"El novelista quiso escribir un libro de cuentos y el cuentista, una novela"

José María Merino. Escritor

La construcción del tiempo y la memoria ante la incertidumbre de la muerte dan forma a 'El libro de las horas contadas', la nueva obra de Merino que se erige como un híbrido entre la novela y el cuento

Tamara García / Cádiz

07 de noviembre 2011 - 07:08

Preciso, concreto. José María Merino nunca dice una palabra de más. Ni una de menos. Como en su última obra, El libro de las horas contadas, parece que el escritor vive con plena conciencia del tiempo, de la memoria. Y de la palabra escrita. Como su protagonista (Pedro), Merino arrastra al lector a un mundo de fronteras difusas donde es imposible perderse si te aferras a su voz. Entre el cuento y la novela, este libro es un agradable escondite en el que engañar a la muerte.

-¿Qué le motivó a lanzarse a este experimento?

-Pues que ya llevo muchos años en este oficio y como llevo dentro dos personajes que son un novelista y un cuentista, el novelista quiso escribir un libro de cuentos, y el cuentista quiso escribir una novela. Yo creo que de esa mezcla de propósitos surgió el libro.

-La impresión al leerlo es que no manda un género sobre otro, ¿no hubo un intento de dominar por parte de alguna de sus dos personalidades?

-Me alegro que piense eso porque yo pretendí, precisamente, ese equilibrio, que quien lo lea, lea un libro de cuentos absolutamente independiente, con microrrelatos y minicuentos pero que continuamente esté flotando la sensación, en la atmósfera y en el tiempo, de que está leyendo una novela.

-¿Fue complicado llegar a ese punto de equilibro?

-Pues sí fue un poco complicado pero tuve una suerte, tenía un cuento un poco perdido, que era El meteorito, un cuento que no casaba con otros cuentos para un libro que estaba preparando y que se ha quedado ahí porque no lo he ordenado. A partir de mi reflexión sobre El meteorito empecé a proyectar esa especie de libros de cuentos-novela, en fin, es especie de combinación complicada. Y, la verdad que sí, le di bastantes vueltas... Los cuentos, a su vez, iban generando otros cuentos, los personajes iban queriendo intervenir... Fue trabajoso pero muy interesante.

-Pedro, Mónica y Fran son realmente los que le dan la estructura de novela, ¿no es así?

-Sí, al principio parece que Pedro iba a ser el protagonista único, pero luego estuve viendo las distintas vertientes y había partes que me apetecía más proyectarlas sobre Mónica o sobre Fran, sobre la memoria de ellos, porque es un libro que juega mucho con el tiempo y con la memoria.

-Para descubrir el lado mágico de la vida, ¿es necesario un personaje como Pedro, al umbral y con la incertidumbre de la muerte?

-Estos días, precisamente hablando con ustedes, con los periodistas, he recordado que mi primera novela, Novela de Andrés Choz, trataba de un hombre también condenado a muerte por un diagnóstico terrible y que aquel hombre, para enfrentarse con sus últimos días, escribe una novela. Yo no me acordaba de que este tema ya lo había tratado. Así que pienso que, bueno, es una manera de construir el tiempo, que simplemente es una manera de darle forma a ese tiempo de espera y por lo visto debe ser algo que está dentro de mi conciencia o de mi intuición porque ha vuelto a salir.

-Me llama la atención la luz que se cruza en el camino de Pedro y que le susurra o le ilumina las historias. ¿Es la renombrada musa?

-Pudiera serlo porque en realidad Pedro, para luchar contra su desaliento, pues encuentra el camino de construir un tiempo con relatos, un tiempo sólido o palpable. Pudiera ser... Aunque yo la coloqué pensando que pertenece más a su mundo de obsesiones y de intuiciones de Pedro pero me ha gustado que usted la vea de ese modo.

-Dice Pedro que escribir es una manera de ensanchar la vida, ¿cree firmemente eso o que sólo es un intento vano de eternidad?

-Yo creo que los seres humanos, sino hubiésemos tenido la literatura, que la hemos tenido desde que existimos, es decir, la ficción la imaginación de historias, la sustancia de lo que somos, sino hubiéramos tenido eso, hubiésemos sido muy distintos, seríamos más parecidos a nuestros hermanos animales. Esa capacidad ha construido el mundo en que vivimos. Yo creo que vivimos en un mundo basado en la imaginación, donde las ficciones tienen una parte importante.

-¿Qué le ocurre con las arañas? Son muy recurrentes en 'El libro de las horas contadas'.

-A mí las arañas me horrorizan pero al mismo tiempo las admiro, creo que son capaces de hacer cosas prodigiosas. Las arañas en los jardines me fascinan, la complejidad y el territorio de caza que organizan. Y, en cierto modo, como el libro transcurre en un verano en el campo, los insectos, las aves, los bichos, están pululando por ahí. Y la historia de la tela de araña me gustaba porque cuando escribimos el autor lo que hace es tejer una tela. El escritor es una especie de arácnido que está tejiendo una tela para que vayan cayendo ahí las ideas para que las pueda estructurar y nutrirse de ellas.

-¿Qué le ocurre al escritor cuando se parte esa tela de araña?

-Si es escritor tiene que empezar a tejer otra vez. Lo importante en este oficio es saber que es un oficio esforzado, que hay que trabajar mucho y que no hay que desanimarse. Mire, yo tengo algunas novelas a las que llamo podridas, que nunca salieron hacia delante, y muchos cuentos fracasados que yo no les vi cuajar. Y eso no supone que uno deba tirar la toalla. Hay que seguir.

-Para la mayoría de nosotros, nuestro primer contacto con la literatura es con el cuento, a través de la narración oral, ¿no es una contradicción que seamos más lectores de novela que de cuento?

-Pues sí pero creo que tiene mucha culpa el sistema educativo. Cuando voy a colegios siempre digo que se debería de utilizar el cuento literario para la introducción a la literatura, porque en un cuento que puedes leer incluso en voz alta a los alumnos, representas un texto, puedes hablar de él y darles a los alumnos el panorama estilístico de la época. No sé por qué el cuento no es la base de la formación literaria.

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