Fuerte como documento, débil como ficción

LOS INDESEABLES | CRÍTICA

La actriz Anta Diaw encabeza el reparto.
La actriz Anta Diaw encabeza el reparto. / D. S.
Carlos Colón

24 de junio 2024 - 19:50

La ficha

*** 'Los indeseables'. Drama, Francia, 2023, 105 min. Dirección: Ladj Ly. Guion: Ladj Ly, Giordano Gederlini. Música: Pink Noise. Fotografía: Julien Poupard. Intérpretes: Anta Diaw, Alexis Manenti, Aristote Luyindula, Steve Tientcheu, Aurélia Petit, Jeanne Balibar.

Una cosa es dedicarse al cine social y político abordando distintas cuestiones y dándoles en cada caso el tratamiento que requieren y otra es convertirlo en un género convencional. Una cosa es la utilización del cine para exponer y denunciar situaciones sociales y políticas que se estiman graves e injustas -en las mejores películas la mera exposición de los hechos, sin obviar su complejidad, es su más eficaz denuncia- y otra su simplificación maniquea. Los indeseables oscila hacia lo segundo.

Lo que aborda -la lucha política por la rehabilitación de los barrios marginales lastrada por la ineficacia y la corrupción, y la de los vecinos por no ser erradicados de ellos- es uno de los más graves problemas que los países desarrollados han de afrontar: el llamado cuarto mundo. Un problema social y humano, por la marginación a la que condena; un problema político tanto por la incapacidad -torpeza y corrupción unidas- de los poderes públicos como por el semillero de descontento que con los años ha evolucionado de los tradicionales cinturones rojos en los que la marginación y las carencias daban alas a la izquierda radical, a los cinturones azules en los que a la misma situación se suma el miedo teñido de xenofobia de las clases medias fronterizas de las marginales o convivientes con ellas. Francia, y esta película es francesa, es un claro exponente de esta situación. Unos hablan de la France qui va mal, otros, como el prestigioso demógrafo e historiador Hervé Le Bras se pregunta -y así titula una de sus obras- por qué Se sentir mal dans une France qui va bien, mientras Marine Le Pen triunfa, no solo, pero si sobre todo, en zonas periurbanas y rurales. Mientras los chalecos amarillos llenan las calles de cientos de miles de manifestantes encolerizados.

Ante cuestiones complejas no valen análisis sesgados ni soluciones simples. Es lo que hacen los extremistas para sacar réditos del descontento, el miedo o el sufrimiento. Y es lo que -con mejores intenciones, por supuesto- hace el realizador francés Ladj Ly, hijo de inmigrantes de Mali, en esta película. El problema no está en lo que trata -porque es urgente llamar la atención sobre las inmensas bolsas de marginación urbana- sino en como lo hace, evolucionando a lo largo de la película del realismo lleno de fuerza a la simplificación de trazo grueso. Quizás impulsado por el enorme éxito de su debut con Los miserables (premio en Cannes, los Cesar y el Cine Europeo, nominaciones al Oscar y el Globo de Oro), película mucho más valiosa que esta, en la que se podían entrever problemas aquí agigantados. Ladj Ly ha forzado un esquematismo llevado al límite de la caricatura. Quizás pensando en la fuerza política que ésta, entendida en un sentido positivo, ha tenido en la denuncia y la lucha política. El problema, entonces, sería el choque entre la voluntad de realismo y la caricatura de denuncia.

En lo que tiene de documental de denuncia, es una película tan necesaria como interesante. En lo que tiene de ficción dramatizada, tosca a causa del guión que conforme la acción avanza compromete el realismo de las imágenes. Una distancia que se puede medir entre su inicio desgarradoramente realista y sobrio, que confirma a Ladj Ly como un realizador de gran talento, y su final melodramático (con la excepcional secuencia del desalojo como punto de giro). Entre uno y otro extremo, hay que poner en valor lo que de necesario y urgente testimonio tiene esta película.    

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