El flamenco de verano: Los Jueves siguen, otros no

Flamenco

La crisis se lleva por delante a la renacida Parpuja y a la veterana Liviana

Fermín Lobatón

06 de julio 2009 - 05:00

La pasada semana fueron presentados los Jueves Flamencos de la Peña Enrique El Mellizo, y es cosa que hay que celebrar, sobre todo por su continuidad. Los Jueves son un clásico de las noches de verano de la capital y, con los tiempos que corren, es poco sorprendente que se mantengan con su configuración tradicional -o casi- de siete noches consecutivas de carteles propios de cualquier festival al uso. Y digo casi, porque, por primera vez en muchos años, una de esas noches se ha sacado como "fuera de abono". Para los profanos, quizás se haga necesario referir el carácter popular de este ciclo, lo que hace que, entre socios y colaboradores, la peña organizadora reparta hasta 400 abonos. Este año, sus receptores tendrán que pagar un extra por la última noche. No parece mal recurso si, con ese ingreso extra, se ayuda a mantener el ciclo. Algo que parece garantizado con el cartel que se ofrece ese día, con la bailaora Pastora Galván y el cantaor más de moda, Miguel Poveda, que repite dos años después de su primera visita

También, la programación de los Jueves me parecen una suerte de ingeniería del patrocinio. Cada una de las noches cuenta con uno o dos patrocinadores. Más que noches. Uno lo entiende como una sencilla muestra de la capacidad de encontrar recursos económicos más allá de las instituciones públicas que, por supuesto, están en ese grupo, pero no son las únicas. Por otra parte, este modelo de financiación es tradicional en los Jueves y tiene mucho que ver con la empresa que se encarga de producir los mismos, la de Antonio Benítez, quien, a su vez, es presidente de la peña organizadora. Y es que esto de la financiación es asunto de importancia, porque la ausencia de ellas, y la falta de imaginación o de cintura para buscarlas, ha hecho que desaparezcan este año otros de los carteles habituales en estas fechas.

La Parpuja de Chiclana, que con iniciativa privada fue un clásico en la época dorada de los festivales, renació en 2005 con fuerza mimetizando esos carteles imposibles de artistas que llegaban a cantar con las claras del día. En su nueva etapa, promovida desde su ayuntamiento, probó otros formatos. Se ignoran los resultados, pero el caso es que este año se sabe que se ha suspendido, aunque oficialmente ignoro si se ha hecho o no pública esa suspensión. Es otro más, porque -además de los ya mencionados en otras semanas- a esta lista se suma la desaparición del Festival de la Liviana de Puerto Real. La causa de ello parece estar en la decisión del ayuntamiento puertorrealeño de retirar las subvenciones a peñas y asociaciones.

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