LII Fiesta de la Bulería Un príncipe entre princesas

  • Farruquito asume el protagonismo de la primera cita de la Fiesta de la Bulería con diez minutos de baile apoteósico

Farruquito baila a todo el elenco femenino del espectáculo Farruquito baila a todo el elenco femenino del espectáculo

Farruquito baila a todo el elenco femenino del espectáculo / M.G.

Olé los príncipes”, se oyó de pronto entre el público. Eran las doce y media pasadas, y apareció en escena Juan Manuel Fernández ‘Farruquito’. Pantalón negro y chaqueta negra con lunares blancos. No se puede vestir más flamenco. Su sola aparición pareció encender al público (hasta ahora, sobre todo en la segunda parte, algo distraído), y los móviles salieron a la superficie de manera colectiva.

A ritmo de alegrías, el heredero de los Farruco acaparó de repente el foco. Reposó su baile, lo templó, mostrando su pose y un aire varonil en medio de un elenco cantaor compuesto por nueve voces femeninas y que sacaron la mejor versión de Juan. Fue como un fogonazo de energía.

Se gustó por alegrías, incitado por el cante de María Terremoto, pero fue por bulerías cuando situó a sus pies al público de la Alameda Vieja, esta vez bajo el halo cantaor de una extraordinaria Anabel Valencia, que impregnó el ambiente del aroma de su Lebrija natal, María Terremoto, Carmen Grilo y Encarnita Anillo, una artista capaz de extraerle el máximo jugo cuando abre la boca. Juan hizo lo más difícil, bailar el cante, todo con un derroche de facultades y talento que está fuera de toda duda. He visto muchas veces a Farruquito bailar, pero lo de esta vez fue distinto.

María Terremoto y el resto de mujeres del elenco. María Terremoto y el resto de mujeres del elenco.

María Terremoto y el resto de mujeres del elenco. / Vanesa Lobo

De golpe y porrazo habíamos olvidado todo lo sucedido en la hora y media anterior. Casi como un eclipse. Cosas de genios, que quiso así rubricar por todo lo alto su primera aparición en 52 años de Fiesta de la Bulería.

Pero este ‘Reevolución, ellas dan el cante’ tuvo un recorrido previo con la mujer como protagonista. Su entrada en escena fue impactante. Nueve voces femeninas rindiento pleitesía a damas del cante, desde La Repompa (Fania Zarzana), a María Bala (Dolores de Periquín) pasando por La Perla de Cádiz (May Fernández), La Niña de los Peines (Manuela Parrilla y CarmenGrilo), La Perrata (Anabel Valencia), Adela La Chaqueta (Encarna Anillo), María Soleá (Rosario Heredia) o a La Paquera (María Terremoto).

Hugo Pérez, encargado de la dirección escénica y producción, aportó al montaje un ritmo dinámico, enlazando las apariciones con bastante celeridad y aprovechando bien el espacio escénico. Todo estructurado en dos partes.

May Fernández, con Nono Jero y Juan Diego Valencia. May Fernández, con Nono Jero y Juan Diego Valencia.

May Fernández, con Nono Jero y Juan Diego Valencia. / Vanesa Lobo

Tras un paso inicial colectivo, fue May Fernández quien levantó el telón de los solistas, acompañada por Nono Jero. La gaditana, que tiene un color de voz brillante, supo llevar a la malagueña de La Trini a su terreno, para rematarlo por abandolaos con mucha fuerza y convicción.

Sin dar tiempo a asimilarlo, Carmen Grilo volvió a demostrar que es una de las voces más poderosas del cante femenino jerezano. Eligió bambera, escoltada por Fernando Carrasco, excelente en el acompañamiento, derrochando seguridad y buen oído. Sabe cuáles son sus virtudes y las explotó al máximo.

De una voz explosiva a una afillá y cuajá, la de Rosario Heredia, cuyo metal te transporta a una época anterior. La jerezana mejora y poco a poco denota una mayor sapiencia sobre el escenario, ahora bien, los tientos-tangos elegidos para aparecer en escena (teniendo en cuenta que sólo lo haría en solitario una vez) no son el cante más idóneo para ella. Nada se le puede reprochar en la interpretación pues tanto en los tientos como en los tangos estuvo correcta.

