Ciclo Solera y Compás | Flamenco

Terremoto de sensaciones

  • El ciclo ‘Solera y Compás’ finaliza con una velada en la que cante y toque estuvieron a gran altura

Anabel Valencia, La Tana y María Terremoto, junto a una chica Tío Pepe.

Anabel Valencia, La Tana y María Terremoto, junto a una chica Tío Pepe. / Miguel Ángel Castaño

El ciclo Solera y Compás, que durante tres veladas se ha celebrado en el Patio de la Tonelería de González Byass, se cerró en la noche del pasado jueves con el recital conjunto que protagonizaron Anabel Valencia, La Tana y María Terremoto, tres mujeres de armas tomar y tres voces de una enjundia y personalidad notable.

En el global del montaje, debemos destacar, por encima de todo, el gran nivel exhibido por estas tres artistas, que demostraron sobre las tablas su compromiso y sus particulares formas de concebir el cante, haciendo las delicias de un público que llenaba el aforo. Más de dos horas de cante, toque y compás, porque la a veces olvidada labor de las palmas también brillo con creces, conformando un todo realmente completo.

Sin embargo, en la ardiente noche que trajo esta ola de calor que nos asola, sobresalió un nombre propio, el de María Terremoto. Puede ser que el hecho de jugar en casa le sirviera de plus, pero lo cierto es que la nieta del gran Terremoto de Jerez demostró una vez más que estamos ante una cantaora distinta, con condiciones innatas y que cuando sale a cantar, genera un halo de entusiasmo y energía entre el público que se ve pocas veces.

María Terremoto, en un momento de su actuación. María Terremoto, en un momento de su actuación.

María Terremoto, en un momento de su actuación. / Miguel Ángel Castaño

Como la chispa que prende el fuego, a María le bastó sólo abrir la boca y recoger el cante a la manera de los Terremoto para demostrar que iba a ser su noche. Regaló una poderosa bulería por soleá para empezar, y puso las cartas sobre la mesa al meterse por seguiriyas.

Como mandan los cánones y pausando el cante, la joven cantaora tiró de repertorio de Manuel Molina, con ese ‘A clavito y canela’, para seguir acordándose de El Viejo la Isla y finalizar al más puro estilo terremotero con aquel ‘los días señalaítos’ de Manuel Torre que su abuelo dejó para la historia en el Canta Jerez, metiéndose al público en el bolsillo con un remate cargado de fuerza y jondura.

Si hay algo que llama la atención en esta artista, de apenas 21 años, es su temple encima del escenario, porque amolda la manera de decir el cante a la situación que le interesa. Quizás sea eso lo que más asombra, que si ya es capaz de punzar y aún tiene mucho camino por recorrer, y por ende, muchas cosas que mejorar, qué nos puede llegar a ofrecer en apenas unos años.... Lo que sí está claro es que con ella, el cante y el flamenco tiene un futuro enorme.

Antes de finalizar, María tuvo tiempo de sumergirse en los sones más actuales, con unos tangos con los que recorrió diversos estilos, desde aires clásicos de su tierra(como Frijones) a guiños a Juana la del Revuelo y Remedios Amaya.

Bailándose y cantándose, llegó a la bulería final, en la que nuevamente demostró una fuerza colosal. Con el público volcado, puso la guinda con un repertorio variado, recordando a La Paquera a Luis de la Pica, y deteniéndose en la fiesta por Jerez. El público la despidió en pie.

Antes, las tres artistas habían abierto la noche con una ronda de martinetes-tonás donde evidenciaron la particularidad de sus metales.

Anabel Valencia, durante su aparición. Anabel Valencia, durante su aparición.

Anabel Valencia, durante su aparición. / Miguel Ángel Castaño

La primera en salir en solitario fue Anabel Valencia. La joven cantaora que guarda la esencia de su tierra, Lebrija, tiene elegancia en todo lo que hace, desde la manera de vestirse hasta el exquisito trato que da a cada cante.

Comenzó por tientos, con tonos transportados y aire actual, y continuó por soleá apolá. Anabel es pura raza y su garganta es pura abrasión, porque es capaz de buscarse en los más hondo de su ser hasta envolverte. Con ese aire reposado que le da la tierra, la cantaora dominó de principio a fin la soleá apolá, cantes que en Jerez se escuchan poco y por tanto, se agradecen.

Igual de portentosa se mostró en la seguiriyas, en la que no ocultó su predilección por los aires maireneros. De hecho, remató la misma con bastante solvencia, recurriendo a la toná-liviana del maestro de los Alcores.

La guitarra de Nono Jero brilló durante toda la noche, adaptándose a cada registro cantaor que compareció en el escenario

La lebrijana, como todas, estuvo acompañada por la guitarra de un Nono Jero de sobresaliente. El jerezano brilló durante toda la noche y estuvo a la altura de todas y cada una de las cantaoras, ya no sólo arropando el cante de una forma sutil, sino ofreciendo una capacidad camaleónica para adaptarse a los registros tan dispares que tienen entre sí María Terremoto, Anabel Valencia y La Tana. De diez. Precisamente una de sus falsetas por seguiriyas con Anabel levantó una de las ovaciones de la noche.

Anabel cerró por bulerías, exhibió de nuevo su talento y compromiso por el cante más tradicional, aunque intercalándolos con preciosos cuplés que en su rajada voz sonaron a gloria.

Voz personal es también la de La Tana, una artista con un marcado compromiso por la corriente camaronera y que vale la pena escucharla en directo. Arrancó por aires de Levante, cantes que maneja bien y que personalmente no me canso de escuchar.

Fue de más a menos en la bulería por soleá, donde sufrió al final, algo que condicionó su cante por alegrías, demasiado bajo, para mi punto de vista.

La Tana y Nono Jero, en su actuación. La Tana y Nono Jero, en su actuación.

La Tana y Nono Jero, en su actuación. / Miguel Ángel Castaño

Pero La Tana es mucha Tana y como el Ave Fénix y enfrentándose al público con valentía, Victoria Santiago sacó lo mejor de sí por bulerías, tirando de un amplio repertorio, claramente camaronero, pero también con retazos caracoleros de gran belleza.

Con una velocidad más, la sevillana se entregó al máximo hasta dejarse la piel sobre el escenario, donde se cantó y se bailó hasta la extenuación, algo que el público supo agradecer.

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