Diario de las Artes

El poder convincente de la pintura

A la buena programación del malagueño Centro Cívico llega el pintor Néstor Plada, un artista nacido en Uruguay, con estancia profesional en Estados Unidos y afincado, últimamente, en la Costa del Sol. Su buen patrimonio artístico se constata suficientemente en esta exposición que nos conduce por una plástica contundente donde los esquemas de la realidad quedan desvirtuados en un entramado material lleno de expresionismo e intensidad pictórica.

La pintura moderna permite los más inesperados desarrollos, sus circunstancias plásticas patrocinan desenlaces expresivos que marcan rutas infinitas por donde circula una realidad abierta sujeta a cada una de las situaciones que la hacen posible. Por eso en la pintura de este artista, lo material ejerce una máxima potestad, pero permitiendo a su vez, mínimos efectos representativos con acentuadas posiciones expresivas.

Néstor Plada transmite su bien provisto bagaje plástico en la manifestación de un paisaje muy esencial y básico pero que reúne contundentes registros expresivos. Desde una gran contención representativa, con un dominio absoluto de los materiales conformantes y una capacidad absoluta para estructurar los distintos elementos, el artista uruguayo nos posiciona en un paisaje que, a fuerza de cercanía, plantea nuevos registros donde se adivinan muchos elementos presentidos. Estamos ante una pintura muy bien conformada, con las formas plásticas acertadamente yuxtapuestas y acondicionadas para que consigan efectos inesperados.

Néstor Plada domina ampliamente el collage, la mancha apasionada, el gesto material que promueve desarrollos ilustrativos marcados por un expresionismo que parte desde un mínimo registro compositivo y alcanza una realidad sutilmente interpretada y justamente manipulada.

El Centro Cívico de Málaga vuelve a situarnos en los medios de una programación acertada donde tienen cabida los más amplios registros de una producción artística contemporánea que exige muchas y variadas posiciones estéticas. Néstor Plada, con una pintura poderosa, nos conduce por un estamento plástico lleno de intensidad creativa y acertada formulación pictórica.

LA obra de Ricardo Galán Urréjola es suficientemente conocida en los ambientes artísticos de la provincia. Sus excelencias, sus afortunadas estructuras compositivas, sus paisajes urbanos donde se mezcla la realidad con un componente ficticio, la han hecho muy cercana y tremendamente valorada en todos los sectores. Su aceptación es unánime. Tanto es así que nadie pone objeción a ella. Sus comparecencias periódicas en su galería de toda la vida son recibidas con entusiasmo y reconocimiento. Por eso una muestra de este artista es siempre un espectáculo para los sentidos, una lección de buen hacer pictórico y la constatación absoluta de que nos encontramos ante una pintura que interesa a todos por igual.

La exposición que Fali Benot vuelve a plantear nos posiciona de nuevo en esos paisajes presentidos en los que existen yuxtaposiciones de elementos que comparten una envolvente atmósfera, que diluyen los contornos y acentúan los efectos expresivos de la realidad representada. Y es que Urréjola pinta la ciudad, sus elementos y sus circunstancias; sin embargo deja a un lado el componente humano, que se presiente como protagonista mediato pero sin manifestar sus ilustrativos encuadres, sus organigramas representativos. Al artista le interesa más acentuar los contornos escenográficos de una sociedad que él no delimita, sino que la hace igualatoria y única. Se trata de una ciudad anónima, cercana pero irreconocible; teatro de inquietudes de una humanidad también anónima e indiferente a su patrimonio escenográfico.

El paisaje de Ricardo Galán Urréjola nos conduce por una realidad representada desde sus máximos expresionistas; interesa el gesto contundente antes que la sutileza virtuosista, la marginal pincelada que extrema las fronteras de la figuración y magnifica el sentido representativo en detrimento de una línea grácil que desposee de espontaneidad el ejercicio narrativo de la propia realidad.

Cuando el espectador se planta ante una de obra de este artista se muestra convencido, se sabe ante un artista poderoso, conocedor de los entresijos de un arte que no siempre encuentra buenos hacedores, contempla una pintura muy bien estructurada de principio a fin, realiza con vehemencia formal pero transmisora de una inmediatez que no deja indiferente.

Ricardo Galán Urréjola nos vuelve a inundar de poderío compositivo, de sobrio manejo pictórico y de acertado carácter artístico. Una vez más su pintura convence y deja asentado que su lugar jamás va a perder vigencia.

Fali Benot asume la responsabilidad de volver a exponer a uno de sus mejores, un artista que mantiene expectante los mejores de la gran pintura de siempre.

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