El individualismo se rompió con los fandangos de Huelva coincidiendo en el escenario María Terremoto, Encarna Anillo, May Fernández y Carmen Grilo. Cuatro personalidades para cuatro estilos de fandangos. María Terremoto se paseó por Santa Bárbara, Encarna Anillo se acercó a Makandé, May Fernández visitó el Alosno, y Carmen Grilo hizo un guiño a Paco Toronjo, todo condimentado con coros en perfecta armonía de voces y con letras, firmadas por Luis de Periquín, especialmente hechas para la ocasión.

De Huelva, al cante por serranas de María Terremoto, siempre con un molesto viento de Levante que a ráfagas incordiaba a los artistas. La joven cantaora lo había compuesto para la ocasión, y demostró una vez más su poderío, sacando fuerza de lo más profundo de su alma. Ahora bien, aceleró el toque de la guitarra, un detalle que hizo perder el verdadero sabor de la serrana.

Carmen Grilo, acompañada por Fernando Carrasco. Carmen Grilo, acompañada por Fernando Carrasco.

Carmen Grilo, acompañada por Fernando Carrasco. / Vanesa Lobo

De pronto apareció el baile. “Viva mi tierra, señores”, apuntó María Terremoto en el único momento de diálogo con el público (se echó de menos un 'buenas noches' o alguna palabrita más por parte de los artistas). Fue ella quien inició las letras por bulería por soleá antes que el ciclón Saray García tomara el escenario. De rojo con lunares negros, la bailaora jerezana exhibió empaque y recursos, pero a veces esa fuerza que da la juventud, le impidió asentar más su baile, porque condiciones tiene. No obstante, su temperamento se hizo notar y el público la despidió con aplausos, justo antes del descanso.

Reapareció el elenco arrollando, esta vez con Fania Zarzana, Dolores de Periquín, Rosario Heredia, Anabel Valencia y Manuela Parrilla. En un recuerdo a La Malena, aquella bailaora jerezana de finales del siglo XIX, sonaron bulerías, donde Rosario ofreció gitanería, Fania, delicadeza, Manuel Parrilla una voz afinada y coplera, mientras Anabel Valencia aportó el toque rancio para que María Terremoto bailara, y muy bien, por bulerías. Todo con las palmas de Manuel Cantarote, Manuel Valencia, Juan Diego Valencia, y la percusión de Ané Carrasco. 

Sonaron entonces tangos de Triana, con Dolores de Periquín, Fania Zarzana y Manuela Parrilla siguiendo las coordinadas guitarras de Nono Jero yFernando Carrasco, excepcionales en todo, aunque el protagonismo lo asumió la jovencita Triana Jero. Descalza, y moviéndose con desparpajo por el escenario, la discípula de Ana María López tiene madera y a veces recuerda, cuando se recoge el vestío, a su madre, Manuela Núñez, cuando la veíamos con Antonio El Pipa. Remató por bulerías con mucho arte mientras sonaban letras de El Torta.

De nuevo por fiesta, aunque ahora con otro sello, el de La Tana. La cantaora sevillana imprime un aire característico y personal a sus cantes, sin llegar a convencer, pese a que se esforzó al máximo pues estuvo casi quince minutos cantando. Demasiado.

Con mantón blanco y traje violeta compareció Anabel Valencia. Su quejío por seguiriyas fue de lo mejor de la noche, aunque no fue fácil batallar contra el viento y un público poco respetuoso. Nono Jero levantó los aplausos con sus falsetas, y Anabel, templando el cante con elegancia, se encargó del resto, haciendo los estilos de El Marruro y rematando con vehemencia el macho que algunos atribuyen a Tío Juanichi El Manijero, ‘Comparito Cuco’.

Estaba claro que lo mejor era para el final. Sí, porque tampoco faltó a la cita Encarna Anillo. Eligió soleá de Cádiz, acompañada por Fernando Carrasco. Con la cejilla al ocho, la cantaora dio una lección de cómo interpretar los cantes de su tierra, pausando cada tercio y dotándolos de dulzura y jondura, con lo difícil que es. Fue el prólogo a lo que ya saben, la aparición estelar de Farruquito.

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