Cultura

La memoria del crimen

Thriller, Alemania, 2010, 110 min. Dirección: Baran bo Odar. Guion: B. bo Odar, Alex Ross, Richard Shakocius. Fotografía: Nikolaus Summerer. Música: Michael Kamm, Kris Steininger. Intérpretes: Ulrich Thomsen, Wotan Wilke Möhring, Katrin Saß, Burghart Klaußner, Sebastian Blomberg, Karoline Eichhorn, Roeland Wiesnekker. Cine: Avenida.

Silencio de hielo traslada al cine la novela de serie negra del mismo título escrita por el alemán Jan Costin Wagner, otra muestra más de la pujanza del género entre la literatura y el cine de consumo europeo de la última década.

Bajo unos esquemas más o menos clásicos de la caza del asesino pedófilo, asunto éste casi tan viejo como el propio cine (de M, el vampiro de Düsseldorf a El silencio de los corderos, pasando por El cebo y sus muchas versiones), la cinta difumina pronto su interés por la mera pesquisa policial tras la pista de dos crímenes similares separados en el tiempo para abrirse al retrato digresivo de los diferentes personajes que los circundan: los padres de las víctimas y su relación marcada por el suceso, los policías y sus problemas personales, en este caso centrados en el atormentado y obsesivo personaje del detective viudo que interpreta un excesivo Sebastian Blomberg, y, finalmente, la de la pareja asesina y su no menos atormentada psicología marcada por la soledad, la homosexualidad reprimida y la culpa.

Baran Bo Odar pone distancia estilística sobre unos materiales dramáticos poco trabajados a golpe de montaje, cámaras lentas y músicas electrónicas que buscan más la creación de un ambiente de fatalidad de diseño que una mínima profundidad en el retrato de sus criaturas. Así, llegado el momento del desenlace, Silenciode hielo no ha dejado la suficiente huella ni ha rasgado apenas bajo su pulcra, moderna y aséptica superficie como para acompañar su retrato de una comunidad aparentemente saneada bajo la que se esconden monstruos de amable sonrisa y saludo diarios.

Si me permiten la recomendación, que extiendo a los distribuidores que puedan leer estas líneas, la reciente trilogía criminal para la televisión alemana Dreileben, dirigida por Petzold, Graf y Hochhäusler, trabaja unos mismos asuntos turbios y unos mismos ambientes con una potencia y una libertad cinematográficas mucho más estimulantes.

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