La némesis y el espejo
El Renacimiento oscuro | Crítica
Taurus publica la esperada biografía de Christopher Marlowe a cargo del profesor de Harvard Stephen Greenblatt, una aproximación alucinante a la Inglaterra isabelina de la mano de uno de sus referentes imprescindibles
El reino de las imágenes
La ficha
El Renacimiento oscuro. La turbulenta vida del gran rival de Shakespeare. Stephen Greenblatt. Traducción de Yolanda Fontal Rueda. Editorial Crítica. Barcelona, 2025. 408 páginas. 22,90 euros
La evidencia de que los testimonios documentales de la vida de William Shakespeare son escasos se justifica por sí sola. En gran medida, esta carencia ha servido de argumento esencial a las tesis antistratfordianas que desde el siglo XVIII niegan la misma existencia del Bardo o bien adjudican la autoría de sus obras a la más variada y amplia terna de candidatos. Lo cierto es que las evidencias de la vida de Shakespeare son escasas, sí; pero son más abundantes que las relacionadas con cualquier otro de los autores isabelinos, de Thomas Kyd a Ben Jonson pasando por Christopher Marlowe. Tal y como argumentaba James Shapiro en su controvertido ensayo Contested Will, Shakespeare fue, además de un autor de enorme éxito, un especulador inmobiliario de primer orden que hasta el final de sus días ejerció la compraventa de viviendas como medio alternativo para obtener ingresos, mediante operaciones debidamente registradas y conservadas en los correspondientes archivos. Tal actividad nos permite hoy ubicar con razonable precisión al autor de El rey Lear durante buena parte de su vida, pero, claro, no produce el mismo morbo negar la existencia de Shakespeare que hacer lo propio con la de Thomas Kyd, por ejemplo.
Ha sido en el siglo XXI, en cualquier caso, cuando la investigación histórica más exhaustiva y rigurosa ha alumbrado la posibilidad de armar la biografía de Shakespeare lejos al fin de la mitología, la fantasía y la justificación personal; así lo demostró el profesor de Harvard Stephen Greenblatt (Boston, 1943) con El espejo de un hombre, la que quizá sea la más completa y fidedigna biografía del Bardo, publicada en España en 2016. Lo que parecía rematadamente difícil era completar una biografía de Christopher Marlowe (Canterbury, 1564 - Deptford, 1593), el hombre que prendió la llama del teatro isabelino y el contemporáneo que más influyó en Shakespeare: sus escasos días en la tierra se han mostrado tradicionalmente empañados bajo una pátina de misterio, aderezada con sus inclinaciones sexuales, sus actividades políticas y su cultivo por la blasfemia. Pero es mucho menos aún lo que sabemos sobre Marlowe, o eso creíamos: ahora, el mismo Greenblatt da cuenta de la biografía del autor de Fausto en El Renacimiento oscuro. La turbulenta vida del gran rival de Shakespeare, que acaba de publicar Taurus con la traducción de Yolanda Fontal.
Recuerda Greenblatt en su libro que, en los años 90, el guionista Marc Norman le visitó en varias ocasiones con tal de recabar ideas para una película basada en la vida de Shakespeare: “Le dije repetidas veces que se olvidara de Shakespeare y escribiera, en su lugar, una película sobre Christopher Marlowe. Norman ignoró mis deseos y no salió nada malparado: formó equipo con Tom Stoppard y escribió el guion de la enormemente exitosa Shakespeare in love”. De cualquier forma, el consejo de Greenblatt no iba descaminado, ni mucho menos: por sus actividades como espía, el asesinato en una posada que acabó con su vida a los 29 años y su calidad de agitador cultural, político y filosófico, la vida de Marlowe reúne mucha más acción que la de Shakespeare, al menos según el criterio hollywoodiense.
Desde esta premisa, el autor brinda un perfil milagrosamente detallado de Marlowe. Así, se vale del testimonio directo de Kyd para subrayar la cualidad más distintiva del dramaturgo, ateísmo aparte: “la subitaneidad. Deslizaba tan de repente sus perversas opiniones que nadie podía detenerlo; su impetuosidad le permitía salir impune y librarse de ser duramente reprendido […]. La vileza de Marlowe debía de estallar y coger por sorpresa a los pobres e inocentes espectadores. Sin embargo, no se trataba únicamente de una estrategia defensiva; en verdad había algo inesperado, imprevisto y repentino en Marlowe”. Al contrario que Shakespeare, Marlowe sí estudió en la universidad, en Cambridge, un periodo especialmente turbulento (la institución se negó a darle la titulación que reclamó tras seis años de residencia dadas sus continuas ausencias: ya para entonces dedicaba Marlowe gran parte de su tiempo a espiar para los conspiradores contra el trono desde Francia) que Greenblatt recrea con gran cantidad de detalles, hasta el punto de situar a Marlowe entre los oyentes de la histórica conferencia que pronunció Giordano Bruno en 1583. No obstante, el principal empeño del biógrafo es justificar y demostrar la grandeza literaria de Marlowe, la visión revolucionaria de la escena marloviana, la admiración expresa de Shakespeare (quien le imitó en sus primeras obras, especialmente en Tito Andrónico, y para quien Marlowe escribió varias partes de Enrique VI) y la certeza de que “si Shakespeare hubiera muerto el mismo año que Marlowe, seguramente ni siquiera habríamos oído hablar de él”.
Más allá de Marlowe, entre las mejores páginas de El Renacimiento oscuro destacan las dedicadas a la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVI, el mundo que habitó el autor de obras esenciales como Dido, reina de Cartago y El judío de Malta: un territorio marcado por su particular Edad de Hielo, atravesado por caminos poblados de salteadores y en el que la muchedumbre “pagaba para ver cómo perros feroces atacaban a un caballo con un mono subido en su lomo”. La pregunta sobre cómo semejante paisaje fue capaz de alumbrar un talento del calibre de Christopher Marlowe es siempre pertinente. También sabemos, no obstante, que Shakespeare terminó derribando a su némesis, a la vez su espejo, en la comedia: la única disciplina en la que la crueldad de Marlowe quedaba disuelta como la arena.
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