se abren a un futuro, como los fenicios supieron entender que era el alma de los barcos, pues su navegación significaba siempre una puerta hacia el futuro. Mascaró ve en la solemnidad de la ruina, en la presencia de la ausencia, el sentido de navegación hacia el futuro de su obra escultórica.

Los guerreros Buda son diez piezas iguales, fundidas a partir de una misma matiz, de un mismo molde interior, pero con texturas diferentes. Sus rotos, su paso del tiempo, la huella de la destrucción es diferente. Llevan en su interior un caballo de Troya que les hace explotar hacia el exterior de una manera diferente; iguales en su sencillez, diversos en su conformación. Si la barca señala o prefigura una ruta, una travesía, los Buda conforman en el Palais una nueva avenida.

El conjunto representa como la huella del naufragio que nos sirve para meditar sobre el futuro y parece una iconografía calcinada. Su obra recoge los principios del ascetismo cisterciense, de la sobriedad en la iconografía, de cierta musicalidad y del elogio de la ruina.

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