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Los exactos reduccionismos de la forma

Los exactos reduccionismos de la forma Los exactos reduccionismos de la forma

Los exactos reduccionismos de la forma

Hace pocos años, muy pocos porque ella es muy joven, asistimos en la sala Paul a la primera muestra individual de Beatriz Aranda. Llamaba la atención sus muy buenas maneras pictóricas y, sobre todo, su desparpajo en este complejo mundo donde no resulta demasiado fácil moverse. En este tiempo hemos sido testigos de un trabajo que ha ido evolucionando con sentido, con mucho sentido, y clarividencia. Hemos visto a una artista poseedora de argumentos serios, sensatos, sin exuberancias efectistas ni coheterías novedosas con la única intención de epatar y hacerse presente con registros interesados pero con pocos fundamentos creativos. Ella, desde un principio, ha sido fiel a sus ideas y ha mostrado, sin reveses, sus credenciales artísticas: pintura figurativa con clara vocación de poder evolucionar a otras posiciones, pero siempre dentro de una rigurosidad y una dimensión pictórica llena de sensatez.

En el espacio de la calle Álvar López, ese que comienza en la Plaza Plateros para dirigirse hacia la calle Eguilaz, se presenta, dentro de estas fiestas navideñas masificadas y hasta rozan en ocasiones lo hortera, una muy buena exposición de Beatriz Aranda. En ella se observa esa sabia evolución de la pintura a la que antes nos referíamos y que se manifiesta en unos muy medidos registros plásticos que reducen la representación para sólo posicionar escuetas situaciones ilustrativas que aumentan el carácter de la forma y dejan en suspenso muchos de los recursos de lo concreto. Encontramos esas bellas escuetas ilustraciones paisajísticas de una pintora en esa primera madurez que establece situaciones para ir marcando buenos senderos con el fin de ir caminando con solvencia. Su pintura, con tales planteamientos, ha renunciado a supremas concreciones, a exactas imágenes de la naturaleza, también a gestos formales que potencien la representación y dan sentido a la ilustración de lo real. Con escasos medios pictóricos, absoluta economía de la forma y dando su medido juego a los propios soportes, la joven artista nos ofrece una sutil síntesis del paisaje; este, con muy poco, consigue mucho; la artista arriesga con el abocetamiento plástico pero sabe salir más que airosa con una potencia formal que define la expresión de esa naturaleza a la que ella impone una exactitud expresiva de una gran contundencia formal y especialísimo sentido visual.

BEATRIZ ARANDAEspacio AbiertoJEREZ

La exposición en la sala de las hermanas Franco Corrales encontramos la pintura contundente y apasionada de una artista que consigue ir quemando etapas hasta poder llegar a esa idea de mínima formulación donde todo quede supeditado a una realidad abocetada pero con poderosa magnitud expresiva.

De nuevo, Beatriz Aranda nos sigue convenciendo con esa pintura de mínimos donde se llega a ofrecer todo lo máximo de una representación paisajística que suscribe una realidad perfectamente acondicionada con un riguroso planteamiento formal. Estamos ante una pintura llena de vehemencia pictórica, de gestos plásticos exactos que hacen transitar por un paisaje que ofrece sus rasgos definidos sólo con los sabios registros que subyacen de una verdad artística acertadamente acondicionada.

El discurrir de la pintura de Beatriz Aranda continúa su marcha de buenos planteamientos artísticos. Su paisaje sigue manteniendo ese espíritu de justo desenfado que desde siempre ha poseído; su horizonte sigue manteniéndose brillantemente diáfano.

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