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laura garcía-Lorca. presidenta de la fundación lorca

"El legado de Lorca tiene que estar en Granada. Espero que este mismo año"

  • La sobrina del poeta no contempla otro fin para el Centro Lorca que no sea albergar su legado, pero con condiciones: que se garantice una dirección de nivel y se asuman las deudas

No le gustan las entrevistas. No le gusta el ojo público. Es tímida y reservada. Es prudente. Tal vez demasiado. Ella entiende sus silencios como una muestra de respeto. Al otro lado, la lectura es que otorga. Que es responsable. Por acción u omisión. Confió ciegamente en un experto cazador de fondos europeos hasta el punto de darle sus datos de operación bancaria. Las consecuencias han ocupado las portadas de los periódicos en los últimos meses. Un fraude mayúsculo de gestión que ha ensombrecido el mayor proyecto cultural que ha impulsado Granada en las últimas décadas: la construcción de un gran centro que albergue todo el legado lorquiano. El edificio se inauguró el verano pasado casi por compromiso y sigue vacío, con una programación a medio gas que nada tiene que ver con la dimensión internacional prometida. La semana pasada, la sorpresiva declaración del legado de Lorca como BIC por parte de la Comunidad de Madrid, a instancias de un Ministerio de Cultura en funciones, ha quebrado los silencios. La Fundación Lorca remitió la semana pasada un duro comunicado a los medios reprochando el oscurantismo de la medida y criticando que se pusiera en cuestión la conservación del legado.

-Hace diez años el camino era ilusionante; hoy las sombras en la gestión y la frustración planean sobre el proyecto...

-Estoy con muchas ganas de ver este proyecto en marcha tal y como se planeó. Desde 2002 trabajo en la creación del Centro Lorca, a partir de la experiencia de la Huerta de San Vicente desde su inauguración en 1995, cuando era el único lugar dedicado a la figura de García Lorca en Granada. Desde entonces ya pedía un espacio que no fuera una casita con un pequeño jardín. Poco a poco fue cuajando la idea de trasladar los fondos de la Fundación a Granada y en 2004 se fue concretando cuando se lo planteamos a las distintas instituciones. En ese momento empiezan a darse pasos definitivos, y desde entonces ha sido un trabajo muy difícil. Incomprensiblemente obstaculizado.

-¿No ha habido un respaldo firme de las administraciones?

-Desde el principio ha habido una identificación muy tibia por parte de las instituciones. Si no hubiera sido así, el Centro se hubiera inaugurado en 2009. Fue entonces cuando el Gobierno tuvo mucho interés en que el Centro estuviera abierto coincidiendo con la presidencia española de la UE. Pero la financiación nunca llegó. Es verdad que han sido años muy difíciles económicamente, pero no han dejado de hacerse cosas; otras cosas. Sorprende que el Centro Lorca no haya sido una prioridad de todas las instituciones porque como proyecto cultural no creo que haya otro que pueda ofrecer tanto a España internacionalmente.

-Ha habido muchas equivocaciones, pero compartidas…

-Sí. Pero no dejan de extrañar las muchísimas dificultades con las que se ha encontrado esta iniciativa de la Fundación. A ello se ha añadido, por supuesto, la tremenda equivocación por mi parte de haber confiado en la persona que ha sido secretario y gerente de la Fundación y, desde 2011, nombrado gerente por unanimidad de las instituciones integradas en el Consorcio. No lo digo para quitarme responsabilidad sino porque realmente todos pensábamos que estaba haciendo las cosas bien. Hasta que empezó a haber señales de que no era así.

-¿Cómo entra Juan Tomás Martín en su vida? ¿Cómo llega a confiar tanto en él?

-Lo conocí en 2002, cuando empecé a pensar ya más en serio en el proyecto de llevar el legado de Lorca a Granada. Había visto un documental sobre el proyecto de la pianista María Joao Pires en una aldea deprimida de Portugal que conjugaba el enfoque escolar con el énfasis en la música y las artes. Me pareció muy interesante lo que estaba haciendo, le mandé un correo electrónico y me invitó a pasar unos días en su escuela. Allí me encontré con esta persona que la estaba ayudando a conseguir fondos europeos. Luego me olvidé y más tarde, cuando se empezaron a desarrollar las reuniones con las instituciones, me acordé de él. Me explicó que trabajó muchos años con la Fundación Sánchez Ruipérez, con la Fundación Antonio Gala... Tenía experiencia y credenciales y la verdad es que al principio todo fue bien gestionado.

