Cultura

Los cinco pedestales de la barbarie

  • El historiador Juan Luis Sánchez Villanueva ofreció en el salón de la Once, una conferencia sobre los monumentos escultóricos de la ciudad que, de una forma u otra, han desaparecido de las calles

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Parece que siempre han estado ahí pero antes que ellos, se lucieron otros. Son los monumentos de una ciudad, una parte destacada de la Historia, aunque para algunos pasen desapercibidos. Tanto es así, que muchos de ellos desaparecen o se cambian de sitio sin que nadie se percate. Es algo así como un visto y no visto. "Uno siempre piensa en lo que hay y que se puede estropear, pero no en lo que desapareció porque se estropeó", apunta el historiador jerezano Juan Luis Sánchez Villanueva, que habló de monumentos escultóricos desaparecidos en una conferencia organizada por el Ateneo de Jerez. "Existieron -añade- y dejaron de estar en la calle, desaparecieron completamente en esta batalla del arte, y otros sí se sabe dónde están. Se podrían restaurar y recuperar".

Es conocido por muchos jerezanos el monumento al agua, llamado 'Moisés', porque se podía atravesar mientras el agua caía a ambos lados, obra del escultor Francisco Pinto Berraquero, que se ubicó en el parque González Hontoria y al cabo de un año fue desmontado. Lo que ha quedado, los caballos en bronce, está en el Alcázar. Un hecho que ni la propia familia del autor, fallecido en 2004, se explica.

El historiador añade más ejemplos, como las esculturas de las 'Cuatro Estaciones' que un día se mostraron en la alameda Cristina, desde 1800 hasta casi finales del XIX, según testimonios de un grabado y del Archivo Municipal. "De allí se trasladaron a la Rosaleda, junto al estanque, en la que ya tan sólo quedan los cuatro pedestales. Los restos están en Vías y Obras, donde descansan lejos del vandalismo", comenta Sánchez Villanueva.

Pero quizás uno de los monumentos que duró menos en la calle fue el dedicado a José María Pemán, que se instaló también en la Rosaleda, a mediados de los 70. Ahora el busto reposa tranquilo en el Alcázar. Lo que queda ahora en el parque es un quinto pedestal vacío.

Curioso es también el caso de Alfonso X El Sabio. Un monumento que estaba ubicado en la Porvera, esquina con Chancillería, retirado también por maltrato del ciudadano, que se encontraba en un principio junto a los Claustros de Santo Domingo, en cuya puerta además se puede leer la fecha de ubicación, en 1741. También convive ahora con el resto de esculturas en el Alcázar.

"La mayoría de estos casos son por vandalismo, pero dos de ellos, como el 'Moisés' (que no estaba en el espacio ideal), y el primer monumento a La Salle, son desmontados por caprichos del exalcalde Pedro Pacheco. Éste último, San Juan Bautista de La Salle, está en un colegio de Antequera, "por anticuado", que además no lo hizo Manuel Domecq, sino Ramón Chaveli. El actual es de Nuria Guerra".

También es "muy desconocido" el primer monumento al aviador Durán González, "ni nadie sabe dónde está. Con 16 metros de altura y 72 toneladas de peso, estaba ubicado en plena plaza de Las Angustias. Una escultura que no contentaba al pueblo. La piedra se retiró y el bronce se fundió para reconvertirse en la actual, en el mismo emplazamiento".

Una charla con la que el historiador quiere reivindicar "que se cuide más el patrimonio, porque está desapareciendo. Una labor que no es sólo del Ayuntamiento, sino de todos los ciudadanos. No sólo vivimos en nuestras en casas, sino también en la calle. La ciudad es nuestra. Es de todos".

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