-¿Qué ocurrió entonces?

-Yo confié en él hasta el final. Hasta que me encontré con la evidencia de que se habían producido falsificaciones y se había apropiado de fondos. Cuando uno confía en alguien, la fe es ciega. Tardé en querer pensar que realmente había un problema.

-¿Ha hablado con él de esto?

-De ninguna manera. El día que me di cuenta recurrí a un abogado penalista, sacamos los contratos, el verdadero y el falso, y me dijo que tenía que verificarlo todo. A partir de ese momento no he querido ni verlo ni hablar con él.

-¿En qué punto está ahora el proceso judicial?

-Juan Tomás ya declaró y reconoció todos los cargos, pero no sé cuándo va a ser el juicio.

-¿Qué tiene que ocurrir para que el legado de Lorca esté por fin en Granada? La cámara acorazada del Centro Lorca, el alma del edificio, sigue vacía. Hace meses casi estuvo empaquetado y de repente todo se frustró…

-El problema principal empieza cuando las instituciones cambian el convenio entre la Fundación y el Consorcio del Centro. Lo hacen unilateralmente y contradicen por completo los términos fundamentales del acuerdo. La Fundación protesta entonces formalmente, porque no estamos de acuerdo con el nuevo modelo de Centro que plantean y advertimos de que, en esas condiciones, nosotros no llevamos el archivo y no seguimos adelante con el proyecto.

-¿Por qué?

-En primer lugar, está la decisión de la Fundación de tener su sede en Granada y llevar todo el legado, que siempre ha estado custodiados por la familia y desde 1982 por la Fundación. Para nosotros, es innegociable que si está el legado en el Centro, éste lo dirija alguien que proponga la Fundación.

-¿La dirección del Centro es entonces el gran escollo para el traslado del legado a Granada?

-El Centro Lorca no se ha hecho para ser un centro municipal. Tene que atender a lo local, a lo nacional y lo internacional en las mejores condiciones. Y nadie mejor que la Fundación puede definir cómo se lleva a cabo ese nivel de exigencia. No hemos donado todo nuestro patrimonio para que se maneje de una forma con la que no estemos de acuerdo.

-En todo caso, algo debe de explicar que de repente las administraciones rompan el convenio de 2007...

-Creo que hay una razón de oportunismo. Se empieza a ver que hay problemas con la gestión y, en lugar de dárnoslos a conocer, se insinúa que la Fundación hace cosas raras. Si estuviéramos todos en el mismo barco... Pero parece que nunca ha sido así.

-Cuando dice que no ha habido lealtad institucional, ¿se refiere a alguna administración?

-En distintos momentos, a todas.

-Si el bloqueo para que llegue el legado es la dirección del Centro, ¿la exigencia de la Fundación es que lo dirija usted?

-No, en absoluto. No se trata de mi persona. No he hecho el Centro Lorca para buscarme un puesto. Se trata de que ese nombramiento lo decida la Fundación García Lorca. Que ya no es la familia. La familia donó todo el archivo y estuvo en el Patronato de la Fundación pero dejó de ser una institución familiar cuando empezó a ponerse en marcha el proyecto del Centro. Nos pareció que la Fundación debía tener un perfil más profesional, menos familiar, y la familia tuvo la generosidad de salirse del Patronato. En estos momentos sólo hay dos miembros.

-¿Cuál es entonces su propuesta? ¿Tiene algún nombre para poner sobre la mesa?

-No es sólo la persona... Hay muchas cosas en los estatutos que hay que revisar. Fundamentalmente lo que cambia es que, en lugar de haber dos figuras, una dirección artística y una gerencia económica, que es lo recogido en los únicos estatutos válidos para nosotros, se establece que un director-gerente al margen de la Fundación.

-Hablamos de la modificación del año pasado...

-Este cambio lo empezaron a plantear en 2014 y entró en vigor en julio de 2015.

-¿Cuál es la causa de la paralización de todo el proceso?

-Primero sacan la Residencia de Estudiantes del Consorcio sin consultar con ellos y deciden que haya una sola figura de dirección-gerencia designada por las instituciones. Y la Fundación Lorca queda relegada a coordinar su propio archivo, que es el colmo.

-Si se recuperan los estatutos de 2007, ¿se activaría de inmediato el proceso para que el legado de Lorca vaya a Granada?

-Bueno, cuando se recuperaran esos estatutos y cuando se llegara a un acuerdo para asumir las deudas pendientes. Porque todos estos años la Fundación ha estado sola al frente del proyecto.

-Ha destacado el conflicto por la dirección, pero más complejo parece aclarar las cuentas. Está el dinero que haya podido defraudar Juan Tomás Martín, pero por otro lado también hay partidas públicas no que están suficientemente justificadas…

-Todavía no podemos llegar a esa conclusión. Como esa documentación ha estado fuera de nuestras manos, estamos poniendo orden aún. Pero una cosa clara es que el dinero que se apropió indebidamente el gerente es de un préstamo de la Fundación, que el dinero de la construcción [del Centro] ha ido a la construcción y que además ha habido unos gastos asociados a la construcción del mismo que asumimos nosotros. Ahí es donde hay que llegar a un acuerdo.

-El agujero principal está entonces en el crédito que pidió la Fundación...

-Sí, pero es un problema de la Fundación, no de las instituciones. A no ser que haya algo más que desconozcamos.

-En tal caso, la Fundación no está pidiendo a las administraciones que asuman tal partida...

-El problema de la Fundación con el banco sí es nuestro, pero el problema con este señor es un problema de todos. Lo nombraron por unanimidad gerente en 2011. Y no a propuesta mía.

-Se ha dicho que hay en marcha hasta tres auditorías distintas para aclarar la gestión…

-Se está analizando todo a todos los niveles. En la auditoría que nosotros encargamos inicialmente estaba todo correcto salvo lo del crédito. Pero seguimos con la dificultad de poner orden en este caos de papeles de 14 años.

-¿Hay interlocutores para resolver este tema? El Ministerio está en funciones y el Ayuntamiento de Granada afronta un cambio de corporación el jueves…

-Efectivamente, ni en el Ministerio ni en el Ayuntamiento hay una interlocución ahora posible. Sí hay muy buena disposición por parte de la Junta. Es impensable que esto no acabe solucionándose. Aunque han pasado ya cosas tan inexplicables... Es un proyecto que verdaderamente vale la pena. Y además ahí está: el edificio está hecho, los programas se han hecho. Tiene que llegar a buen fin.

-¿Es posible que el legado llegue a Granada este mismo año?

-Espero que sí. Esta situación no se puede eternizar. Es un desgaste y una falta de respeto a los ciudadanos. Es algo que se está esperando. Para la ciudad va a ser muy importante económicamente.

-Ustedes han denunciado que el Ministerio, con la declaración BIC, cuestiona de manera "intolerable" la conservación del legado. Sin embargo, hay dudas sobre su contenido real...

-El legado tiene una catalogación ejemplar y absolutamente minuciosa. Y se puede contrastar con cualquier estudioso de Lorca.

-¿Se ha valorado desde el punto de vista económico?

-En 2008 pedimos a Christie's de Londres que lo hiciera. Vinieron cuatro especialistas en manuscritos y dibujos y estuvieron trabajando una semana en la Fundación. El legado se valoró en 20 millones de euros. Y nos felicitaron por las condiciones de conservación y de catalogación.

-No hay por tanto ninguna duda sobe el contenido del legado ni sobre su conservación...

-Ninguna. Jamás ha estado en peligro. Y estos movimientos para echar una sombra de duda sobre la capacidad o la honorabilidad de la Fundación son intolerables.

-Se ha planteado la sospecha de que el legado pueda servir para hacer frente a las deudas…

-Es absolutamente falso.

-¿No se ha vendido nada?

-La Fundación, nunca. Se vendieron uno óleos de Dalí muy valiosos pero por parte de la familia, y el dinero se donó precisamente a la Fundación para financiar su funcionamiento.

-En todo caso, la protección del legado como BIC parece una medida positiva...

-Lo que es extraño es que no se haya pensado antes. Ahora de repente interesa señalar el archivo para sembrar la duda. Es que es indecente. Lo grave no es la declaración, sino las implicaciones de cómo se ha hecho.

-Decía antes que no es un puesto lo que está usted reclamando en el Centro Lorca. ¿Estaría dispuesta a dar un paso atrás y que fuera una persona de la confianza de la Fundación quien se pusiera al frente del Centro?

-Por supuesto. Yo no lo he hecho para colocarme. Me gustaría ponerlo en marcha. Después de tantos años y tantos sinsabores, me gustaría disfrutar aunque sea los primeros días... Pero ese no es el fin. El objetivo es hacerlo bien.

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